Autocuidado

Todo el mundo se está inyectando péptidos. ¿Qué hacen realmente?

Linda Wells investiga a fondo para determinar si el inyectable del momento es la próxima frontera del bienestar y la longevidad.

Por Linda Wells

Harper's BAZAAR — Ecuador

Tricia Brock, directora de televisión estadounidense, estaba dirigiendo Young Sherlock en Gales (Reino Unido) cuando sintió ese cosquilleo familiar en la garganta. Estaba a punto de viajar a España para la siguiente etapa del proyecto cuando llegaron la congestión, el dolor de garganta y el malestar general. No podía permitirlo. Llamó a su doctor de medicina integrativa en Londres, quien le recetó un tratamiento de inyecciones de péptidos para fortalecer su sistema inmunológico. Brock no es fanática de las agujas, pero lo hizo. Seis meses después, las palabras resfriado y gripe no han vuelto a salir de su boca.

Los péptidos están en todas partes y son imposibles de evitar. La insulina es uno de ellos. También lo son los GLP-1 o el Ozempic. Hay suficientes cremas y bálsamos labiales enriquecidos con péptidos como para llenar el Sephora de Times Square. Pero el entusiasmo más reciente gira en torno a los péptidos terapéuticos. En TikTok, abundan las mamás mostrando sus suministros y los influencers instando a la gente a hacer clic en enlaces hacia sus proveedores.

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En el salón facial de Georgia Louise, una sesión ya no se limita a la piel: junto al drenaje linfático y la luz LED, puede aparecer un suero de péptidos. La esteticista neoyorquina, con casi 30 años de trayectoria y clientas como Gwyneth Paltrow y Jennifer Aniston, rebautizó su espacio como Beauty Longevity Atelier, para reflejar un enfoque que va más allá de lo estético.

A esa visión se suma la dermatóloga Jennifer Herrmann, formada en medicina funcional, convencida de que la piel mejora cuando el cuerpo está equilibrado. Juntas apuestan por una belleza que empieza desde adentro.

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Para algunos, la longevidad se resume en crioterapia, saunas infrarrojos y cámaras hiperbáricas; en dejar el alcohol, comer más proteína y obsesionarse con el anillo Oura, el VO₂ máx y los puntajes de rendimiento. Pero los nuevos pioneros del biohacking van más allá: usan péptidos para estimular funciones clave del cuerpo, como las mitocondrias, las células madre, la hormona del crecimiento y el microbioma intestinal. Siguen protocolos. Buscan optimizarlo todo.

“Creo que los péptidos cambian la vida”, dice Michael Aziz, médico internista y autor de The ageless revolution. Lleva unos nueve años trabajando con péptidos en Nueva York. "Apenas estamos rascando la superficie de lo que hacen”.

Entrar en este mundo es volverse experto en iniciales y números: BPC-157, SS-31, CJC-1295, GHK-Cu copper. Acostúmbrate, porque este es el lenguaje del amor de los nerds de la longevidad. Puede que los recuerdes de la clase de biología. Si es así, felicidades. Los péptidos son cadenas cortas de aminoácidos, que son los bloques de construcción de las proteínas. Se unen a receptores en las células para provocar determinadas respuestas. “Básicamente, si obtienes el péptido adecuado para tus necesidades, es como una llave que abre una puerta. Activa el cuerpo para que haga algo específico”, explica Aziz.

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Si buscas una piel más luminosa, está el GHK-Cu copper, que puede aplicarse de forma tópica. Las investigaciones indican que este péptido ayuda con la longevidad porque mantiene vivas a las células madre. Un estudio sobre el GHK-Cu copper demostró que hace más por la piel que la Retin-A o la vitamina C.

Si tienes algún interés en aumentar tu masa muscular, tu nivel de energía, la claridad mental, la densidad ósea, la elasticidad de la piel, el sueño profundo y la inmunidad —en esencia, todo lo imaginable—, Aziz señala a los secretagogos sermorelina, ipamorelina y tesamorelina. “Son péptidos que le indican al cuerpo que secrete más hormona del crecimiento”. Esta es el santo grial antiedad. Se sabe que magnates de Hollywood se la inyectan, pero es un pacto con el diablo, dado que se vincula con un mayor riesgo de tener cáncer, enfermedades cardíacas o diabetes. 

Estimular las reservas naturales del cuerpo mediante un péptido se considera un enfoque más seguro, aunque podría conllevar riesgos para la salud a largo plazo.

Pinterest.

Es un territorio “enormemente vasto”, dijo de forma redundante Andrew Huberman en su popular pódcast. En lugar de abarcarlo todo, familiarizarse con “los caballos de batalla” —CJC-1295, BPC-157 e ipamorelina— puede ser de ayuda. Así los llama Douglas Estrada, médico naturópata que trabaja con péptidos terapéuticos en Optimum Wellness Natural Medicine. Para él, estos son los péptidos clave. 

El BPC-157, por ejemplo, “ayuda a remodelar el intestino y el cerebro, mejora las articulaciones y reconstruye el colágeno”. Aziz recomienda un tratamiento de seis meses con BPC-157 y añade: “va a ser el Ozempic de las lesiones”. Para demostrarlo, me cuenta que lo está tomando para recuperarse de un lifting facial reciente. “Tengo 61 años y estoy volviendo a los 30”, explica, con un entusiasmo muy propio de un biohacker.

Estos péptidos se inyectan cinco días a la semana durante meses. Mila Joura, propietaria del centro de bienestar y longevidad The Fuel Stop, ofrece un menú completo y también los utiliza. “Siento la energía. Duermo mejor. Noto que la inflamación baja. No me inyecto todos los días. La verdad, cansa”. Y para el cansancio, también hay un péptido.

Si estás buscando en Google “péptidos inyectables” presta atención a estas advertencias.

La mayoría de los péptidos terapéuticos no están aprobados por la FDA y muchos de los que sí lo están fueron aprobados para otros fines. En otras palabras, su uso no está regulado. “Si los compras por internet, se consideran químicos de grado investigativo. No tienen el mismo nivel de purificación ni de supervisión de aquellos de grado médico”, dice Herrmann.

Los proveedores deben obtener los péptidos de farmacias de formulación magistral. Algunas son confiables, pero otras no. Estrada busca un certificado de análisis (COA) y una declaración de pureza superior al 99,9 % en los péptidos que compra. Además, en Estados Unidos no existe una especialidad médica dedicada a los péptidos y muchos médicos no los conocen o dependen de investigaciones provenientes de Europa o Rusia, donde se originaron los péptidos terapéuticos.

El mejor enfoque es trabajar con un médico en lugar de pedirlos por internet. “Nunca deberías experimentar a medias con los péptidos”, advierte Louise. Es muy seductor y quizás eso debería servir de advertencia. “Los péptidos —dice Herrmann— pueden ser un complemento útil, pero de ninguna manera sustituyen el ejercicio, la nutrición, el sueño o el equilibrio hormonal”. Aziz los ve como “uno de los brazos que tenemos para combatir el envejecimiento”. (I)

Este artículo aparece en la edición de febrero de Harper’s BAZAAR Estados Unidos.