¿Por qué no… confías en tu intuición?
Hay decisiones que no vienen con garantías. Renunciar a lo conocido, pausar lo que funciona, saltar sin red. Confiar en la intuición no significa evitar el miedo, sino aprender a caminar con él. La vida no promete rutas fáciles, pero muchas veces responde cuando alguien se atreve a escuchar esa voz interna que insiste, incluso cuando todo alrededor invita a quedarse quieto. La valentía no siempre grita, a veces solo susurra “es por aquí”.
¿Por qué no… dejas de editar quién eres?
Desde pequeños aprendemos a ajustar nuestra identidad para encajar, para agradar, para no incomodar. Pero vivir en versión corregida tiene un costo alto. Lo genuino, aunque imperfecto, es lo que realmente conecta, lo que despierta curiosidad y lo que transforma. Existir desde la autenticidad —emocional, corporal, espiritual— no solo libera, también atrae. La posibilidad empieza cuando dejamos de actuar y nos permitimos ser.
¿Por qué no… abrazas el punto medio?
No todo tiene que ser extraordinario para estar bien. Entre el exceso y la carencia existe un espacio habitable donde también ocurre la vida. Aprender a estar —sin euforia constante ni crisis permanente— es un acto de madurez emocional. La calma no siempre es silencio absoluto; a veces es aceptar que sentirse “normal” también es suficiente. Encontrar comodidad en los puntos medios es otra forma de libertad.
¿Por qué no… te trabajas por dentro?
Cuidar el planeta empieza por cuidar la energía propia. El desequilibrio externo muchas veces es reflejo del vacío interno. Cuando una persona se mira, se regula y se responsabiliza de su bienestar emocional, impacta inevitablemente en su entorno. La sostenibilidad no es solo ambiental, también es humana. Trabajarse por dentro es una forma necesaria de regeneración colectiva. (I)
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Este artículo salió originalmente en la edición enero-febrero 2026 de Harper's BAZAAR Ecuador.