Brie Zabierek, curadora y fundadora de la tienda especializada en vintage Very Breezy, consigue sus piezas en todas partes. Pero, en lugar de centrarse en el It-item de la temporada pasada —o siquiera de la década pasada—, busca vestidos con flecos de Bob Mackie de los años setenta o delicados slips de encaje Chantilly al bies de los años treinta. En esencia, comercia con lo raro y lo olvidado. Sin embargo, hace poco, mientras revisaba una venta de herencia —su fuente favorita de segunda mano—, se topó con una pieza inusual incluso para sus estándares.
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Era un vestido largo de satén negro con escote corazón pronunciado, bordado a mano y con una banda interna en la cintura que creaba esa “silueta de reloj de arena perfectamente ceñida”. La etiqueta decía Zelda Wynn Valdes. Aunque la modista no es un nombre familiar hoy en día, Zabierek conocía bien su obra: Wynn Valdes vistió para el escenario a figuras icónicas como Ella Fitzgerald, Joyce Bryant, Josephine Baker, Marlene Dietrich y Eartha Kitt. Sus creaciones, cargadas de bordados elaborados y telas suntuosas, eran confeccionadas meticulosamente por un taller de modistas que ella misma dirigía. (La venta de herencia pertenecía a su dueña original, una showgirl de los años cincuenta).
“En mi mente, ella era una figura casi mítica, porque sabía quién era y a quiénes vestía, pero nunca había visto una pieza suya disponible ni expuesta en una institución o museo”, explicó Zabierek, añadiendo que lo que más la cautivó fue el interior del vestido.
“Está en un estado increíble y me fascina poder ver cómo se lograba esa perfección”.
Nacida en 1905 en Chambersburg, Pensilvania, Wynn Valdes desarrolló desde muy joven afinidades creativas tanto por la costura como por el piano. Tras terminar la secundaria, comenzó a trabajar en el depósito de una boutique en White Plains, Nueva York, donde ascendió hasta convertirse en costurera y fue construyendo su reputación.
En 1948 abrió su propio negocio, Zelda Wynn, en Broadway y West 158th Street, en Manhattan. En los años cincuenta inauguró Chez Zelda, en Midtown. Al principio, trabajaba principalmente con socialités y esposas de hombres negros famosos, pero diseñar el vestuario nupcial de Nat King Cole y Maria Ellington impulsó una lista de clientas célebres que la acompañaría toda la vida.
Diseñadora moderna y adelantada a su tiempo, Wynn Valdes coqueteó con el escándalo a través de siluetas sensuales, ceñidas y reveladoras. Acolchaba bustos y empleaba técnicas constructivas ingeniosas para hacer posibles formas que parecían imposibles (espaldas y hombros al descubierto).
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Para la couturière del siglo XX, el glamour era un medio que trascendía los estereotipos. También fue pionera de una colaboración hoy habitual entre celebridades y diseñadores, ayudando a artistas como Fitzgerald y Bryant a construir su imagen. “En muchos casos, fue realmente responsable de crear ese look distintivo que las convirtió en estrellas”, añade Zabierek.
A medida que su fama crecía, Wynn Valdes forjó una relación con Hugh Hefner, participando en la materialización de algunos de los icónicos trajes de las Playboy bunnies y, más tarde, organizando desfiles en el Playboy Club. En 1949 ayudó a fundar la National Association of Fashion and Accessories Designers para impulsar a otras diseñadoras negras. En 1970 comenzó a diseñar vestuario para el Dance Theater of Harlem (fue de las primeras en teñir las mallas rosas de ballet para que coincidieran con el tono de piel de las bailarinas negras).
Su carrera fue extensa y prolífica. Wynn Valdes falleció en 2005, a los 96 años.
Hoy, como ocurre con muchas diseñadoras talentosas —en especial mujeres y personas racializadas—, su nombre ha quedado en gran medida en el olvido, pese a la influencia que ejerció. Sin embargo, en el último año, estilistas han trabajado para revertirlo.
En los Golden Globe Awards de 2025, Law Roach vistió a Zendaya con un vestido naranja a medida de Louis Vuitton, inspirado en uno que Wynn Valdes había creado para Bryant en los años cincuenta. Más tarde, ese mismo año, en la Met Gala, Gigi Hadid, junto a la estilista Gabriella Karefa-Johnson, recreó un vestido metálico de caída baja que había llevado Baker y que fue diseñado por Wynn Valdes.
Su obra también se exhibe en el Smithsonian National Museum of African American History and Culture.
El hallazgo de Zabierek nos recuerda que, más allá del poder de marca que ha mantenido vivos nombres como Christian Dior y Yves Saint Laurent, vale la pena honrar a quienes moldearon la cultura a través de la moda, incluso si no construyeron una gran casa. “Es fantástico que la moda vintage y de archivo esté viviendo este gran momento en la industria”, dice Zabierek.
Por ahora, el vestido significa demasiado para ella como para venderlo. Una pieza tan especial merece un hogar a su altura: uno digno del escenario o de la alfombra roja. (I)
Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.