Consejos de bienestar

Flotar como en el Mar Muerto ya es posible en Ecuador

Así funciona la terapia de flotación, una experiencia de aislamiento sensorial que llegó a Ecuador en 2025 y promueve un descanso físico y mental real.

Por Aileen Paulette Boada García

Thera Spa Sanctuary. — Daniel Queirolo

No me imaginaba que la terapia de flotación implicaría entrar en una cápsula. No puedo negar que me surgió esta idea inquietante de estar encerrada, en un espacio reducido, por una hora, suspendida en agua, sin luz, sin ruido, sin ningún tipo de molestia. Ana Paula Noroña, fisioterapeuta y fundadora de Thera Spa Sanctuary, explica que esta práctica busca un estado de relajación total: eliminar estímulos, apagar el mundo, permitir que el cuerpo flote y la mente se rinda. 

Por unos instantes me cuestioné si podría entrar ahí. Sin embargo, cuando nunca has probado este tipo de terapias son completamente normales la incertidumbre, la inquietud y esos cuestionamientos internos: ¿voy a quedarme aquí? 

Thera Spa Sanctuary. Fotografía: Daniel Queirolo. 

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Este proceso consiste en ingresar a una cápsula llena de agua tibia, saturada con sal de Epsom. Un compuesto natural de azufre, magnesio y oxígeno en forma de cristales blancos —que recrea una sensación de ingravidez, como en el Mar Muerto—, que te permite flotar sin esfuerzo, de acuerdo con Noroña. La cámara se sella para bloquear la luz, el sonido o cualquier estímulo externo, creando un entorno de aislamiento sensorial controlado.

Este ritual, que llegó a Ecuador en 2025, comienza antes de entrar a la cápsula. Necesitas ducharte, retirar absolutamente todo —joyas, relojes, broches, incluso maquillaje—. El cuerpo debe llegar limpio, libre de productos o de capas externas. El siguiente paso es recibir tapones para los oídos —para evitar que el agua ingrese— y un frasco con agua dulce para limpiar los ojos, si es necesario. Para mayor comodidad, te ofrecen una almohada para el cuello y un botón de emergencia, por si requieres salir antes de que acabe la sesión.

Thera Spa Sanctuary. Fotografía: Daniel Queirolo. 

Con todos esos detalles resueltos, no queda mucho más por hacer. Entras, te acomodas y te relajas. La cápsula se cierra y, contrario a lo que imaginaba, no es un espacio reducido, en realidad es amplio y te sientes cómoda. En su interior hay una luz suave, personalizable. Sin embargo, el objetivo es que la apagues por completo para eliminar cualquier estímulo visual. Noroña señala que, en la primera sesión, muchas personas prefieren mantenerla encendida.

No fue mi caso, pedí que cerraran la cápsula y sabía que, si no estaba cómoda, bastaba con empujar suavemente la tapa para abrirla. No tiene seguro, algo clave para sentirse en control durante toda la experiencia. Dos minutos después de estar adentro, decidí apagar la luz. Al inicio, mi cuerpo estaba tenso, flotando rígidamente. Me di cuenta que, aunque intentara hundirme, era imposible: “la alta concentración de sales te sostiene por completo”, dice Noroña. Poco a poco, empecé a soltarme, dejé caer el peso y confié en la flotación.

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Lo que ocurrió después fue bastante simple: me dormí lo que duró la sesión. No hubo momentos de alerta ni pensamientos que interrumpieron el proceso, me quedé en reposo total. Me desperté cuando la cápsula se abrió y sentí un ligero viento encima. Al salir, la sensación era de descanso físico real. Mi piel estaba suave y mi cuerpo se sentía liviano, sin tensión acumulada. Al terminar, vuelves a ducharte para retirar el exceso de sal. Según la experta, una hora aquí equivale a ocho horas de sueño profundo. 

Thera Spa Sanctuary. Fotografía: Daniel Queirolo. 

Un metaanálisis de BMC Complementary and Alternative Medicine de 2012 —que revisó 27 estudios y cerca de 450 participantes— concluyó que la terapia de flotación reduce de forma consistente los niveles de cortisol, disminuye la presión arterial y mejora la percepción de bienestar. Dos años después, otro ensayo clínico —publicado por el International Journal of Stress Management— con 65 personas que sufrían estrés o dolores musculares, mostró que quienes completaron 12 sesiones de flotación redujeron de manera significativa el estrés, la depresión y la ansiedad, reportando menos dolor y un aumento del optimismo y de la calidad del sueño

“Esta terapia ayuda a que el cuerpo haga lo que sabe hacer cuando, por fin, le quitan todas las distracciones", añade Noroña.

Este spa, el único en Ecuador que cuenta con flotación en cápsula, está ubicado en el Parque de Cumbayá, en Quito, y cada sesión cuesta, aproximadamente, US$ 80. Su nombre (Thera) proviene de la antigua isla griega hoy conocida como Santorini, un territorio que renació tras una erupción volcánica y que inspiró a su fundadora a concebir este espacio como un lugar de transformación.

Thera Spa Sanctuary. Fotografía: Daniel Queirolo. 

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La idea es simple pero poderosa: llegar cargado de estrés, tensión o cansancio; y salir renovado, ligero, distinto. No se trata solo de flotar, sino de permitirle al cuerpo y a la mente empezar de nuevo. En sus instalaciones, cada detalle —los aromas, la luz, los sonidos, la temperatura— está diseñado para ayudarte a desconectar. 

Además, ofrecen masajes terapéuticos, cuidadosamente diseñados: descontracturante, relajante y linfático. Noroña enfatiza que también cuentan con un head spa, con tratamientos que duran 60 minutos, para revitalizar el cuero cabelludo y relajar el espíritu. En fin, es un nuevo santuario que apunta a convertirse en el centro del wellness en el país. (I)