Hogar

Una casa en Quito con esencia manabita

La residencia de Saruka Rodríguez despliega una estética que privilegia la luz, la vegetación y los materiales nobles. Un recorrido por un hogar donde el diseño responde al estilo de vida de quienes lo habitan.

Por Daniela García Noblecilla

Harper's BAZAAR — Ecuador

La casa de Saruka Rodríguez tiene una fachada engañosamente discreta. Desde afuera el diseño es reservado, paredes cubiertas de hiedra, no se percibe su magnitud, ni permite admirarla desde la calle. Pero al abrir las puertas el espacio revela una verdadera joya arquitectónica. Su concepto minimalista tiene proporciones angulares y su presencia no necesita de excesos para imponerse. La entrada tiene una puerta, color beige, monumental que nos da paso al inicio de esta experiencia.

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Rodríguez es empresaria, comunicadora, creadora de contenido, filántropa y fundadora de la marca de joyería SK. A lo largo de su trayectoria incursionó en la política y es una de las figuras del mundo digital más conocidas en el país. A través de sus redes comparte contenido sobre moda, belleza, imagen personal, emprendimiento y estilo de vida. Su residencia fue construida en 2019 sobre 4.070 metros cuadrados de terreno y cerca de 1.200 metros cuadrados de construcción (con cuatro dormitorios), distribuidos en dos pisos. El proyecto fue diseñado por el arquitecto Alfredo Ribadeneira, con la idea de crear espacios de líneas simples, volúmenes sobrios y una estructura abierta que permita integrar la naturaleza en cada ambiente. El paisajismo fue desarrollado por Nancy Tituaña, quien hizo del entorno una extensión directa de la casa, con vegetación tropical, palmeras altas y una densidad verde que envuelve toda la propiedad.

FOTOGRAFÍA: DANIEL QUEIROLO.

“Soy de la Costa y pasé mucho tiempo descalza, corriendo y jugando por la casa de mis padres. Siempre estaba conectada con la naturaleza. Para mí, fue indispensable tener un espacio que no se sintiera frío y que me transportara a mi tierra, Manabí”. 

Por esa razón, decidió construir esta casa, un pequeño aire de su infancia, en Cumbayá. "Buscaba paz, calma y un verdadero ambiente familiar. Quería que reflejara nuestra esencia y, sobre todo, ofrecerles a mis hijos un lugar donde crecieran felices, tranquilos y rodeados de naturaleza". 

Luego de atravesar la puerta principal, está el recibidor, un rincón de bienvenida que está decorado con una escultura en espiral de metal, color chocolate de hierro forjado, creada por Casa Forja by Tecnimetal. La pieza nos da una pista de cómo Rodríguez maneja el lenguaje de su propiedad: envolvente. Para llegar a la sala central, atravesamos una cortina de cadenas color cobre que divide este pasillo del comedor. El living no tiene divisiones bruscas, cuenta con tonos cálidos, madera natural y superficies limpias. Un espejo de al menos seis metros de altura, diseñado especialmente para este espacio por Woodlass, amplifica la luz que entra por los ventanales, techo a piso. En una esquina, un tronco orgánico sostiene una mesa de vidrio con un bowl de cristal. Dentro de él están piedras semipreciosas que provienen de distintos países, entre ellos Brasil, Estados Unidos, Tailandia, Israel e Italia. Otras fueron regalos de su esposo, Daniel Ehrenfeld, quien conoce su fascinación por la energía que transmiten. Cada una lleva palabras grabadas —inspirar, sonreír, perdonar— y funcionan para darle una intención emocional al hogar. 

FOTOGRAFÍA: DANIEL QUEIROLO.

FOTOGRAFÍA: DANIEL QUEIROLO.

Como punto focal de la sala, tres mesas de centro se forman con distintos materiales: una de madera natural con base acrílica, otra revestida en espejos y una tercera de mármol sostenida por estructuras transparentes. Este diseño pertenece a…

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