CARRETERA

Películas que despertarán tus ganas de hacer un road trip

Desde oleadas de crímenes poco glamurosos hasta vaqueros finlandeses en Estados Unidos, aquí está la lista de películas imprescindibles para ver en un viaje por carretera.

Por Julia Silverberg

Harper's BAZAAR — Ecuador

¡Viaje por carretera! Esas tres palabras encierran uno de los recursos narrativos más efectivos del cine. En muchas de las grandes películas, cuando un personaje emprende un road trip, sabemos que está a punto de vivir un viaje transformador. Aunque suene a cliché, directores como Wong Kar-wai y John Singleton han logrado dejar una huella única en el género. Existen clásicos de culto como Thelma & Louise, al menos una historia inspirada en Twitter ( Zola ) y películas que capturan el espíritu de una generación como Bonnie and Clyde .

Te puede interesar: Estos fueron highlights de Colombiamoda 2026

Mientras un automóvil se pierde en el horizonte y el paisaje avanza tan rápido como la historia, incluso las películas de carretera más divisivas transmiten una intensa sensación de libertad. Es esa emoción que solo surge al subir a un coche y lanzarse a la carretera. Como dijo el escritor John Steinbeck: La gente no hace los viajes; los viajes hacen a la gente.”

A continuación, encontrarás la guía de BAZAAR sobre películas que demuestran que tenía razón.

Happy Together (1997)

Aunque Happy Together comparte su título con el éxito de The Turtles de 1967, la pareja hongkonesa que protagoniza la película está muy lejos de representar lo que su nombre sugiere.

En esta obra de Wong Kar-wai, dos hombres homosexuales viajan a Argentina y terminan deambulando sin rumbo, separados el uno del otro y consumidos por la nostalgia de su hogar. El aislamiento que experimentan y la intimidad que comparten a partir de su historia en común hacen que su relación se convierta en un constante ciclo de rupturas y reconciliaciones, hasta volverse profundamente tóxica. Aunque ambos son igualmente responsables de la dinámica agresiva que mantienen, la química entre ellos deja claro por qué ninguno consigue seguir adelante.

Fiel al inconfundible estilo de Wong Kar-wai, la película deslumbra con una paleta de colores intensos y una fotografía hipnótica que hacen que la ausencia de una trama convencional pase completamente a un segundo plano. No en vano, está considerada una de las grandes obras del cine LGBTQ+ de todos los tiempos.

It Happened One Night (1934)

En una de las escenas de autostop más icónicas de la historia del cine, Ellie Andrews (Claudette Colbert), una joven heredera que huye de casa, se coloca al borde de la carretera y levanta ligeramente su falda, dejando ver su tobillo y parte de la pierna para conseguir que un automóvil se detenga.

Originalmente, esta escena de It Happened One Night, dirigida por Frank Capra, iba a ser interpretada por una doble. Sin embargo, Colbert no quedó satisfecha con las piernas de ninguna de las actrices seleccionadas y decidió rodarla ella misma.

En la película, Ellie intenta reencontrarse con su esposo pese a la oposición de su padre. Durante el viaje conoce inesperadamente a Peter Warne (Clark Gable), un periodista despreocupado que decide acompañarla con la esperanza de conseguir una gran exclusiva. Esta entrañable comedia romántica es una de las pocas producciones en la historia que ha conquistado los cinco premios principales de los Premios Óscar: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actriz y Mejor Guion.

The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert (1994)

A pesar de lo que sugiere el título, Priscilla no es una persona, sino un autobús turístico color lavanda. En esta travesía por el interior de Australia dirigida por Stephan Elliott, dos drag queens y una mujer trans recorren el desierto australiano a bordo del extravagante vehículo. El interior de Priscilla, decorado con estampados de cebra y cortinas de lentejuelas, contrasta con los áridos paisajes que desfilan tras las ventanas mientras el trío intercambia ingeniosos comentarios durante el viaje.

Cuando el autobús se avería, se enfrentan a la hostilidad y la homofobia de algunos habitantes locales, pero también descubren aceptación en lugares inesperados e incluso encuentran el amor en pequeños pueblos. El vestuario, diseñado por Tim Chappel, es por sí solo un motivo para ver la película: desde un vestido confeccionado con chanclas rosas y naranjas hasta un leotardo cubierto de flores amarillo limón.

Con imágenes deslumbrantes y una amistad tan vibrante como sus protagonistas, esta película ofrece una de las primeras y más hermosas representaciones de lo que significa encontrar una familia elegida.

Zola (2021)

Nadie pidió una historia sobre un viaje por carretera de Detroit a Florida. Zola (Taylour Paige), definitivamente, tampoco.

Camarera y bailarina exótica a tiempo parcial en Detroit, Zola acepta la invitación de una clienta llamada Stefani (Riley Keough) para viajar a Florida y trabajar bailando en distintos clubes. Sin embargo, lo que parecía una oportunidad para ganar dinero pronto se convierte en una pesadilla: sin saberlo, termina involucrada en una red de trata de personas dirigida por un proxeneta llamado X (Colman Domingo).

La película está basada en un famoso hilo de 148 tuits publicado por A’Ziah King, cuyos acontecimientos principales, según la autora, ocurrieron realmente. Ese origen hace que la historia resulte tan incómoda como impactante. Toda la trama transcurre en apenas 48 horas, por lo que, si prefieres los road trips cortos, intensos y cargados de humor negro, esta película es para ti.

Fear and Loathing in Las Vegas (1998)

Con un viaje rumbo a Las Vegas y una maleta repleta de sustancias ilegales, esta psicodélica odisea sobre ruedas está basada en la delirante novela de Hunter S. Thompson. Mientras avanzan a toda velocidad hacia la ciudad del juego, Raoul Duke (Johnny Depp) y Dr. Gonzo (Benicio del Toro) consumen drogas a bordo de un descapotable rojo, una combinación que reúne todos los ingredientes de un road movie fuera de lo común.

Como era de esperarse, el viaje pronto deriva en paranoia. Tras destrozar la habitación de un hotel, ambos viven obsesionados con la posibilidad de acabar enfrentándose a la justicia. Después de una serie de encuentros cada vez más extraños con la policía, la espiral de locura no hace más que intensificarse. 

Un usuario de Reddit la describió como “una de las mejores películas que jamás lograré comprender del todo”, mientras que Rolling Stone la definió como “un viaje salvaje al corazón del sueño americano”.

Al final, esta experiencia hedonista a través del desierto de Mojave se sitúa, precisamente, en algún punto entre ambas descripciones.

Thelma & Louise (1991)

Cualquier amistad puede verse reflejada en Thelma & Louise. En este clásico, la decidida Louise (Susan Sarandon) convence a la más tímida Thelma (Geena Davis) de dejar atrás a su esposo abusivo. Juntas emprenden un viaje en un descapotable, con el cabello al viento y la sensación, por primera vez, de acercarse a una auténtica libertad lejos de la vida que conocían.

Pero todo cambia cuando, durante una parada en un bar, un hombre agrede a Thelma y Louise lo mata intentando defenderla. A partir de ese momento, ambas emprenden una frenética huida rumbo a México, vestidas con pañuelos, mezclilla y una determinación cada vez mayor. Aunque el viaje transforma profundamente a las dos protagonistas, es Thelma quien experimenta el cambio más radical. Convertirse en fugitiva le permite descubrir una independencia y una confianza que solo surgen cuando el paisaje cambia constantemente y la vida ofrece una segunda oportunidad.

La escena final de la película, marcada por una persecución de alta intensidad, regala una de las imágenes más memorables de la historia del cine, una que permanece en la memoria mucho después de que aparecen los créditos.

The Hitcher (1986)

En The Hitcher, Jim (C. Thomas Howell) conduce un automóvil a través del país para entregarlo a su destino cuando decide recoger a un autoestopista llamado John (Rutger Hauer), sin imaginar que acaba de invitar a bordo a un asesino. Durante su recorrido por el oeste de Texas, Jim termina siendo incriminado por los crímenes cometidos por John y se ve atrapado en un angustiante juego del gato y el ratón contra un homicida tan impredecible como despiadado.

La película es un thriller ochentero en toda regla y captura a la perfección la tensión que genera compartir un espacio reducido con un completo desconocido. Es una excelente elección para quienes disfrutan del suspenso... o para cualquiera que, después de verla, no tenga pensado hacer autostop —ni recoger desconocidos en la carretera— en mucho tiempo.

Wanda (1970)

Único largometraje dirigido por Barbara Loden, Wanda transcurre entre los paisajes grises de una región minera de Pensilvania, lejos de cualquier idealización del viaje por carretera. Loden dirige y protagoniza la película como Wanda, una mujer que, tras perder la custodia de sus hijos, deambula sin rumbo entre empleos temporales y bares de carretera. En ese recorrido conoce a distintos hombres hasta que termina bajo la influencia de un delincuente abusivo, quien la convence de participar en el robo de un banco.

A pesar de la dureza de su historia, la fotografía —rodada con un estilo cercano al documental— consigue transmitir una belleza silenciosa, con una paleta de colores apagados que resulta tan sobria como hipnótica.

Mientras la sensación de deriva se apodera de ella, la película recuerda que no todos los viajes por carretera necesitan un destino definido; a veces, el verdadero recorrido ocurre en el interior de quien lo emprende.

Paris, Texas (1984)

Dirigida por el cineasta alemán Wim Wenders, Paris, Texas es una de las películas que mejor ha capturado el imaginario del paisaje estadounidense.

Su relato avanza a través de pequeños gestos: escenas filmadas desde el parabrisas de un automóvil bajo la lluvia, limpiaparabrisas en movimiento y rostros reflejados parcialmente en el espejo retrovisor. Más que explicar, la película sugiere. La historia comienza sin apenas contexto. Un hombre aparece en medio del desierto, completamente desorientado y sin recuerdos claros de su pasado. Mientras intenta reconstruir su memoria, se reencuentra con su hijo, quien ha sido criado por su hermano.

Después de ver antiguos videos familiares guardados en la casa de este, comprende que alguna vez vivió una historia de amor con una mujer llamada Jane. Impulsado por ese descubrimiento, emprende un viaje por el suroeste de Estados Unidos con la esperanza de encontrarla. Con guion del dramaturgo Sam Shepard, célebre por su escritura íntima y profundamente americana, Wim Wenders transforma esta historia de búsqueda y redención en un viaje hipnótico, donde la carretera se convierte en un paisaje emocional tan vasto como el propio desierto.

Wild at Heart (1990)

Laura Dern viste un llamativo vestido rosa intenso. Nicolas Cage, una icónica chaqueta de piel de serpiente. En Wild at Heart, el estilo de sus protagonistas es tan inolvidable como la historia de amor que los impulsa a huir. En esta surrealista road movie dirigida por David Lynch, Lula (Dern) y Sailor (Cage) abandonan su hogar para escapar del control obsesivo de la madre de ella, decidida a mantenerlos separados.

Sin embargo, el camino se complica cuando Sailor, un exconvicto recién salido de prisión y fanático de Elvis Presley, se cruza con Bobby (Willem Dafoe), quien intenta convencerlo de participar en el robo de una tienda. Con un ritmo que recuerda al de una telenovela —algo poco habitual en la filmografía de Lynch—, el film ofrece una mirada satírica y delirante sobre la cultura del rock and roll estadounidense, el romance y la ficción pulp.

Tan extravagante como apasionada, esta opción convierte la carretera en el escenario perfecto para un amor dispuesto a desafiar cualquier obstáculo.

True Romance (1993)

Un fanático de los cómics y una ex trabajadora sexual encuentran el amor verdadero en esta versión moderna de Bonnie and Clyde. Alabama (Patricia Arquette) se enamora de Clarence (Christian Slater) y, poco después de casarse, ambos terminan robando accidentalmente un cargamento de drogas al proxeneta de ella. Obligados a huir hacia Los Ángeles, comienzan una frenética carrera para escapar tanto de los mafiosos que los persiguen como de la policía.

A medida que el caos crece, también lo hace el vínculo entre la pareja. Aunque el guion fue escrito por Quentin Tarantino, conocido por imprimir acción y violencia en cada escena, la dirección estuvo a cargo del cineasta británico Tony Scott. Su mirada aporta una sensibilidad distinta al relato, explorando el mito del forajido estadounidense a través de una historia de amor tan intensa como disfuncional. El resultado es una película que combina romance, humor negro, acción y crimen, ofreciendo una perspectiva inesperadamente emotiva dentro del universo narrativo de Tarantino.

Te puede interesar: ¿Qué nos dejó la semana de la moda en Copenhague?

Poetic Justice (1993)

En Poetic Justice, Janet Jackson comparte pantalla con Tupac Shakur en un viaje por carretera rumbo a Oakland. Dirigida por John Singleton como continuación de Boyz n the Hood, la película sigue a Justice (Janet Jackson), una joven poeta que intenta reconstruir su vida después de perder a su novio a causa de la violencia armada. Buscando escapar del duelo, acepta viajar en un camión del servicio postal junto a dos trabajadores, Lucky (Tupac Shakur) y Chicago (Joe Torry), recorriendo la autopista Interestatal 5.

Durante el trayecto, Lucky y Justice comienzan a conectar a partir de las heridas y traumas que ambos cargan, dando paso a una relación marcada por confesiones íntimas y una profunda transformación emocional. Los poemas que Justice escribe y recita a lo largo de la película pertenecen nada menos que a Maya Angelou, cuya voz aporta una dimensión poética y conmovedora al relato.

Más allá de la belleza de sus textos, son las interpretaciones de sus protagonistas las que dotan a esta historia de una intensidad emocional que convierte el viaje en una experiencia inolvidable.

Sorcerer (1977)

Dirigida por William Friedkin, el cineasta detrás de The Exorcist, Sorcerer traslada la acción a Sudamérica para entrelazar las historias de cuatro hombres unidos por una misión prácticamente suicida.

Un mafioso, un terrorista, un asesino a sueldo y un banquero acusado de fraude terminan, por azar, ocultos bajo identidades falsas en un remoto pueblo, intentando dejar atrás los delitos que marcaron sus vidas. Su aparente refugio llega a su fin cuando reciben el encargo de transportar una peligrosa carga de explosivos por cientos de kilómetros de carreteras selváticas para extinguir el incendio de un pozo petrolero. A medida que avanzan, tanto el improvisado camión como el inestable grupo parecen desmoronarse al mismo ritmo.

En el momento de su estreno, la película quedó completamente eclipsada por otro fenómeno cinematográfico que llegó ese mismo año: Star Wars. Sin embargo, tras ser redescubierta por nuevas generaciones de espectadores y críticos, Sorcerer ha recibido el reconocimiento que durante décadas le fue esquivo. De hecho, el propio William Friedkin la consideró siempre la mejor película de toda su carrera.

Drive My Car (2021)

En Drive My Car, Yūsuke, un actor y director de teatro que intenta sobrellevar la muerte de su esposa —y el peso de su infidelidad—, establece un inesperado vínculo con Misaki, la reservada conductora asignada para llevarlo cada día a sus ensayos.

Cuando Yūsuke acepta dirigir una adaptación multilingüe de Tío Vania en Hiroshima, los trayectos de ida y vuelta en automóvil se convierten en el espacio donde ambos comienzan, poco a poco, a enfrentar sus propios dolores. A través de conversaciones marcadas por el silencio, el duelo compartido y los recuerdos, encuentran una forma de reconciliarse con su pasado.

Basada en un relato de Haruki Murakami incluido en la colección Hombres sin mujeres, la película transforma un viaje cotidiano en una profunda exploración sobre la pérdida, la culpa y la posibilidad de sanar. Con una duración cercana a las tres horas, Drive My Car propone un recorrido pausado e íntimo que sugiere que, aunque buscamos consuelo en los demás, las respuestas más importantes suelen encontrarse en nuestro propio interior.

Wild Strawberries (1957)

En Wild Strawberries, el maestro del cine sueco Ingmar Bergman convierte un viaje por carretera en una profunda exploración de la memoria y el paso del tiempo. La historia sigue al profesor Isak Borg (Victor Sjöström), un académico anciano y de carácter orgulloso que emprende un trayecto desde Estocolmo para recibir un reconocimiento de su antigua universidad. Lo acompaña su nuera embarazada, con quien comparte un momento que pronto se transforma en mucho más que un simple desplazamiento.

Gran parte del film transcurre entre sueños, recuerdos y ensoñaciones. A medida que Borg conoce a distintas personas durante el camino, cada encuentro despierta episodios de su pasado y lo obliga a recorrer, de forma paralela, los momentos que definieron su vida. Al enfrentarse a sus decisiones, arrepentimientos y relaciones, el protagonista experimenta una transformación tan silenciosa como profunda.

Aunque su argumento parece sencillo, la extraordinaria capacidad de Bergman para retratar el mundo interior de sus personajes convierte a Wild Strawberries en una de las obras más conmovedoras del cine. A ello se suma un elenco entrañable que aporta humanidad y calidez a este viaje de autodescubrimiento.

Leningrad Cowboys Go America (1989)

Los peinados imposiblemente altos. Las gafas de sol redondas y negras. Los zapatos de punta exageradamente larga. Si has visto Leningrad Cowboys Go America, es difícil olvidar la imagen de sus protagonistas. Y si no, imagina una mezcla entre una banda de hair metal y una invasión extraterrestre.

En esta comedia de culto dirigida por el cineasta finlandés Aki Kaurismäki, un peculiar grupo musical viaja desde Finlandia a Estados Unidos convencido de que allí encontrará el éxito adoptando el sonido del rock and roll. Su aventura comienza en Nueva York, pero pronto son enviados a tocar en una boda en México, iniciando un disparatado viaje por carretera repleto de contratiempos. En el camino se enfrentan a su autoritario representante, pasan una temporada en la cárcel y hasta sufren el robo de su automóvil.

Con su característico humor seco y absurdo, Kaurismäki construye una sátira tan extravagante como entrañable sobre el sueño americano y el mundo de la música. Como guiño para los cinéfilos, la película incluye un divertido cameo del director Jim Jarmusch, quien aparece interpretando a un vendedor de automóviles.

Bonnie and Clyde (1967)

“Esta es Bonnie Parker. Yo soy Clyde Barrow. Nosotros robamos bancos.” Con esa inolvidable presentación comienza Bonnie and Clyde, la historia de una camarera y un exconvicto que terminan convirtiéndose en leyendas de la Gran Depresión estadounidense.

Este clásico de los años sesenta no solo es recordado por el estilo impecable de sus protagonistas, sino también por su intensa representación del deseo, la rebeldía y la fascinación por los forajidos. A lo largo de su viaje, Bonnie y Clyde, junto a su banda, cometen robos, siembran el miedo y dejan un rastro de violencia que revolucionó la forma en que esta se mostraba en el cine.

Con persecuciones automovilísticas electrizantes, atracos tan glamorosos como peligrosos y una estética que marcó generaciones, la película redefinió el género criminal. Su impactante desenlace terminó por convertir a sus dos protagonista en figuras míticas de la cultura popular estadounidense, consolidando esta obra como uno de los títulos más influyentes de la historia del cine.

Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos. (I)