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Para entender qué diferencia a la semana de la alta costura del resto de semanas de la moda en París, es esencial detenerse en su origen y en las reglas que la sostienen. Todo comienza con Charles Frederick Worth, diseñador inglés nacido en Bourne, Lincolnshire, considerado el precursor de la alta costura moderna. Fue el primero en presentar colecciones por temporada y firmar sus creaciones, sentando las bases de un sistema que aún perdura. Según The Metropolitan Museum of Art, su ambiciosa autopromoción le valió el reconocimiento como “el padre de la alta costura y el primer modisto”.

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En 1858, fundó en París la House of worth, considerada el primer antecedente de la alta costura moderna. Décadas más tarde, en 1945, esta práctica se formalizó con la creación de la Chambre Syndicale de la Haute Couture. Hoy, la semana se organiza en enero, presentando propuestas primavera-verano, y en junio, con otoño-invierno, bajo la supervisión de la Fédération de la Haute Couture et de la Mode, que impone el nivel más alto de excelencia del sistema de la moda.

Para formar parte, las casas deben cumplir requisitos estrictos. Confección completamente a la medida, un atelier en París con un equipo permanente de artesanos y la presentación de dos colecciones anuales. Más allá de las normas, un comité evalúa su savoir-faire (el saber hacer), consistencia creativa y capacidad técnica antes de otorgar el estatus de haute couture o invitar a desfilar bajo esta categoría.

La semana se desarrolló del 26 al 29 de enero y reunió a 28 firmas que presentaron sus colecciones. Entre los momentos más esperados estuvieron los debuts de Jonathan Anderson al frente de Dior y de Matthieu Blazy para Chanel. También destacó la segunda colección de alta costura de Alessandro Michele para Valentino, así como la primera colección de Armani Privé presentada tras la muerte de Giorgio Armani, un momento cargado de simbolismo para la casa italiana.

Miss Sohee Haute Couture. Primavera-verano 2026. Estrop. Getty Images.
Miss Sohee Haute Couture. Primavera-verano 2026. Estrop. Getty Images.

Germanier Haute Couture. Primavera-verano 2026. Aurore Marechal. Getty Images.
Germanier Haute Couture. Primavera-verano 2026. Aurore Marechal. Getty Images.

Peet Dullaert Haute Couture. Primavera-verano 2026. Aurore Marechal. Getty Images.
Peet Dullaert Haute Couture. Primavera-verano 2026. Aurore Marechal. Getty Images.

Esta temporada comenzó con Schiaparelli, que inauguró la semana con su colección The agony and the ecstasy. Una propuesta que celebró la excelencia artesanal a través de encajes en relieve, plumas convertidas en elementos escultóricos y accesorios inspirados en aves, reafirmando la visión de Daniel Roseberry. Con 30 looks, la pasarela se consolidó como una de las más comentadas de la temporada. Entre las piezas destacadas, un vestido bustier bordado con 65.000 plumas de seda cruda en tonos azul martín pescador y negro, cuya construcción en capas de tul y crin requirió cerca de 8.000 horas de trabajo, sintetizó el virtuosismo extremo de la maison.

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Cortesía
Cortesía Fédération de la Haute Couture et de la Mode.

Ese mismo día llegó Dior bajo la dirección de Jonathan Anderson. La colección, compuesta por 63 looks, puso a las siluetas en el centro del discurso, con volúmenes amplios y formas escultóricas donde lo antiguo dialogó con lo contemporáneo. La inspiración osciló entre la naturaleza y el artificio, ramos de ciclámenes y las cerámicas antropomórficas de Magdalene Odundo, dieron forma a piezas de líneas sinuosas y drapeados delicados. 

“La alta costura es un lente a través del cual puedo examinar el presente, reorganizarlo y volver a imaginarlo”, señaló el diseñador. 

La presencia de figuras clave como John Galliano reforzó el peso histórico del momento, mientras que flores convertidas en accesorios completaron una propuesta que expandió el lenguaje visual.

Dior Haute Couture Week. Gamma-Rapho. Getty Images.
Dior Haute Couture Week. Gamma-Rapho. Getty Images.

Chanel presentó —el pasado 27 de enero— una colección de 55 looks, diseñada por Matthieu Blazy, donde el foco estuvo puesto en los materiales. La camelia, flor emblema de la casa, apareció reinterpretada en cartas, carteras y aplicaciones decorativas, mientras que aves se integraron de forma sutil en la narrativa visual. Aunque la propuesta fue celebrada, también generó críticas por su aparente cercanía a lo cotidiano. Sin embargo, una mirada más atenta reveló la delicadeza de los materiales —sedas, plumas y bordados minuciosos— y de los accesorios como: tacones intervenidos con flores y hongos. Entre lo real y lo onírico, el traje Chanel volvió a funcionar como una segunda piel, evocando una idea simple y luminosa, la libertad.

Chanel Haute Couture. Primavera-verano 2026. Kristy Sparow. Getty Images.
Chanel Haute Couture. Primavera-verano 2026. Kristy Sparow. Getty Images.

Armani Privé presentó una colección de 63 looks marcada por una elegancia clásica, con una paleta de tonos neutros y pasteles que reafirmó el ADN atemporal de la casa. El desfile concluyó con un momento profundamente simbólico, un vestido de novia diseñado por el propio Giorgio Armani, una creación de mangas largas, silueta depurada y bordados circulares de lentejuelas, concebida como homenaje al maestro.

Giorgio Armani Privé Haute Couture. Primavera-verano 2026. Aurore Marechal. Getty Images.
Giorgio Armani Privé Haute Couture. Primavera-verano 2026. Aurore Marechal. Getty Images.

En contraste, Valentino, bajo la dirección de Alessandro Michele, apostó por el teatro y el dramatismo en una presentación que transformó el desfile en experiencia. Un dispositivo inspirado en el Kaiserpanorama (un antiguo mecanismo visual del siglo XIX que permitía observar imágenes una a una), invitó a observar cada look con atención pausada, reivindicando la contemplación en una era de sobreexposición.

Entre bastidores del desfile de Valentino, como parte de Haute Couture primavera-verano 2026. WWD/WWD vía Getty Images.
Entre bastidores del desfile de Valentino, como parte de Haute Couture primavera-verano 2026. WWD/WWD vía Getty Images.

Georges Hobeika presentó 45 looks dominados por tonos rosados, donde materiales excepcionales y un trabajo artesanal preciso acompañaron el movimiento del cuerpo femenino, dando forma a piezas que celebraron fuerza, sensualidad y dignidad. En cambio, Balenciaga y Jean Paul Gaultier estuvieron ausentes esta temporada, al igual que Giambattista Valli, quien canceló su participación poco antes del inicio de la edición. (I)