Para la princesa Catalina de Gales, el año pasado fue clave en muchos sentidos. Anunció que estaba en remisión del cáncer y, poco después, retomó su agenda pública, reapareciendo ante los reflectores con un aspecto radiante y saludable.
Con su regreso a la escena pública, la moda de Kate volvió a ocupar el centro de la conversación. La familia real recibió un inédito total de tres visitas de Estado de líderes extranjeros —algo que no ocurría desde 1988—, lo que le permitió deslumbrar con vestidos de gala firmados por Sarah Burton para Givenchy, Phillipa Lepley y Jenny Packham. Esta racha de estilismos de alfombra roja sumó una dosis extra de glamour a su vestuario de trabajo cotidiano, compuesto por trajes y conjuntos de sastrería discretamente lujosos.
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Aunque Kate se ha mantenido fiel a su estilo esencial, a lo largo de 2025 se percibió un cambio sutil en su forma de vestir, uno que “transmitía una mayor sensación de gravedad”, señala Susan Kelley, fundadora de What Kate Wore.
“Realmente llevaron los límites más lejos en cuanto a cómo Kate utiliza la moda como parte de su rol más amplio”, afirma Bethan Holt, directora de moda de The Telegraph, en referencia al trío de looks brillantes que lució en los banquetes de Estado.
La Princesa de Gales, a medida que se acerca su etapa como reina, se viste pensando en el futuro. Un ejemplo claro fue su decisión de llevar la Tiara Oriental Circlet de la reina Victoria al banquete de Estado alemán, un gesto cargado de simbolismo, ya que Kate es la primera persona que no es reina ni consorte en portar esta pieza desde que fue diseñada en 1853.
Detrás de las elecciones de vestuario de Kate hay una estrategia clara conforme se aproxima su futuro como reina, explica Holt, quien describe este enfoque como “cada vez más sofisticado y deliberado”. “Hay una evolución lenta y constante en su imagen, pero cuando se compara con hace algunos años, se siente muy distinta. Ahora existe un componente más maduro y sartorial, que refleja el enfoque profesional que ella y William parecen tener respecto a los roles que asumirán en el futuro”.
A comienzos de 2025, se habló mucho de la intención de la futura reina de priorizar el fondo de su trabajo por encima de sus elecciones sartoriales. Para reflejarlo, muchos de los looks diurnos de Kate —a menudo re-wears— “parecían subrayar un esfuerzo por minimizar el énfasis en la moda de la princesa”, manifiesta Susan Kelley. Según señala, Kate se alejó de sus queridos jeans ajustados y optó por trajes sastre en lugar de vestidos. Y cuando sí eligió vestidos, los largos fueron mayores que en años anteriores.
Como embajadora clave de la industria de la moda británica, la decisión de Kate de seguir apoyando marcas del Reino Unido se mantuvo firme en 2025.
Durante el verano, Natasha Archer, estilista de Kate desde hace años, dejó de trabajar con la princesa y no se ha contratado a nadie en su lugar. Kate “parece segura de sus gustos personales y la decisión final siempre será suya, del mismo modo que lo fue para la difunta Queen Elizabeth II”, afirma Holt.
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Eloise Moran, autora de The Lady Di Look Book, considera que el tono de vestir de Kate ha cambiado en el último año, volviéndose más ceremonial, contenido y anclado en la atemporalidad. “Si bien no es especialmente guiado por tendencias ni experimental, la coherencia se ha convertido en una característica definitoria de su imagen pública. En cierto modo, parece intencionalmente poco aventurero: diseñado para tranquilizar más que para expresarse”.
La evolución del estilo de Kate, añade Moran, “se siente menos como una reinvención y más como una encarnación seria del rol”. La elección de vestidos de gala en particular es “cada vez más intencional y más representativa de la institución que se está preparando para encarnar”.
La biógrafa real Sally Bedell Smith afirma que Kate tiene “todo lo necesario para ser una gran reina: es moderna y accesible, pero logra preservar algo del misterio que la monarquía necesita”. Admirada por “su luminosidad serena”, Bedell Smith añade:
“No hay nada polarizante. Es genuina y el público lo sabe”.
Por su parte, la también biógrafa real Ingrid Seward sostiene que el rol de Kate “ha evolucionado de manera gradual, como debe ser. No hay prisa. Ella sabe cómo conseguir lo que quiere”. En cuanto a quién es Kate fuera de su personaje público, Seward añade: “Ojalá supiéramos un poco más de la Princesa de Gales, pero es un libro cuidadosamente cerrado que solo se abre cuando a ella le conviene. Solo vemos lo que quiere que veamos”.
Todo en la órbita real de Kate forma parte de “una estrategia cuidadosamente calibrada”, afirma el comentarista real Richard Fitzwilliams, y señala que “no vivimos en una era en la que sea posible comportarse de manera espontánea”. Esto, por supuesto, se refleja también en sus elecciones de estilo, donde nada queda librado al azar.
Casi 15 años después de su matrimonio y de asumir su rol dentro de la realeza, la seguridad en sí misma de Kate se ha disparado. Fitzwilliams anticipa que, como reina, “Kate será mucho más que una simple figura decorativa”.
Y aunque resulte tentador compararla con una anterior Princesa de Gales —la fallecida princesa Diana—, Fitzwilliams afirma que “las comparaciones con Diana son simplemente ridículas”. Kate es su propia mujer, “plenamente consciente de la necesidad de equilibrar lo tradicional con lo contemporáneo, algo que ha manejado de forma magistral”.
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Kate cumplió 44 años el pasado 9 de enero y la narrativa de moda de su año 43 se contó a través de diseñadores de larga data como: Alexander McQueen, Catherine Walker, Emilia Wickstead, Alessandra Rich y Jenny Packham, junto con nuevos favoritos como: Holland Cooper, Victoria Beckham y Veronica Beard. También hubo piezas de Ralph Lauren, Boden, Self-Portrait y Roland Mouret.
Kate experimentó de forma notable con Dior, Talbot Runhof y Bella Freud.
Finalmente, Rachel Bowie, excopresentadora del popular pódcast Royally Obsessed, describe las elecciones de vestuario de Kate en el último año como “selectivas” y añade que “este año se sintió como una verdadera apropiación de la evolución de su estilo como miembro de la realeza”. “Da la impresión de que se está divirtiendo y abrazando por completo la ‘condición de princesa’”, concluye Bowie. (I)
Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.