PELÍCULAS

Si tan solo las mujeres de La Odisea fueran tan complejas como sus hombres

Incluso en sus mejores películas (de las que soy admiradora), Christopher Nolan suele diluir la complejidad de sus protagonistas femeninas. Penélope, Circe, Calipso y Atenea corren la misma suerte.

Por Maxwell Rabb

Harper's BAZAAR — Ecuador

Advertencia: ¡Hay spoilers a continuación! Penélope permaneció sola en el trono durante 20 años. En La Odisea de Homero, la reina de Ítaca es un símbolo de fidelidad inquebrantable; pasa dos décadas protegiendo a su hijo, Telémaco, y rechazando a los despreciables pretendientes para defender el reino de su esposo mientras este emprende su épico viaje de regreso a casa tras la Guerra de Troya. Aunque no es la heroína de la historia, en muchos sentidos representa su corazón. Después de todo, ¿qué sería La Odisea sin Penélope, la mujer por la que Odiseo atraviesa el infierno y regresa?

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Y, sin embargo, en la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, Penélope se siente menos como el corazón de la historia y más como un premio obligatorio al final del viaje. El momento en que más brilla llega casi al final de la película, cuando Penélope, interpretada con destreza por Anne Hathaway, pronuncia un incisivo monólogo en el que expresa su descontento con los hombres que la rodean. A pesar del amor que siente por su impulsivo hijo, interpretado por Tom Holland, la petición de este de asumir él mismo el trono despierta su indignación. En ese estallido, demasiado breve, Penélope libera toda la presión acumulada tras años de gobernar el reino sin recibir el reconocimiento que merece y, por fin, sentimos toda su fuerza. Pero, casi de inmediato, la película sigue adelante como si nada hubiera ocurrido.

Para ser justos, Penélope cuenta con una cantidad considerable de tiempo en pantalla en la adaptación de Nolan. Con frecuencia la vemos rechazando los avances románticos y ambiciosos de Antínoo (Robert Pattinson) o hablando con franqueza con su hijo sobre su padre. Sin embargo, Hathaway suele aparecer detrás de un biombo o hablando a través de una pared. Esto podría interpretarse como una referencia al material original. En una entrevista reciente para The Daily, la novelista Madeline Miller —conocida por reimaginar la historia de Circe en el mundo cinematográfico— explicó que “en el texto, Penélope está absolutamente concebida como un personaje brillante”, aunque también resulta difícil de conocer por completo, pues posee “una cualidad un poco etérea, como de niebla”. 

En la película, es precisamente esa brillantez —que en la obra de Homero está a la altura de la de Odiseo— la que parece atenuarse, dando lugar a una Penélope menos enigmática y reservada, y más plana, reducida a un solo matiz. No es culpa de Hathaway; en parte, es precisamente porque resulta tan magnífica cuando logra conectar con Penélope que el espectador termina deseando mucho más.

Penélope no es la única que pierde profundidad. 

Varias de las mujeres más complejas y fundamentales del film parecen desaprovechadas, entre ellas las deidades Atenea, Circe y Calipso, todas interpretadas por algunas de las actrices más destacadas de Hollywood. Y esta está lejos de ser la primera vez que Nolan recibe críticas por la construcción de sus personajes femeninos. A lo largo de su carrera ha enfrentado observaciones similares, desde Talia al Ghul y Rachel Dawes en su trilogía de Batman hasta la interpretación de Emily Blunt como Kitty Oppenheimer en Oppenheimer. 

En cada caso, se nos presentan personajes femeninos frágiles o desarrollados de manera insuficiente. Al igual que ocurre con la Penélope de Hathaway, la Kitty Oppenheimer de Blunt solo dispone de un momento para brillar realmente dentro de las tres horas de duración de la película: un apasionado monólogo en el que defiende a su esposo de falsas acusaciones durante una audiencia.

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Sin embargo, La Odisea también representa aquello que Nolan hace mejor: construir un mundo intrincado e inmersivo que gira alrededor de un protagonista masculino impulsado por un objetivo inquebrantable. Y Odiseo (Matt Damon) es el héroe perfecto para Nolan. Al igual que Cooper (Matthew McConaughey) en Interstellar, J. Robert Oppenheimer (Cillian Murphy) en Oppenheimer o el Protagonista (John David Washington) en Tenet, este héroe de la antigua Grecia avanza por una historia de proporciones épicas guiado por un único propósito inquebrantable. 

Aunque todos estos protagonistas poseen matices propios —ya sea marcados por un pasado lleno de remordimientos o por una identidad inestable—, el núcleo de sus historias reside en cómo logran superar los complejos mecanismos del mundo que Nolan construye a su alrededor. 

Es una fórmula con la que, indudablemente, ha realizado grandes películas, pero que a menudo reduce a los personajes femeninos, pese a su potencial para ser complejos, a simples recursos narrativos dentro de la clásica historia de “un hombre en una misión”. Aquí, con un Odiseo consumido por la culpa como protagonista, esos recursos narrativos incluyen, lamentablemente, a varios de los personajes secundarios más fascinantes del poema épico.

Matt Damon como Odiseo y Zendaya como Atenea. Everett

Atenea, por ejemplo, es, según el canon, fundamental para la supervivencia de Odiseo; sin ella, el héroe griego estaría, sin lugar a dudas, muerto y atrapado en el Hades junto a su grupo de compañeros. A diferencia de los demás dioses, ella al menos tiene una forma física —y nada menos que la de Zendaya—. Aun así, el personaje aparece solo de vez en cuando para ofrecer consejos o indicaciones enrevesadas. Es una versión muy distinta al papel activo que desempeña en el poema épico. Allí, salva a Odiseo de ahogarse, de pasar el resto de su vida con Calipso y de morir a manos de los 108 pretendientes. En el enfrentamiento final de la película, Atenea ni siquiera está presente. Casi habría sido mejor omitirla por completo, como ocurre con los demás dioses, para no dejar al espectador con la sensación de que hizo falta mucho más de ella.

Luego está Calipso, la ninfa inmortal interpretada por Charlize Theron y uno de los primeros personajes que conocemos en la película de Nolan. Odiseo llega a su isla tras naufragar y ella le da flores de loto para entorpecer su memoria, manteniéndolo en un estado de dicha sin rumbo durante siete años. En el poema, su amor por Odiseo provoca un enfrentamiento con Zeus: cuando este la reprende por enamorarse de un mortal, ella responde señalando su hipocresía. En la película, en cambio, queda reducida a un oído comprensivo y a una herramienta expositiva, mientras Odiseo va recordando gradualmente su viaje en su presencia. 

Circe (Samantha Morton), otra diosa menor, corre una suerte similar: termina siendo un personaje sin demasiada profundidad y cae en el arquetipo de la hechicera monstruosa (aunque protagoniza la secuencia más aterradora de toda la película). En honor a la verdad, el propio Homero utilizó a Circe como un símbolo de los peligros del exceso, pero aun así le otorgó una construcción mucho más matizada, donde su intento de frustrar a Odiseo no responde simplemente a un impulso superficial, sino a un sentimiento de repulsión.

El tiempo es un factor determinante cuando se intenta condensar una historia de la magnitud de La Odisea en una película accesible para el gran público. 

Nolan logra entrelazar con maestría los detalles más pequeños dentro del viaje de regreso de Odiseo. También incorpora con habilidad las primeras pruebas de Telémaco y su búsqueda para descubrir qué ocurrió con su padre, una sección conocida en el poema como la Telemaquia. Asimismo, consigue presentar esta historia de casi 3.000 años de antigüedad como un relato político sobre cómo un único acto de engaño puede desencadenar una reacción en cadena capaz de poner en riesgo toda una civilización. Y, por supuesto, La Odisea trata sobre Odiseo. Es lógico que la historia se centre en su héroe.

Sin embargo, la crítica más contundente a las ausencias de la adaptación de Nolan proviene del propio poema de Homero, que concede tanta humanidad y cuidado al mundo que rodea a Odiseo, a los personajes que orbitan alrededor de este héroe mítico. Y con actrices tan poderosas interpretando esos papeles secundarios, resulta difícil no imaginar todo lo que habrían podido ofrecer si hubieran tenido la oportunidad. Penélope gobernó el reino y protegió el trono durante 20 años; lástima que solo lo sepamos porque ella misma tiene que decirlo de forma tan explícita.

Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos. (I)