Daniel Queirolo

La posibilidad de volver al origen

“Quiero resaltar mi ecuatorianidad, que la gente sepa que soy una actriz que salió de Guayaquil”, dice María Elisa Camargo, al hablar sobre su futuro. Las posibilidades son infinitas, como sus roles protagónicos y sus alter ego. Una historia cargada de pasión y aventura que nos recuerda que el “no” se puede convertir en una oportunidad.

Por Daniela Segovia Velasteguí

No son sus múltiples acentos, su facilidad de palabra o sus gestos al hablar… son sus ojos. La esencia de María Elisa Camargo está en la viveza con la que se mueven y en cómo se iluminan al describir las etapas de su vida. Nos encontramos en una cafetería en Quito, después de un día intenso de fotografías. Toda nuestra logística comenzó hace unos meses, con un mensaje en Instagram, como sucede hoy en día. La trajimos de regreso a su país natal para que fuera la primera portada de este año. Salió de Guayaquil, a los 17 años, cuando terminó el colegio. Su infancia transcurrió en la ciudadela La Garzota y creció con una mezcla de culturas. Sus padres son colombianos, llegaron por temas laborales hace más de 40 años y construyeron su hogar en el Puerto Principal. “Mi papá es ingeniero civil e industrial. Justo antes de casarse, él ya vino a Ecuador y se dedicó a la construcción de urbanizaciones en zonas playeras, especialmente en Salinas”, explica María Elisa, justificando su gusto por ser tan playera, “tan anfibia”.

En medio de las fotografías, en el trajín del maquillaje y de los arreglos, contaba que desde pequeña fue emprendedora y hacía obras de arte para ganar un poco de dinero. Sentadas, con unas bebidas calientes sobre la mesa, le pregunté qué recuerdos tenía sobre esos primeros años. ¿El tema artístico siempre estuvo en sus venas? “Es rarísimo —me contestó, luego de una pausa— no tengo linaje vinculado con el arte. Fue un tema mío. Con mi mejor amiga de la infancia nos inventábamos muchas cosas. Usábamos las cortinas de mi casa como escenario para nuestras coreografías”. No recuerda qué vino primero, la actuación o la música, pero ahora todo converge en una carrera que le ha dado reconocimiento internacional, sobre todo en México, Estados Unidos y Colombia.

María Elisa Camargo
Capa: Mariandre Gaitán. Fotografía: Daniel Queirolo. 

No puedo negar que, mientras planificábamos esta producción, todos se sorprendían del personaje porque desconocían que era ecuatoriana. La relacionaban con otros lugares, menos con nuestro país. Esto se debe, en gran medida, a que construyó su carrera en el extranjero. Hace poco menos de un mes cumplió 40 años, de los cuales más de la mitad ha vivido afuera. No es solo cantante. “Lo hacía de chiste —y aún lo hago en karaokes—, yo soy mucho de imitar a Shakira, a Britney Spears. Tengo una herramienta bonita, pero limitada, soy muy ronca. Nunca estudié técnica vocal y tengo un nódulo que provoca que me quede sin voz. Esta es una de mis pasiones y la uso en los múltiples papeles que he interpretado”.

En cambio —para María Elisa—, el título de actriz llegó con un tono distinto. En sus cuatro meses de vacaciones escolares hacía de todo, desde tocar piano y jugar tenis, hasta probar con la actuación. Así empezó, a los 11 años, en el Teatro Centro de Arte en Guayaquil. Fue Mowgli, el niño criado por lobos, en el Libro de la selva. “Yo estaba en mi preadolescencia, cuando mis amigas ya estaban desarrolladitas, con un taparrabo en un escenario”, señala María Elisa, y toca uno de los temas más complicados en aquellos años: el bullying. “Tenía corte hongo, uniceja, un diente manchado, una silueta delgada… me veía muy masculina. Además, mi papá, para protegerme, me metía en karate y era de la que daba golpes. Era un tomboy, un niñito. Yo escribía en mi diario: ‘A mi amiga ya se le declararon tres veces y a mí nadie’”. De acuerdo con su relato, ningún chico la sacaba a bailar en los eventos y eso era fuerte para ella. “Yo siempre fui una buena bailarina, cómo se atrevieron a desperdiciarlo”, asegura con una carcajada. Ese “rechazo” hizo que desarrollara otras destrezas. Fue líder en su colegio y, con el tiempo, se ha ido desprendiendo de las capas impuestas por las expectativas ajenas. Como figura pública, ahora le importa casi cero lo que piensa la gente que no la conoce.

Procura cuidar su reputación, pero no deja que nadie la saque de su esencia para encajar. Algo que no sucedía con apenas 12 años. Se moría por no desentonar. “Me acuerdo de esos momentitos. Un compañero me volteó, me vio la cara, y dijo: ‘Ah, que terrible’. Todo es complicado a esa edad, ver al chico decepcionado… Hasta que me volví presidenta y me tenían que obedecer y respetar”. A sus 13 años viajó a Estados Unidos por un intercambio (que agradece, porque perfeccionó su inglés) y recuperó esa validación como mujer. Empezó a sentirse apreciada por su belleza.

María Elisa Camargo
Vestido: Michael Costello. Fotografía: Daniel Queirolo. 

Contrario a lo que muchos creen, ella construyó su carrera desde el intelecto, la cabeza y el liderazgo, no desde el físico, y lo dice sin rodeos: “Lo hice para sobrevivir”. Confiesa que, si hubiera tenido esa carta desde el inicio, la hubiera jugado porque es muy poderosa. “Ahora valoro mucho tener la ‘personalidad de fea’ porque es lo que me dio independencia, valentía para salir y sentido del humor, las herramientas que más uso para hacer amigos y para sobrevivir en este mundo”. Recuerda que ella pertenece a una industria donde el rechazo y las puertas cerradas son el común denominador. Y esas experiencias de niña le dieron el carácter para recibir un “no” al mostrar su arte, su alma, sus emociones… y no tomárselo personal. 

“Logré domesticar mi ego desde chiquita para procesar más rápido. No puedo decir que no duele, porque aún hay frustraciones, y cada vez que llego a una zona de confort, avanzo y aparecen de nuevo esos dolores”.

Ahora “esa zona” se llama Los Ángeles, donde técnicamente reside desde hace ocho años, aunque siempre está en constante movimiento. “Voy a donde me lleva el trabajo”. Nunca se detiene, siempre trata de subir a un eslabón más alto. Llegó a lo más top de la televisión en México, en Colombia, en Miami, con Televisa y Telemundo. Tiene más de 12 novelas a sus espaldas y ya está pensando qué otra puerta debe abrir. “A veces me cuestiono por qué no me detengo a oler las flores, pero soy inquieta y he creado alas muy grandes para volar por el mundo”.

María Elisa Camargo
Chaqueta: Jorge Duque. Fotografía: Daniel Queirolo. 

María Elisa Camargo
Conjunto: Jorge Duque. Fotografía: Daniel Queirolo. 

En cada una de esas facetas está la María Elisa que se acopla, que aprende y que sonríe. Las posibilidades que encontró —con su esfuerzo— son infinitas y las trabaja cada día. Sin embargo, comenta que hoy le duele sentirse transparente para el mercado de Los Ángeles. “Tú vienes con una carrera donde te ven, te valoran, te aprecian… y vas a la Meca más grande, creyéndotela (porque si tú no te la compras, nadie lo va a hacer), viendo compañeros que sí lo logran y he tenido que esperar ocho años para ser tomada en cuenta”. Acaba de debutar en Hollywood con su primera película de acción Off the Grid, dirigida por Johnny Martin y protagonizada por Josh Duhamel y Greg Kinnear.

Ha puesto su visión en el séptimo arte y está consciente de que estos años han sido de ir y venir porque no ha renunciado a su carrera latina en telenovelas, pues —en sus palabras— necesita comer. No tiene herencias millonarias ni una fortuna. “Me cuestiono mucho por qué no soy suficiente, por qué no me ven, por qué no sale ni siquiera lo chiquito ni lo grande. Es un proceso importante en mi vida porque el sueño crece cada vez más. Entendí que es una moneda de cambio, mientras más alto sueñas, más puertas cerradas encontrarás”.

María Elisa está convencida de que solo necesita una pequeña oportunidad porque ella entra con todo. “Por ejemplo, tenía un papel chiquito en Call of Duty al final del juego y ahora tengo un papel protagónico en la nueva temporada. Lo mismo me pasó con el director de la película, que validó mi trabajo desde la audición hasta la ejecución de la misma. Cumplir mi sueño de una manera tan orgánica, sin nada raro ni oscuro —como suele pasar en Hollywood— es lo más hermoso”, dice esta ecuatoriana, enfatizando que siempre encuentra la fe por nuestros mercados y nuestro talento.

A sus 40 años quiere aterrizar un poco, dejar su vida gitana y que sus cosas estén en un solo lugar. Tiene un sueño de familia, no necesariamente de un bebé, pero congeló sus óvulos el año pasado “porque nunca se sabe”. El lugar ideal para residir sería en Ciudad de México, pues resuena con su alma. Además, afirma que este deseo no nace por un tema de edad, sino porque necesitaba alcanzar algunos sueños profesionales que está cosechando en este momento —como el cine y las series—. “Antes te estigmatizaban si hacías novelas y no te daban la oportunidad de entrar al cine. Las plataformas digitales están difuminando esta barrera y yo no hablo en pasado porque las novelas me dieron mucho, me dieron independencia. Llegué a Los Ángeles gracias a eso y estoy abierta a todo”.

María Elisa Camargo
Traje: Santo. Fotografía: Daniel Queirolo. 

Una de sus novelas favoritas fue En otra piel, que le dio la oportunidad de ser protagonista. Venía de una carrera como antagonista en Televisa, que la nutrió como actriz y le abrió el espectro de posibilidades en su caja de herramientas. Lo mismo ocurrió con la serie biográfica de 60 capítulos de Patricia Terán, Tarde lo conocí, donde interpretó todas las canciones en vivo. “Fue un espacio para enfrentarme a mis propias inseguridades, a mi propia imperfección y a lidiar con un personaje que le dio una forma diferente a mi arte”.

En mi casa, al igual que en muchas otras, en la noche, me sentaba con mi mamá y mi hermana para ver la novela de turno, donde muchas veces actuaba María Elisa. Ahora, esa mujer con el corazón roto, que solo quería venganza, estaba frente a mí. Y puedo asegurar que es un camaleón, que tiene la habilidad de habitar otras culturas y ser parte de ellas. Para escribir esta nota tuve que ver la serie de Terán. Y lo volví a ratificar. Era una persona distinta a la que estaba conmigo —con el maquillaje y el peinado de las fotos que hicimos horas atrás—, imitaba a la perfección a la cantante colombiana. Su esencia y su sonrisa se reflejan en cada uno de sus trabajos. La persiguen y refuerzan ese valor que tiene como mujer y como profesional. María Elisa asegura que son sus alter ego, ella se transforma cuando está en México, Colombia, Ecuador… habla con el dialecto y con el acento de la zona geográfica en la que se encuentra. “No me da vergüenza, no dejo de ser quien soy, pero me ha servido mucho. A todo el mundo le pongo a especular de dónde soy y nada me describe mejor que eso”.

Tiene seis managers por mercados, desde República Dominicana hasta España. Al principio recibía de todo y hacía de todo. Ahora ya es un poco más selectiva en lo que acepta, pero en series y en películas le tocó comenzar desde abajo. En estas, el tiempo libre es más frecuente porque no se graban 30 escenas al día y planea que, con tres o cuatro proyectos al año, ella puede mantener ese ritmo que la caracteriza y al mismo tiempo asentarse y formar un hogar.

María Elisa Camargo
Vestido: Santo. Fotografía: Daniel Queirolo. 

María Elisa Camargo
Vestido: Jorge Duque. Fotografía: Daniel Queirolo. 

Cómo comenzó todo…

Volvemos a sus 17 años, cuando decidió mudarse a Bogotá para estudiar Economía en la universidad. Con su padre ingeniero y su madre arquitecta, ella quería estudiar Biología, pero ese sueño no duró mucho y pensó en los números como algo viable. Su tía Cuca, CEO de algunas empresas colombianas, fue un ejemplo de poder —en ese entonces— y ella le recomendó irse por esa rama. No terminó. Sus padres la mandaron para que fuera independiente, “echada para adelante” y se convirtiera en una powerhouse, como su tía Cuca.

En Ecuador hizo algunas cosas pequeñas de modelaje y unos comerciales. En Bogotá, en medio de sus estudios, tuvo la oportunidad de ser parte de un show vespertino y así llegó a la primera edición de Factor X en Colombia. “Hice una cola de 12 horas, me gané el puesto a pulso y ese fue el primer paso que me abrió las puertas de RCN para hacer Floricienta y la Marca del deseo… El resto es historia, solita comencé a sacudirme”. Terminó a sus 20 años rodeada de productores y firmó un contrato para hacer un disco. Estuvo cuatro meses en Miami para crearse como artista, buscando su género, pero en la mitad se quedó sin plata. “Ahí me contactaron con Pedro Damián (productor de Rebelde), me fui a México para ser una audición y me quedé con el papel de villana”. Como ella dice unas líneas más arriba, el resto es historia.

Todos la vemos en redes sociales, en plataformas de streaming o en videojuegos. Esta guayaquileña es multiplataforma, es de aquellas que no tiene miedo a comenzar ni a terminar. A lo que sí teme es a la soledad, a no tener a nadie quien la apoye. Tiene temor de perder a sus papás, su red de soporte. “El rechazo laboral lo tengo trabajado en mi cerebro, pero el rechazo personal es difícil”. Otro de esos fantasmas es el amor. Estuvo expuesta a una relación muy tóxica. Su primera gran ilusión —de dos que ha tenido— la lastimó y lo confirma: “tengo problemas en esa materia”.

María Elisa Camargo
Abrigo: Vintage. Fotografía: Daniel Queirolo. 

“La mentira es lo más doloroso y lo más decepcionante”. Esto la erosionó tanto que por 13 años tuvo miedo de enamorarse nuevamente. Hoy está en una relación en paz. Ella sabe que es una mujer fuerte, que intimida, que es berraca (como dicen en Colombia), que es chingona (como dicen en México). “Muchas veces te quieren sometida y siento que levanté una barrera. La misma que viene con esos traumas de la infancia. Mi padre, que es mi héroe, me dijo que nunca me enamorara”. No sueña con el matrimonio, pero sí con un hogar. Está segura de que esta parte hay que trabajarla todos los días.

La princesa guerrera es una de sus facetas favoritas. “He alcanzado, con el sudor de mi frente, cada logro. He encontrado mi pasión y tránsito por esta vida para validarme a mí misma. Quiero contribuir con la humanidad dejando mi legado, mi arte”. No se considera una influencer, a pesar de que tiene más de un millón de seguidores. Ella quiere influir positivamente, apoyando a fundaciones que trabajan con niños, y que la gente vea lo que está haciendo. 

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Corset: Jorge Duque. Anillo: Claudia Corrie. Fotografía: Daniel Queirolo. 

Sus gustos están en comer, viajar y —mientras avanza el tiempo— no pierde el deleite por los festivales de música electrónica. Nunca dice no a una caminata al aire libre, a jugar vóleibol, a ir al gimnasio y a visitar a sus padres. Su manera de tocar base es con las personas importantes. No son lugares físicos. No es de escribirse todos los días con sus amigos, pero cuando va a ciertos países los visita porque no importa el tiempo o la distancia. Describe su mundo como una aventura, no lo siente normal ni rutinario. “Hay gente que me dice torbellino. Mi vida ha sido de emociones, de intensidad y de cero arrepentimientos. Así es mi sangre, soy intensa. Me siento cómoda en mi piel, me gusto, me amo, me justifico… y ese es el inicio de todo. Tengo salud mental, no sufro, yo gozo. Soy una niña feliz”. 

María Elisa tiene el mundo a sus pies y considera que tiene todas las riquezas que una persona puede pedir. “Estoy en una etapa de absoluta gratitud”. Así cierra esta entrevista, recordando aquella niña que ansiaba ser popular… y, pensando en esa adulta, que ocupa la tapa de Harper’s BAZAAR Ecuador. “¡Espérenme en otras facetas, esto no se ha acabado!” (I)

Esta nota se publicó en la edición de enero-febrero de Harper's BAZAAR Ecuador. 

Harper's BAZAAR Ecuador

Créditos*

Personaje: María Elisa Camargo. Fotógrafo: Daniel Queirolo. Directora de arte: Cristina Maag. Estilismo: Estefanía Córdova. Maquillaje: Juan Carlos Salazar. Peinado: Kim Guerrero. Diseñadores: Jorge Duque, Michael Costello, María Andrée Gaitán, SEZ by Sarah Erazo Zindler, Santo, Claudia Corrie. Asistencia de maquillaje: Rossana Costales. Asistencia de fotografía: Juan Camaniero. Asistencia de estilismo: Gissela Portilla y Mishell Heredia. Video: Emilia Palacios y Belén Proaño.

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