“El futuro pertenece a quienes creen en la frecuencia”, era la frase que adornaba la pared de la sala de conferencias en la que acababa de estar sentada. No se trataba de un retiro de yoga ni de una ceremonia espiritual, sino de una conferencia médica muy completa, la Zenos Health Summit, que atrajo a líderes del sector sanitario de todo el mundo a Arabia Saudita. Teniendo en cuenta que “generador de frecuencias para la curación” se ha convertido en una tendencia en Google Trends y que Amazon ofrece cada vez más dispositivos para aumentar la frecuencia, está claro que una frase que antes se consideraba esotérica se está abriendo paso en la cultura popular.
¿Qué es la frecuencia humana?
“Nos referimos al estado energético medible que el cuerpo emite en un momento dado”, explica Gary Brecka, biólogo humano y experto en longevidad. Analizando esto más a fondo, Gudiya Patel, experta en bienestar y directora general de la clínica no quirúrgica Phi Clinic, añade que "nuestro sistema nervioso se comunica a través de impulsos eléctricos; nuestro corazón emite un campo electromagnético que se puede medir a varios metros de distancia del cuerpo; y nuestro cerebro produce ondas —beta, alfa, theta, gamma— cada una de ellas asociada a diferentes estados cognitivos y emocionales”.
Por lo tanto, la frecuencia es una parte muy real de nuestra fisiología, aunque nunca haya aparecido en nuestras clases de biología.
¿Cómo se relaciona con el cuerpo?
“Los estados emocionales no son solo sentimientos, tienen características distintivas. Provocan cambios en la variabilidad del ritmo cardíaco, el tono del sistema nervioso, los patrones respiratorios, la tensión muscular y la emisión electromagnética. Eso es frecuencia”, continúa Brecka. Para explicarlo de forma más intuitiva, “todos sabemos lo que se siente al estar cerca de alguien cuya presencia es tranquilizadora, estimulante o estabilizadora”, dice Lalah Delia, experta en transformación espiritual y energética y autora de Vibrate higher daily. “También sabemos cuándo la energía de alguien se siente desequilibrada, caótica o agotadora. La frecuencia es la diferencia que percibimos aquí”. En esencia, el concepto cotidiano de la “vibra” de una persona proviene directamente de este principio.
¿Por qué están aumentando los debates sobre la frecuencia humana?
Es importante destacar que la frecuencia humana no es nada nuevo. “Existen versiones de esta idea en culturas antiguas, desde el Qi en la medicina china, pasando por el prana en el Ayurveda, hasta la concepción cristiana del espíritu y las enseñanzas africanas e indígenas sobre la fuerza vital y la vitalidad”, señala Delia. La diferencia clave ahora es el lenguaje, lo que antes se entendía de forma intuitiva ahora se reformula en términos como “vibración”, “frecuencia” y “oscilación”; y se comercializa cada vez más en el ámbito del bienestar.
Si el concepto sigue despertando escepticismo, Brecka sugiere pensar en él de esta manera. “No podemos ver las ondas sonoras, la radiación UV, la gravedad ni la mayor parte del espectro electromagnético, pero nadie duda de su existencia porque sus efectos son visibles. La frecuencia funciona de la misma manera. Que la veamos o no, no cambia su impacto en la biología humana”. Sin embargo, es esta invisibilidad la que ha hecho que la investigación moderna tarde en ponerse al día, aunque la tendencia parece estar cambiando.
Melanie Gatt, jefa del departamento médico de Mayrlife Altaussee (Austria), atribuye este cambio a “las investigaciones emergentes que exploran los procesos informativos y su relevancia para la fisiología humana”. Según ella, en los deportes de élite, la medicina basada en frecuencias ya es una práctica habitual.
“En ese entorno, no se debate ni se cuestiona. Se aplica de forma pragmática porque se observan beneficios medibles”.
En Mayrlife, los diagnósticos basados en frecuencias complementan las herramientas convencionales, ayudando a orientar las decisiones terapéuticas y destacando las áreas de desequilibrio funcional. Utilizan la tecnología Vitatec Global Diagnostics “para evaluar el espectro de frecuencias humanas con un alto grado de precisión”.
¿Cómo puedo entender mi frecuencia?
Aunque no se asigna una frecuencia concreta, los cambios rítmicos en todo el cuerpo indican dónde puede ser necesario apoyo, ya que el estrés, las enfermedades y la mala salud influyen en la lectura de la frecuencia. Sin embargo, fuera de la clínica Mayrlife, hay formas más intuitivas de entender la frecuencia a la que funcionamos. “Se manifiesta en el tono de voz, pensamientos, patrones emocionales, postura, respiración, relaciones, cómo tratamos a los demás y a nosotros mismos y las decisiones que tomamos”, dice Delia. Si la autorreflexión le resulta abrumadora, Brecka sugiere observar sus patrones de vida: estrés financiero crónico, inestabilidad laboral constante, relaciones poco saludables repetidas...
“Su mundo exterior refleja su frecuencia interior”.
¿Cómo puedo elevar mi frecuencia?
Elevar tu frecuencia se convierte, entonces, en la pregunta clave y la respuesta es sorprendentemente sencilla: cuídate. Aunque los dispositivos de sanación energética, las terapias musicales y sonoras y los tratamientos basados en frecuencias pueden ofrecer un apoyo temporal, todos los expertos coinciden en que ninguna herramienta sustituye a lo fundamental:
- Regular tu sistema nervioso.
- Comer alimentos nutritivos.
- Encontrar entornos y relaciones reconfortantes.
- Cultivar una mentalidad equilibrada y un sentido de propósito.
“El monólogo interior que llevas a cabo las 24 horas del día, los 7 días de la semana, eleva o degrada tu frecuencia biológica”, afirma Brecka, lo que significa que la forma en que te hablas a ti mismo puede moldear tu realidad. “La frecuencia no tiene que ver con la perfección. No se trata de estar siempre en una vibración alta. Se trata de la conciencia, la compasión y la voluntad de cambiar cuando sientes que estás desalineado”, afirma la especialista.
Cuando te desvías del camino, considéralo una señal para reajustarte y elevarte, mediante ejercicios de respiración, claridad mental, reducción del estrés, consumo de alimentos integrales y conexión con los demás, así como con tu propia autenticidad y propósito. Es más fácil decirlo que hacerlo, sí. Pero cada vez parece más esencial. (I)
Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Reino Unido.