La historia de la moda estadounidense está marcada por figuras cuyo estilo fue tan distintivo que terminó convirtiéndose en un auténtico arquetipo. Basta pensar en Diana Vreeland, cuya elegante excentricidad definió la imagen que hoy asociamos con una gran autoridad del mundo de la moda. O en Carolyn Bessette-Kennedy, cuyo minimalismo refinado se transformó en el modelo a seguir para generaciones de mujeres urbanas y ambiciosas.
Te puede interesar: ¿Qué tomar hoy para envejecer mejor mañana?
Es imposible saber quiénes, dentro del panorama actual, terminarán ocupando un lugar permanente en los tableros de inspiración del futuro; ese tipo de legado que se construye con el tiempo. Sin embargo, la escena contemporánea está llena de personajes con una identidad estética muy marcada: personas que se visten con una enorme dosis de personalidad, intención y criterio. Cada uno de sus looks funciona como un capítulo dentro de una declaración de principios sobre el lugar que ocupan en el mundo y el mensaje que desean transmitir a través de la ropa.
Para nuestro especial American Style, fotografiamos a algunos de nuestros arquetipos de moda favoritos del momento con las prendas que mejor representan su identidad. Pero la belleza de este enfoque democrático —con “d” minúscula— del estilo estadounidense es que la inspiración está en todas partes. Solo basta mirar a tu alrededor: hay arquetipos de moda en la oficina, durante el trayecto al trabajo o en la cafetería de la esquina. No necesariamente son influencers, pero quizá son algo aún más interesante: personas cuya manera de vestir ha dado forma a un lenguaje visual completamente propio.
Lisa Eisner ha vivido muchas vidas, y cada una ha moldeado su inconfundible sentido del estilo. Nacida en Wyoming y actualmente radicada en Los Ángeles, la diseñadora de joyas comenzó su carrera en revistas de moda de Nueva York, antes de dedicarse a la fotografía y cofundar Greybull Press, una editorial especializada en libros de arte. (Su publicación Rodeo Girl influyó de manera célebre en la estética que Madonna adoptó para su álbum Music, lanzado en el año 2000).
La inclinación de Eisner por la joyería nace de su pasión por coleccionar. Sus creaciones se distinguen por ser piezas grandes, audaces y únicas, fundidas en bronce e incorporando piedras poco convencionales que evocan la atmósfera de un estudio artístico de los años setenta.
Su forma de vestir refleja esa misma mezcla de influencias: combina el espíritu del oeste estadounidense, el glamour exuberante, referencias a distintas décadas de la moda y una profunda admiración por la artesanía, aunque siempre mantiene un aire relajado y natural. Para Eisner, el estilo estadounidense también tiene múltiples facetas.
“Es diferente según el lugar donde vivas”, afirma.
“Pero somos quienes realmente hemos consolidado la importancia del estilo de vida: casual, cómodo, sin complicaciones ni diseños excesivos; limpio, sencillo, funcional y fácil de llevar”. — Camille Freestone, editora digital senior de moda
J.Crew siempre ha alcanzado su mejor versión cuando ha estado liderada por una mujer capaz de ser, al mismo tiempo, directora y musa de su visión del preppy estadounidense accesible.
En los años 80, ese papel lo asumió Emily Cinader, hija del fundador, quien llevó a la marca una estética universitaria fresca y unos estándares de calidad inquebrantables. En los 2000, fue Jenna Lyons quien enseñó a toda una generación de mujeres el poder de combinar elementos inesperados, como tacones rosas con pantalones de camuflaje.
Durante los cinco años desde que fue contratada como diseñadora de womenswear, Olympia Gayot ha impulsado la tercera etapa de evolución de la marca con su enfoque colorido hacia las prendas preppy modernas, una extensión natural de su propio estilo personal.
En su Instagram, documenta sus looks diarios a través de selfies que reflejan su impecable gusto. Tiene esa rara capacidad de verse al mismo tiempo espontánea y profundamente aspiracional: quieres comprar todo lo que hay en su armario, pero, sobre todo, quieres aprender cómo logra que prendas tan simples se vean tan extraordinarias.
“Lo que hace interesante al estilo estadounidense es que se resiste a las categorías”, comenta.
“Puedes sentirte atraída por el sportswear clásico estadounidense y, al mismo tiempo, emocionarte con algo nuevo. Puedes valorar la tradición mientras abrazas la experimentación. Esas aparentes contradicciones son las que mantienen vivo al estilo estadounidense.
Si alguna vez has estado en la misma habitación que Linda Fargo, sabes que tiene ese tipo de presencia que hace pensar: “Esa persona debe ser alguien importante” incluso antes de reconocer quién es. Y no se trata únicamente de su icónico cabello plateado; hay algo en la manera en que se viste que transmite poder y elegancia.
Como vicepresidenta senior de moda femenina y directora de presentación de tiendas de Bergdorf Goodman, Fargo celebra su aniversario 30 en la tienda, lo que significa que, en la práctica, ha enseñado a generaciones de neoyorquinos a entender el lenguaje visual del comercio de lujo.
En su propia imagen, es reconocida por su capacidad de selección y criterio: si ella lleva algo puesto, probablemente es porque es perfecto.
“Creo en hacer un esfuerzo, y en que vestirse siempre debería ser una alegría. Nunca he pensado que mi estilo sea único o limitado. Al igual que mi gusto por el diseño, la arquitectura, la comida o la música, tiene muchas facetas. Me visto según el lugar y el momento. Algunos días eso significa abrazar el dramatismo absoluto; otros, estoy completamente feliz de pasar desapercibida entre la multitud. La alegría está en tener la libertad de ser ambas cosas, y todo lo que existe entre ellas”, explica Fargo.
Janicza Bravo es guionista, directora y productora, conocida por crear películas que combinan el humor absurdo con el drama, como Lemon, sobre la incómoda crisis existencial de un hombre tras una ruptura amorosa, o Zola, basada en la historia real de una stripper que documentó su caótico viaje por carretera a través de un hilo viral en Twitter.
Pero más allá de su trabajo en pantalla, Bravo también entiende cómo la ropa puede construir narrativas sobre quiénes somos, a qué nos dedicamos y qué queremos comunicar al mundo.
Su estilo —sombreros llamativos, trajes protagonistas, chaquetas de sastrería, jeans perfectamente combinados y toques de color— refleja su ingenio excéntrico y su encanto ecléctico.
Contenido relacionado: La actitud detrás del sello estético y gastronómico de Irene González
Bravo es una persona que asume riesgos: una autora estadounidense con una mirada única para encontrar personajes poco convencionales y para descubrir la moda que los convierte —a ella incluida— en inesperados referentes de estilo.
En 2010, con apenas 21 años, Leandra Medine Cohen fundó el blog de estilo de vida Man Repeller, que con el tiempo se convertiría en una plataforma completa de medios dedicada a la moda y el lifestyle.
A través de sus característicos textos, en los que exploraba los matices de la moda y el estilo personal, Medine Cohen capturó una idea muy propia de aquella época: la manera en que las mujeres obsesionadas con la ropa querían vestirse. Reivindicó el concepto de estilo individual con siluetas inesperadas, adornos llamativos y estampados en contraste que no buscaban ajustarse a la mirada masculina.
Una década y media después, es esposa y madre, pero continúa siendo una rebelde de la moda. Sigue desafiando los límites del vestir convencional: usa demasiados cinturones, reemplaza los pantalones por hot pants y lleva trajes de baño como tops, mientras reflexiona sobre esas decisiones en su Substack, The Cereal Aisle.
Para ella, el estilo estadounidense es “una fotografía de un momento: un reflejo de dónde estamos como cultura; y muchas veces también de aquello que anhelamos, hacia dónde nos dirigimos”. Admira la manera en que la moda actual mezcla códigos clásicos con elementos inesperados.
Jalil Johnson puede ser un hijo de internet, pero en lugar de dejarse arrastrar por las tendencias de TikTok, utiliza la tecnología actual para estudiar el pasado de la moda.
A través de su cuenta de Instagram y su Substack, Consider Yourself Cultured, contextualiza las tendencias contemporáneas al explorar sus referencias históricas y viceversa, recuperando descubrimientos de décadas anteriores para inspirar su propia manera de vestir en el presente.
Sin embargo, todo está visto desde una perspectiva profundamente personal. Su estilo propio es una interpretación ingeniosa y queer del preppy estadounidense, donde un mismo look puede combinar un polo, pantalones cargo cortos, zapatos slingback de tacón bajo y perlas.
Esta mezcla de códigos es algo sobre lo que reflexiona con frecuencia: “Muchas de las cosas que consideramos esencialmente estadounidenses —el Oeste, el estilo Ivy, los jeans azules— son productos de influencias culturales provenientes de otros lugares. Quizás el hecho de que el estilo estadounidense no pueda encerrarse en una caja metafórica habla de la manera en que el país absorbe influencias y luego las reinterpreta para convertirlas en algo completamente nuevo.
Emilia Petrarca es una documentalista de la moda. No solo le interesa cómo se viste la gente, sino también por qué lo hace. En su popular Substack, Shop Rat, responde a esas preguntas a través de reportajes llenos de ingenio sobre algunas de las personas con mejor estilo, crónicas sartoriales desde el metro de Nueva York y reflexiones sobre lo que ocurre cuando la pasarela se encuentra con la vida cotidiana.
Para Petrarca, los grandes momentos de moda no suceden únicamente durante la Fashion Week; cree que incluso las situaciones más comunes pueden convertirse en auténticos instantes de estilo.
Tampoco da por sentado su propio estilo. Admiradora de Miuccia Prada y de diseñadoras estadounidenses contemporáneas como Colleen Allen y Emily Dawn Long, su manera de vestir refleja ese choque cultural que define al país.
Lauren Halsey convierte sus instalaciones inmersivas, esculturas y obras en técnica mixta en un homenaje a su infancia en South Central Los Ángeles, explorando la riqueza y las contradicciones que conviven en su comunidad y en su ciudad natal.
Su manera de vestir es una extensión natural de esa misma filosofía. Cada una de sus expresiones comparte un compromiso con el exceso, una representación caótica de lo que ella misma ha definido en repetidas ocasiones como “too-muchness”: esa fascinación por lo abundante y lo desbordante.
Lee más: Las mujeres que están cambiando el fútbol
Su estilo logra ser punk y sincero al mismo tiempo, con cada gorra de béisbol estampada con las letras “LA”, cada camiseta con efecto de pintura en aerosol y cada par de shorts cargo desgastados cuidadosamente elegidos. Su identidad resulta inconfundible.
Halsey define su estilo como “enérgico, cambiante, siempre con un guiño al funk, siempre con un elemento personalizado, siempre con una referencia a South Central y con muchas capas, muy similar a la forma en que abordo mi práctica artística”.
Liz Goldwyn lleva décadas coleccionando moda vintage. Artista, cineasta y autora del popular Substack Starf*cker, ha reunido uno de los archivos de moda más completos e impresionantes de Estados Unidos, con piezas que abarcan desde la década de 1920 hasta la actualidad e incluyen creaciones de diseñadores como Yves Saint Laurent, Sorelle Fontana y Susan Cianciolo.
Nacida en Los Ángeles dentro de una familia ligada a la realeza de Hollywood, Goldwyn se mudó hace años a Hawái, aunque continúa recorriendo tiendas vintage, establecimientos de segunda mano y plataformas de reventa en busca de auténticos tesoros de la moda del pasado.
Entre sus piezas más valiosas destacan diseños poco comunes de creadores estadounidenses como Claire McCardell y Patrick Kelly. Sin embargo, confiesa que aún sigue buscando “un minivestido deportivo de lentejuelas de Geoffrey Beene y un vestido de gala con corsé de Charles James”.
Según Goldwyn, muchas personas consideran que los estadounidenses, especialmente en su ciudad natal, “son perezosos y solo usan ropa deportiva”, una percepción que, admite, no está del todo equivocada.
Si vives en Nueva York y has conseguido una mesa en lugares tan codiciados como The Polo Bar o Frenchette, es muy probable que hayas conocido a Gabrielle Buffong. Y también es muy probable que la recuerdes por un estampado llamativo o un look lleno de color.
Buffong ha sido la elegante y creativa maître d’ de ambos restaurantes y actualmente es la anfitriona de Wild Cherry, parte del grupo de restaurantes Frenchette, propiedad de Riad Nasr y Lee Hanson.
Además, desarrolla una carrera en el mundo del arte contemporáneo, donde combina su labor de crear comunidad —porque su trabajo va mucho más allá de asignar mesas— con la de conectar galeristas, coleccionistas y marchantes. En ambos universos reúne personas detrás de las puertas más exclusivas, siempre con un estilo completamente personal.
Ellen Koenigsberg representa una especie cada vez más escasa entre los vendedores de moda second hand, tanto en Nueva York como en el resto del mundo: aquellos que prefieren piezas excepcionales —como unos jeans de tiro alto perfectamente desgastados o un Saint Laurent de los años setenta— a las tendencias Y2K que dominan TikTok. De hecho, Koenigsberg es famosa por algo poco habitual hoy en día: no tiene página web.
Desde 2002, vende moda femenina en Ellen, su tienda ubicada en Ludlow Street, un espacio que se ha convertido en referencia para los neoyorquinos de siempre gracias a su cuidada selección y a su actitud directa y sin artificios.
Uno de esos clientes es Marc Jacobs, quien recientemente la mencionó como una de las inspiraciones de su colección otoño 2026. “He mantenido una relación con Marc desde que abrí mi pequeña tienda, y es una persona muy importante para mí”, contó a BAZAAR a comienzos de este año.
Sus más de 25 años como comerciante en el centro de Manhattan la convierten en una observadora privilegiada del estilo estadounidense, especialmente mientras la ciudad continúa transformándose.
Maryam Nassir Zadeh es la inspiración detrás de mil mujeres que han adoptado su característica estética: imperfecta, espontánea y, al mismo tiempo, impecablemente equilibrada.
Su estilo nace de sus viajes —no es raro verla en Instagram recorriendo mercados en Marruecos en busca de objetos curiosos, descansando en playas italianas o caminando por senderos pintorescos de Londres—, pero todo termina sintiéndose profundamente estadounidense y, sobre todo, completamente propio.
Sin embargo, su influencia va mucho más allá de su manera de vestir. La tienda homónima de la diseñadora iraní-estadounidense, hoy cerrada, fue un punto de encuentro fundamental para una nueva generación de creadores estadounidenses como Telfar, August Barron y Eckhaus Latta.
De hecho, el espacio funcionaba tanto como una tienda como un auténtico tercer lugar de reunión: allí se celebraban cumpleaños, desfiles, lanzamientos de marcas y encuentros de la comunidad creativa.
Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos. (I)