Durante años, a Jorge Ulloa le dijeron que no. No a la comedia, no a la televisión, no al cine, no al financiamiento. Lo curioso es que muchas de esas negativas terminaron convirtiéndose en el motor de los proyectos que hoy definen su carrera. En un ecosistema audiovisual donde el permiso parecía requisito, Ulloa aprendió a avanzar sin pedirlo. Ese impulso, más práctico que romántico, atraviesa toda su vida.
Desde niño, cuando jugaba a grabar historias con la cámara de su abuelo, entendió que la imagen podía convertirse en lenguaje. En el colegio confirmó esa intuición: en lugar de exámenes y presentaciones tradicionales, propuso entregar videos. Incluso ganó la presidencia del consejo estudiantil tras lanzar la primera campaña audiovisual que tradujo sus ideas en imágenes. “No era que yo fuera popular. Era que nadie más estaba comunicando así”, confiesa en una entrevista con Harper’s BAZAAR Ecuador. El audiovisual dejó de ser solo un juego y la imagen, el ritmo y la narrativa se volvieron sus herramientas más eficaces.
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Cuando ingresó al Instituto Superior de Cine de Quito (Incine), Ulloa ya tenía claro que las cámaras eran más que un simple interés. Sin embargo, el choque fue inmediato (una vez más). Mientras la mayoría de sus compañeros se inclinaba por el drama, él insistía en la comedia, un género históricamente subestimado por la academia y la industria. La confirmación llegó en una proyección estudiantil. Tras una serie de cortometrajes intensos y con tramas fuertes, su trabajo provocó primero desconcierto y luego una carcajada colectiva. Entre el bullicio escuchó la risa de su padre. “Nunca he sido chistoso en persona. Hacerlo reír a través de una pantalla me confirmó el género”. Entonces entendió que la comedia también requería precisión, ritmo y riesgo.
Los rechazos no tardaron en regresar. Antes de Enchufe.tv, Ulloa y su equipo presentaron una serie a todos los canales ecuatorianos de televisión. La respuesta colectiva fue: “No”. En 2011, sin espacio en la pantalla tradicional ni financiamiento, optaron por la única plataforma que no pedía permiso: YouTube. Así nació Enchufe.tv, que durante un año publicó un sketch semanal sin ingresos y trabajando desde una oficina prestada.

Sin embargo, al empezar a ganar viralidad, el crecimiento fue acelerado. Para 2012, el canal ya acumulaba millones de reproducciones y una audiencia que se expandía fuera del país. Videos como Mami, mami, mami, Me gusta o Compra condones marcaron récords para la época y circularon en países donde el equipo nunca imaginó tener público, como Rusia. La ironía no pasó inadvertida: los mismos canales que habían rechazado el proyecto terminaron transmitiendo episodios nacidos en YouTube, no solo en Ecuador, sino en otros países de la región como: México, Panamá y Estados Unidos, a través de señales como EstrellaTV, MVS TV, Medcom y TNT.
Hoy, Enchufe.tv es el canal de comedia en español número uno del mundo, con más de 65 millones de seguidores en redes sociales y un promedio de 152 millones de reproducciones mensuales, de acuerdo con cifras de 2blatam. Sus principales audiencias se concentran en México, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. “Nada de esto nació como una estrategia para ser global. Pasó porque insistimos en ser muy locales”. La audiencia no solo consumía, también opinaba, reaccionaba y moldeaba el contenido. Así, este proyecto se convirtió en un laboratorio permanente.
Este crecimiento obligó a tomar otra decisión…
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