Uñas saludables

¿Qué es el BIAB y por qué TikTok convirtió esta manicura en tendencia?

Más que una técnica estética, el BIAB propone una nueva forma de entender la manicura: fortalecer la uña, acompañar su crecimiento y crear hábitos de autocuidado.

Por Camila Miranda Mieles

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Hace un tiempo y durante años tuve el mal hábito de morderme las uñas. La onicofagia –ese impulso casi automático que aparece con el estrés y la ansiedad– hacía que mis manos se vieran siempre descuidadas, con uñas frágiles, cortas y sin forma. Hasta que acudí al acrílico de manera recurrente.

Por primera vez, mis uñas comenzaron a crecer, pero junto con ese logro llegó un nuevo problema, también se debilitaron. Entre el retiro constante, el limado y la falta de un cuidado real, entendí algo que cambió mi forma de ver la manicura. No se trata solo de estética, también es bienestar. Desde ahí empecé a buscar alternativas que fortalezcan la uña en lugar de castigarla. Y como suele pasar en la actualidad, TikTok empezó a repetirme una palabra: BIAB (Builder in a bottle).

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Aunque muchas veces se confunde con otras técnicasno es simplemente “otro tipo de gel”. Se trata de uno constructor, que se aplica directamente sobre la uña natural con una capa fina que refuerza, nivela y protege, sin necesidad de extensiones. En Quito, Lab Rosa se ha convertido en un referente en este método, según su fundadora, Dominique Flores.

El espacio abrió sus puertas en 2024 con una propuesta clara de belleza, sin hormonas ni químicos agresivos. Hace, aproximadamente, cuatro meses incorporó el BIAB en su carta de servicios, el mismo que tiene un valor base de US$ 20. “Todos los geles que utilizamos en Lab Rosa son importados y no tienen hormonas que interrumpen nuestro ciclo”, explica Flores a Harper’s BAZAAR Ecuador. Desde entonces, "el concepto ha conectado con clientas que buscan resultados visibles y procesos más conscientes”.

Para Flores, el BIAB responde precisamente a esa nueva forma de entender la manicura. “Es un recubrimiento en gel que le da dureza, flexibilidad y nivelación a la uña, permitiéndole crecer". A diferencia del acrílico, el polygel o las extensiones, este procedimiento no está pensado para alargar, sino para reforzar lo que ya existe. El acabado es ligero, pulido y natural.

Parte de su valor está en el proceso. La preparación es menos abrasiva que en otros sistemas y no requiere limados profundos. “Para este gel no es necesario abrir canales de forma agresiva. Simplemente se quitan las imperfecciones y se coloca la capa protectora”. En Lab Rosa, además, “los productos no contienen alcohol ni monómeros tradicionales y utilizan activadores propios del sistema”. Su formulación combina resinas, que aportan resistencia y flexibilidad; fotoiniciadores de curado profundo, bajo lámparas LED o UV; y calmantes como pantenol y vitamina E, que ayudan a proteger la uña y la cutícula. En una industria donde cada vez se cuestiona más qué se aplica sobre el cuerpo, esto marca la diferencia.

La confusión entre BIAB y otras técnicas es común, especialmente con el llamado kapping. Aunque ambos buscan fortalecer la uña, no son lo mismo. Este último es una técnica que consiste en aplicar una capa protectora de gel para reforzar la uña, acompañar su crecimiento y puede realizarse con distintos productos. El BIAB, en cambio, es un tipo específico de gel, más versátil y resistente, que incluso permite construir ligeramente la uña. Entender esta diferencia es clave para elegir la técnica adecuada. 

Uno de los aspectos que más me hizo conectar con el BIAB fue su impacto en personas que se muerden las uñas por ansiedad o estrés. En estos casos, el recubrimiento funciona como una barrera protectora que evita el daño constante y permite que la uña crezca de forma progresiva. “Es ideal para las personas que se muerden las uñas o para quienes no les gusta el acrílico ni las extensiones. Está pensado para uñas pequeñas, de dos o tres milímetros, que van creciendo con la protección”. En casos extremos, cuando la uña es demasiado corta, en Lab Rosa se trabaja primero con una extensión de gel correctivo. “Cuando ya crece, quitamos ese gel y vamos con BIAB para proteger y fortalecer”.

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El mantenimiento también forma parte de esta lógica de cuidado. A diferencia de otras técnicas que requieren retirar todo el producto, con BIAB se rebaja y se rellena según el crecimiento, lo que reduce el desgaste. Por eso, Flores recomienda controles cada dos semanas, no solo para cambiar el diseño, sino para evitar filtraciones, levantamientos o posibles infecciones. El resultado es una uña más resistente, con crecimiento visible y un aspecto limpio que se adapta tanto a looks minimalistas como a diseños más elaborados. Además, en caso de querer retirar completamente el gel, el proceso es menos invasivo y dura aproximadamente 20 minutos.

Flores es clara en que esta técnica debe realizarse siempre con profesionales capacitados. “En el mercado hay muchísimos geles y cada uno tiene su funcionalidad. El profesional tiene que guiarte según tu tipo de uña, tu necesidad y tu día a día”. También insiste en la importancia de elegir espacios con altos estándares. “Las uñas son poros por donde pueden ingresar químicos al sistema. Por eso es fundamental escoger un lugar limpio, que use materiales de calidad”. El BIAB no es un procedimiento para replicar en casa porque requiere de un diagnóstico, una aplicación correcta y un retiro especializado para no comprometer la salud de la uña.

Más allá del resultado estético, el valor del BIAB está en su enfoque de fortalecimiento. Como señala Flores, la diferencia no está solo en el diseño, sino en los materiales, la técnica y la preparación profesional detrás de cada aplicación. (I)