No volvió de golpe ni con un anuncio oficial, pero está ahí. En alfombras rojas, pasarelas, redes sociales y comparaciones silenciosas frente al espejo. El regreso de la extrema delgadez ya no es una percepción aislada, sino una tendencia visible en la cultura del entretenimiento, la moda y el universo digital.
Uno de los casos más comentados —que yo pude observar— fue el de la cantante y actriz estadounidense Ariana Grande. Su evidente pérdida de peso generó una ola de especulaciones hasta que, en 2023, la artista respondió en TikTok aclarando que su apariencia anterior —la que muchos consideraban “saludable”— coincidió con un momento de profunda vulnerabilidad emocional, marcado por el uso de antidepresivos, una alimentación deficiente y el consumo de alcohol.
Sin embargo, tras su participación en las adaptaciones cinematográficas de Wicked, su cuerpo volvió a ser objeto de debate, al igual que los de sus compañeras Cynthia Erivo y Michelle Yeoh, quienes también atravesaron procesos de adelgazamiento. Las comparaciones no tardaron en expandirse hacia otras figuras que años atrás habían sido emblemas del movimiento body positive. Meghan Trainor, por ejemplo, al ser la artista que celebró los cuerpos grandes en All about that bass también adelgazó y llegó a modificar la letra de la canción en presentaciones en vivo, un gesto que muchos interpretaron como síntoma de un cambio cultural más amplio. A esto se suma la popularización de medicamentos como Ozempic, originalmente indicado para la diabetes tipo 2, pero que hoy se usa como soluciones rápidas para perder peso.
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En mi caso, siempre he tenido un mantra claro: no opinar sobre cuerpos ajenos. Pero frente a este panorama resulta inevitable preguntarse cómo hablar de los cuerpos que vemos sin caer en juicios dañinos. ¿Cómo proteger la salud mental cuando estos ideales regresan disfrazados de “bienestar”, “autocuidado” o “disciplina”?
Para la psicóloga clínica Marilyn Lara Rojas, la delgadez extrema ya no se busca únicamente por razones estéticas, sino como una prueba de valor personal. “Para muchas mujeres y jóvenes, el cuerpo se convierte en el único lugar donde sienten que pueden ejercer control en un mundo caótico. Esa vigilancia constante genera una carga mental agotadora: es como tener un pensamiento activo todo el día que nos roba la capacidad de disfrutar el presente”.
Los problemas aparecen cuando la persona cree que la felicidad es alcanzar cierto peso o talla.
Desde la industria de la moda, la stylist y coolhunter Larissa Melo —brasileña radicada en Ecuador, con 16 años de experiencia en la esfera— coincide en que se trata de un fenómeno cíclico. Sin embargo, aunque ella reconoce que en América Latina aún no se manifiesta con la misma fuerza que en las grandes capitales de la moda, advierte sobre su impacto en las generaciones más jóvenes. “Después de tantos años luchando por la inclusión, ver pasarelas con modelos plus size, personas de distintas edades y cuerpos diversos, este regreso es impactante. Te hace preguntarte cómo va a ser la industria de aquí en adelante”.
Las cifras refuerzan esta percepción. Un informe de una revista de moda extranjera reveló que en la temporada primavera-verano 2025 solo una proporción mínima de los looks presentados correspondió a tallas mid-size o plus size. La gran mayoría de las 8.763 salidas se concentró en tallas desde la 0 hasta la 4. Estudios internacionales también muestran que más de la mitad de las modelos profesionales presentan un índice de masa corporal menor a 18,5, entrando en rangos de bajo peso clínico.
La exclusión también se replica en la pantalla. Según un análisis de la USC Annenberg Inclusion Initiative sobre las 100 películas más taquilleras y las 100 series más vistas de 2023 en Estados Unidos, solo el 2,8 % de los personajes con diálogo tenía obesidad, pese a que cerca del 37 % de la población estadounidense vive con esta condición. El problema se intensifica cuando esta estética se cruza con algoritmos y redes sociales. “Cuando una celebridad adelgaza, el efecto se multiplica. La gente intenta imitarlo como sea y se expande de una forma incontrolable”, señala Melo. Además, el algoritmo refuerza el mensaje: quien busca dietas o tips para adelgazar entra en un patrón donde solo recibe más de lo mismo. Un bombardeo constante, en palabras de la brasileña.
Aunque el fenómeno no es nuevo, hoy circula por canales más rápidos y agresivos.
Melo recuerda que, en su adolescencia, tenía amigas que ingerían sustancias peligrosas, como el cloro, bajo la creencia de que “rompía la grasa”. Por eso insiste en que, en estos casos donde este ideal afecta a nuestra salud mental, se requiere de acompañamiento profesional serio como terapia y orientación nutricional, más allá del apoyo de amigos o familiares.
Los años noventa y los 2000 promovieron abiertamente esta cultura con referentes como Kate Moss y frases como “nada sabe tan bien como sentirse delgada”, que glorificaban el cuerpo pequeño como un ideal. Hoy ese discurso parece regresar bajo un envoltorio más amable: salud, elegancia y autocontrol. “El límite más dañino es creer que la delgadez refleja disciplina, éxito o valor moral. Es una mentira peligrosa, hay personas delgadas enfermas y personas en cuerpos grandes activas, disciplinadas y saludables. La delgadez no dice absolutamente nada sobre quién eres”, advierte la psicóloga.
¿Qué podemos hacer para protegernos?
Dejar de seguir también es autocuidado
Cuidar lo que consumimos en redes es una forma concreta de prevención en salud mental. Las profesionales sugieren una limpieza de nuestros contactos y contenido para evitar estas comparaciones. “Hay que buscar referencias que nos expandan y no que nos hagan sentir menos”, sugiere Melo.
La moda es para divertirse
“La moda debería acompañar tu cuerpo, no pelearse con él”, comenta la stylist. Uno de los mayores daños de este regreso a la extrema delgadez es haber convertido a la moda en un sistema de reglas rígidas, cuando en realidad debería ser un espacio de juego y expresión. “Si yo aplicara todo lo que dicen los manuales tradicionales, no podría usar casi nada de lo que me gusta”, dice Melo.
Su cambio fue conceptual. En lugar de adaptar su cuerpo a la ropa, decidió adaptar la ropa a su cuerpo. Para ella, el foco debería estar en las proporciones, no en los llamados “tipos de cuerpo”, una categoría que suele encasillar y limitar.
Ella reconoce que los trucos de estilismo pueden ser útiles —especialmente para zonas del cuerpo que generan incomodidad— pero insiste en que no son una obligación ni una regla moral. “La clave es entender qué te hace sentir bien, qué te representa y qué te permite disfrutar de tu cuerpo hoy”.
No dejes que una talla te defina
Las tallas no son universales ni neutrales: cambian según el país, la marca y hasta la colección. No miden tu valor, tu disciplina ni tu estado de salud. En América Latina, de acuerdo a Melo, no existe un estudio serio que haya servido de base para estandarizar los cuerpos de la región.
Entenderlo como una tendencia, no como tu destino
De acuerdo a la psicóloga, las redes han creado una realidad distorsionada en la que nos comparamos no solo con modelos profesionales, sino con versiones digitales irreales de nosotros mismos. Recordar que esta estética es pasajera puede ser un acto de resistencia.
“Nuestro cuerpo no es una tendencia. Es nuestro hábitat”, concuerda Melo. Ambas aconsejan pensar al cuerpo como medio de transporte, comunicación y expresión, no como tarjeta de presentación ni de aprobación. En un contexto donde la extrema delgadez vuelve a imponerse como ideal, sostener una mirada más amable y realista es una forma de cuidado y, muchas veces, de supervivencia. (I)