El pasado diciembre, el vestido de novia inspirado en Betty Boop de Bob Mackie (diseñador estadounidense) salió a subasta. Una pieza destacada de la legendaria colección 20th Century Legends de 1992 del diseñador, presentaba una silueta mini ceñida al cuerpo, completamente bordada con cuentas tipo vermicelli (fideos finos), corazones de lentejuelas y lunares, un pronunciado escote corazón y un dobladillo acampanado.
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Este pequeño fragmento de historia se vendió por US$ 16.000 a MJ Gray, una creadora de contenido de 30 años que vive en Los Ángeles y que quizá lo use en una próxima sesión de fotos de boda. Ya que estaba allí, también sumó a su colección un conjunto bordado de 1991 y un vestido de noche de 1986 con rayas estilo marinero.
Su prometido suele comprar arte y memorabilia deportiva (objetos coleccionables) en subastas: ¿por qué ella no haría lo mismo con aquello que la apasiona?

Gray no participaba habitualmente en las subastas, pero su presencia fue una progresión natural. Empezó a coleccionar vintage en la adolescencia, rebuscando en los contenedores de Goodwill y en mercados de pulgas. Luego evolucionó hacia plataformas como The RealReal y Depop y, más recientemente, What Goes Around, Sotheby’s y proveedores especializados. Para Gray, el mercado primario está destinado a las prendas básicas del día a día.
El mercado de segunda mano es para piezas especiales y constituye la mayor parte de su guardarropa. Hoy, clasificaría alrededor del 20 % de su ropa como de archivo o “piezas que no podrías comprar de manera casual aunque quisieras o tuvieras un presupuesto ilimitado”. Y ese porcentaje ha crecido de forma considerable en los últimos años.
“Mi clóset es más una colección que algo que funcione como utilidad”.
Y no es la única que piensa así. La moda de archivo ya no es solo para los archivos. Está “siendo reclasificada”, afirma Morgane Halimi, Global Head of Fashion and Handbags de Sotheby’s, “de lujo usado a activo cultural”. Bolsos, joyas y relojes han demostrado conservar su valor —e incluso apreciarse— en los mercados de segunda mano, pero ha habido un aumento en la demanda de piezas de moda especializadas o “de archivo” en distintas plataformas, desde pequeños revendedores independientes hasta casas de subastas centenarias como Sotheby’s.
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“Hace algunos años, la moda de archivo significaba principalmente preservación histórica: piezas de pasarela poco comunes, prendas de nivel museístico u objetos de colección que existían sobre todo para ser estudiados, referenciados o admirados por su artesanía y valor cultural”, señala Halimi. Hoy, los archivos se han abierto y ejercen una influencia mayor que nunca sobre la moda contemporánea. Aunque la industria haya marcado el camino, los consumidores han sabido hacerse un espacio propio en este mercado.
En 2017, Millie Adams comenzó a revender ropa vintage en Depop bajo el nombre Studded Petals, mientras estudiaba la licenciatura en el Reino Unido, convirtiendo su afinidad personal por la moda de los noventa en un ingreso extra. Empezó con marcas de menor precio, acumulando capital para adentrarse en piezas cada vez más raras.
En 2020, lanzó su propio sitio web, donde ofrece artículos como un top cruzado y falda de seda estampada de Emilio Pucci de la primavera de 2007; o unas botas negras de cuero con herrajes metálicos y monograma GG de Gucci by Tom Ford. Su negocio sigue creciendo: el valor promedio de los pedidos casi se triplicó entre 2020 y 2025. Y el año pasado, sus ventas totales alcanzaron el cuarto de millón de libras.
Adams es completamente autodidacta. A lo largo de su trayectoria, ha visto cómo la información sobre moda de archivo se volvió más accesible —y mucho más discutida—. Era lo suficientemente joven como para tener acceso a libros, a las primeras redes sociales y a desfiles digitalizados. Pero menos de una década después de lanzar Studded Petals, plataformas como TikTok albergan toda una generación de “influencers de archivo”, que intercambian conocimiento y opiniones sobre colecciones clave del siglo XX y comienzos del XXI.
“Hoy existe una enorme cantidad de información en línea sobre moda vintage de diseñador, así que cualquiera que esté interesado puede aprender por su cuenta con facilidad”.

Studded Petals también se benefició enormemente del interés de las celebridades por la moda de archivo y cuenta entre sus clientas a Zendaya y al estilista Law Roach, Dua Lipa, Addison Rae y Bella Hadid.
Los préstamos de archivo para alfombras rojas y apariciones públicas han ayudado a llevar estas conversaciones al centro de la cultura popular. Solo este año, Hailey Bieber llevó a cenar un vestido de seda azul hielo de la colección primavera 1998 de Gucci por Tom Ford. Chappell Roan eligió un vestido de tul multicolor de la colección de alta costura primavera 2003 de Jean Paul Gaultier para los Grammy. Emma Stone lució un conjunto verde de pasarela de Donna Karan de la primavera de 1996, con puntos extra en este caso, ya que Gwyneth Paltrow había llevado ese mismo look en la película Great Expectations de 1998. Y hubo incontables ejemplos más. En cada caso, las conversaciones sobre la procedencia de las piezas se multiplicaron después en redes sociales.

Debates similares han surgido en los últimos años a raíz del juego de las sillas musicales entre directores creativos en las grandes casas de moda. Colecciones debut, como las de Matthieu Blazy en Chanel y Pierpaolo Piccioli en Balenciaga, han generado discusiones en torno a las referencias a los orígenes de las casas y al trabajo de sus diseñadores anteriores. “Una vez que las instituciones y las marcas comenzaron a reponer colecciones de archivo, a tomar referencias directas de temporadas pasadas y a exhibir moda junto al arte fino, el mercado siguió ese movimiento. Las subastas son un espejo de esa validación cultural”, afirma Halimi.
La subasta Fashion Icons de Sotheby’s, realizada el año pasado, presentó la venta récord del Birkin original de Jane Birkin. Con comisiones incluidas, alcanzó los US$ 10,1 millones. El segundo lote más destacado fue un conjunto “Virevolte” de Christian Dior —con corpiño, falda y chaqueta corta de lana gris— de la colección de alta costura otoño 1955, que se vendió por 6.350 euros; siluetas similares han sido reinterpretadas en colecciones recientes de moda femenina de Dior.
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En el pasado, el catálogo de archivo de Sotheby’s ha incluido un vestido espejado de Paco Rabanne de la primavera de 1967 y un vestido de Yves Saint Laurent de la colección otoño 1976, que alcanzaron 35.000 euros en 2018 y 52.500 euros en 2017, respectivamente. En 2025, un bolso Chanel que perteneció a Karl Lagerfeld se vendió por 94.500 euros tras una intensa puja. Internamente, pueden prever qué piezas alcanzarán cifras tan altas y no se trata únicamente de la rareza.

El impacto cultural, el contexto y el momento importan más —dice Halimi—. Algunas piezas se convierten en ‘archivo’ muy rápido porque capturan un instante, político, estético o tecnológico, incluso si no tienen décadas de antigüedad. En conjunto, la moda de archivo ha evolucionado hasta convertirse en un diálogo entre pasado y presente”. En Sotheby’s, “el interés se concentra con mucha claridad en la autoría y en los momentos de ruptura: períodos en los que un diseñador redefinió una casa o cristalizó un cambio cultural”.
Existe una demanda institucional histórica en torno a colecciones de archivo blue chip, como la revolución Mondrian de Yves Saint Laurent en 1965. Las pujas se vuelven más agresivas con colecciones en las que diseñadores de culto pasan a ser canónicos, como prácticamente todo lo que tocó Lee McQueen entre 1995 y 2003, ya fuera en Givenchy o durante la primera etapa de Alexander McQueen, la era de Savage Beauty.
Ciertas piezas tempranas de Prada funcionan extraordinariamente bien —como los estampados subversivos de las célebres colecciones “ugly chic” de Miuccia Prada—, mientras que el lujo vintage sin una especificidad de época o con una procedencia ligada solo a celebridades, pero sin peso de diseño, puede quedarse corto. En estos casos, “la vestibilidad importa menos que la fuerza narrativa”, manifiesta Halimi.
Y luego están las piezas unicornio, que combinan una procedencia canónica con un vínculo celebrity—como el Birkin original—y que justifican las etiquetas de precio más altas.

A medida que crece el interés en torno a estas subastas, también aumentan las ventas. Martin Nolan, cofundador y director ejecutivo de Julien’s Auctions, especializada en la venta de memorabilia, cita como ejemplos contundentes algunas piezas de la Princess Diana provenientes de una subasta de 1997. “Vestidos que se vendían en US$ 30.000 o US$ 40.000, hoy los estamos revendiendo en US$ 600.000 o US$ 700.000, incluso en un millón de dólares. Hay que empezar a tomarse esto en serio y decir: sí, esta es una clase de activo”.
Nolan dejó Wall Street en 2005 para sumarse al mundo del coleccionismo. “Era un activo tangible, como las acciones y los bonos que vendía en Wall Street, pero con una historia. Como cualquier mercancía que se negocia en un mercado global, todo depende de la oferta y la demanda. Cuanto más rara y especial sea una pieza y cuanto mejor sea la historia que la rodea, más estarán dispuestas a pagar las personas por ella”.
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Sin embargo, la mayoría de las piezas aún se venden por menos de US$ 5.000, satisfaciendo los deseos de una base de consumidores mucho más joven. Julien’s Auctions presta hoy más atención que nunca al comprador menor de 40 años. Sotheby’s está haciendo lo mismo. Su comprador de moda de archivo suele ser más joven, mayoritariamente mujer, y en muchos casos un cliente nuevo, tal como Gray. Su prometido trabaja en finanzas, por lo que su afinidad por invertir en moda de archivo ocupa el centro de su diagrama de Venn de intereses compartidos: él puede ver un retorno claro en las piezas que ella persigue.
“Lo pienso como parte de mi portafolio financiero, por eso, aunque quiero usarlas y darles vida, también las veo como activos financieros, que idealmente van a conservar su valor”, dice Gray.
“Y sí creo que esto va a jugar un papel fundamental en los portafolios financieros de las mujeres”.

Según The BoF–McKinsey State of Fashion 2026, se prevé que el mercado de reventa de moda de lujo crezca entre dos y tres veces más rápido que el mercado primario de aquí a 2027. Cuanto más alienados se sienten los consumidores ante la avalancha constante de novedades —que a menudo corre en paralelo con una caída en la calidad—, más optan por alternativas de segunda mano. Pero esto es distinto.
La moda de archivo satisface tanto el deseo creativo como el de inversión.
“El ciclo acelerado del lujo ha diluido el valor percibido. Cuando todo se renueva constantemente, nada se siente definitivo. Las piezas de archivo ofrecen un impacto cultural comprobado”, dice Halimi. Un vestido “Lumps and Bumps” de la colección primavera 1997 de Comme des Garçons es un activo cargado de emoción. “Los coleccionistas no solo compran ropa; compran un significado fijo, algo especialmente importante para la Generación Z”. (I)
Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.