Hay obras que revelan el camino recorrido de un artista. En el caso de Ana Fernández, “La procesión” tiene un lugar especial. Realizada en 2006 como parte de su investigación de maestría, la pieza es una instalación de aproximadamente 10 por 4 metros. Por casi dos años, esta quiteña trabajó en una composición que hace de la procesión religiosa una exploración del cuerpo y la psique.
La pintura, explica, es un viaje introspectivo, poblado por personajes y referencias a la sexualidad. Además, es un guiño a las peregrinaciones latinoamericanas. El blanco y negro, el calado y el nivel de detalle reflejan como ella realiza su arte.
Otra obra en su trayectoria es “Valientes hombres de mi patria”, expuesta en Quito en 1997, su primera presentación individual en la ciudad. Más de dos décadas después, aquella investigación encontró una nueva lectura en “Valientes mujeres de mi patria”, una exposición de arte y feminismo exhibida en 2021. La artista es también autora del retrato histórico de Matilde Hidalgo de Procel, una pieza comisionada por el Ministerio de Cultura que recupera la figura de la primera mujer que ejerció el derecho al voto en el país. El mismo fue entregado a la Organización de Estados Americanos (OEA).
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Fernández explica que en la pintura incorporó flores locales. Las mismas cumplen un papel que va más allá de lo decorativo; son una manera de representar la fuerza creadora de la naturaleza y, al mismo tiempo, están ahí para establecer un diálogo con el personaje. Es decir, asegura que son una muestra de la capacidad de crear y transformar.
En esa misma línea se encuentra “Chimborazo en el Guayas y lechugines de la ría”, creación que obtuvo el segundo premio del Salón de Guayaquil en 2023. Su inspiración fue una fotografía en donde se veía al volcán desde el río Guayas. La imagen fue, para ella, muy poderosa. “No sabía que se podía ver desde Guayaquil al Chimborazo”.
En la obra, el paisaje aparece sin presencia humana. El río, la vegetación y el volcán ocupan una escena única. Esto dio paso a nuevas versiones, entre ellas un mural llevado a la Bienal de Cuenca en 2025 y posteriormente en el Museo de la Ciudad.
Su recorrido se desarrolló fuera de Ecuador. Su formación comenzó en la Facultad de Artes de la Universidad Central en Quito y siguió en Italia, donde consiguió una beca en el Instituto Ítalo-Latinoamericano. Más adelante obtuvo una licenciatura en el San Francisco Art Institute y una maestría en el California College of the Arts, ambos en Estados Unidos. Esta ciudad ocupa un capítulo particular en su historia. Allí vivió alrededor de una década y, según sus propias palabras, fue donde “me hice artista”. Llegó con poco más de 20 años y encontró una escena artística que se movía por la conciencia política y el sentido comunitario.
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Se estableció en el barrio de La Mission, una zona vinculada a la comunidad latina y chicana. Sus vivencias aparecieron en obras que la llevaron a participar en exposiciones en espacios como Galería de la Raza y Studio 24. En esos años laboró en un estudio de vidrio soplado, pintando telas, en un estudio de animación y en un taller de grabado. En 2017 inició un doctorado en Filosofía, Estética y Teoría del Arte en el Institute for Doctoral Studies in the Visual Arts, en Portland.
Sus creaciones llegaron a distintos lugares internacionales. Entre ellos están el Museo de Arte Latinoamericano (MALBA), en Buenos Aires; el Centro de Convenciones de Pernambuco, donde participó en “Políticas de la diferencia”, curada por Kevin Power; una muestra en la Universidad de Alcalá de Henares, cerca de Madrid, en 2024; y “Souvenir del Ecuador”, presentada en Roma. Participó en exposiciones en varios puntos de Estados Unidos y hace poco estuvo vinculada al National Gallery for Women in the Arts, donde impartió un taller.
Si hay una constante que marca sus etapas es el dibujo. Fernández descubrió desde joven que esa era su manera de entender el mundo. “Para mí el trazo siempre era como regresar a lo más honesto de mi práctica”.
Su relación con esta disciplina comenzó a los seis años cuando asistió a un curso de verano en la Casa de la Cultura. Era 1969 y dos jóvenes profesores chilenos armaron un espacio para pintar sobre grandes papeles colocados en el suelo. Los niños podían caminar sobre las superficies, jugar con las manos y experimentar sin restricciones. Para una niña que crecía en una familia quiteña tradicional, cuenta, aquella experiencia fue libertad. Cada verano regresaba a ese entorno. A los 10 años conoció a la artista visual Paula Barragán, una influencia importante en su vida.
“En ese momento decidí que yo quería hacer eso toda mi vida”.
Sobre su universo creativo, en sus primeras etapas exploró la espiritualidad, la religiosidad popular, los exvotos, el cartel popular y la pintura naif. En los últimos años, sin embargo, su búsqueda se concentra en la ontología de las plantas, tema que abordó durante su doctorado.
Su mirada comenzó en lo microscópico: flores, frutos, plantas, insectos. Poco a poco se amplió hasta abarcar los paisajes que contienen esos elementos. De ahí nace su interés actual por los entornos andinos, amazónicos y del litoral ecuatoriano.
“Me encanta irme de viaje por estos lugares y descubrir todo lo que existe en términos de plantas, de insectos, de pájaros”.
Su próximo capítulo volverá a poner al ser humano en el centro. Actualmente, trabaja junto a la curadora Susan Rocha en una investigación sobre seis piezas de Vicente Albán, realizadas en el siglo XVIII y relacionadas con personajes y elementos del territorio ecuatoriano.
Mientras tanto, prepara nuevas exposiciones con una serie de sitios andinos titulada “Eres Perla”. También tiene prevista una participación en la feria de N24 y una exposición individual, además de una conferencia sobre sus proyectos en Penn State University.
Para ella, el arte es una manera de vivir y de mirar. “Es la única forma de vida que conozco y que volvería a escoger si naciera de nuevo”. El camino, dice, exige perseverancia y compromiso. Su proyecto pendiente es conseguir una representación de una galería extranjera, un respaldo que le permitiría ampliar su alcance y continuar desarrollándose. Por ahora, su respuesta es seguir trabajando. En el papel, en los cuadros y en los paisajes que todavía le quedan por descubrir. (I)