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Cortesía Boabab

Fundada en 2016 por Isabella Espinosa, Baobab nace a partir de un giro profesional poco habitual. Formada en Derecho en la Universidad de los Andes, Espinosa decidió explorar el diseño como un nuevo camino creativo y dar forma a un proyecto que, desde sus inicios, estuvo marcado por el uso consciente de retazos de tela y una mirada sostenible sobre la industria. 

En un contexto en el que el ecosistema emprendedor en Colombia aún no tenía la visibilidad ni el impulso que tiene hoy, se presentó como una propuesta innovadora que apostaba por crecer de manera orgánica. “Lo que comenzó como un emprendimiento personal hoy es una empresa con impacto tanto en Colombia como a nivel internacional”, explica Manuela Cadena, coordinadora de prensa y comunicaciones.

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El nombre de la firma no es casualidad. Baobab remite al árbol originario de Madagascar, conocido por su tamaño monumental, su longevidad y su capacidad de adaptarse a ecosistemas complejos. Más allá de su referencia literal, funciona como un símbolo, el árbol de la vida. Una imagen que recoge la idea de circularidad, donde cada etapa —desde el inicio hasta el final— cumple un rol dentro de un sistema más amplio. Esa lectura se traslada a la manera en que la firma concibe la moda: prendas pensadas no solo como objetos, sino como parte de un ciclo que considera materiales, procesos y el impacto que generan.

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Lo que comenzó con una línea de bikinis fue dando paso a una oferta más amplia que ahora se articula entre moda resort y swimwear, con nueve categorías. Vestidos desde siluetas mini hasta maxi, conjuntos, pantalones, prendas de punto (knitwear), propuestas de inspiración deportiva (activewear) y una línea de accesorios. Dentro de esta propuesta, los maxi dresses se consolidan como piezas icónicas y best sellers, con precios que oscilan entre US$ 250 y US$ 300.

“La producción se hace en Colombia, en nuestro centro de producción”, cuenta Cadena. Mientras que los accesorios se desarrollan en colaboración con artesanos del mismo país, en talleres ubicados principalmente en la región andina. Según Manuela Cáceres, brand manager, el ticket promedio de la marca en 2025 estuvo entre los US$ 285 y US$ 300.

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En cuanto a materiales, la firma trabaja con proveedores locales e internacionales, entre ellos casas textiles de Italia, Turquía y China. Dentro de esa exploración, incorporaron materiales de carácter tecnológico y sostenible, como el Econyl, un nylon regenerado que se obtiene del reciclaje de redes de pesca descartadas en el mar.

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Desde 2022, han sacado el Cascade Challenge, una iniciativa desarrollada en el marco de la Baobab Foundation, su brazo social y de impacto. En su edición más reciente, ampliaron su alcance gracias a una alianza con el Latin American Fashion Summit, incorporando también a Argentina y México.

El proyecto comienza con una convocatoria abierta dirigida a diseñadores, artistas y creativos emergentes, quienes trabajan a partir de retazos textiles de la marca. Los ganadores presentan sus proyectos durante el Summit en Miami, donde obtienen visibilidad internacional y acceso a una red regional. 

“La idea es impulsar nuevos proyectos creativos y demostrar cómo materiales que suelen desecharse pueden transformarse en oportunidades reales de negocio”, comenta Cadena.

Sobre sus pasarelas…

Más que desfiles tradicionales, Baobab concibe sus presentaciones como campañas inmersivas, pensadas para trasladar el universo de cada colección a un contexto real. Los escenarios donde se desarrollan, lugares que van desde la India hasta Dubái, funcionan como punto de partida creativo. 

A partir de esa inspiración inicial, el equipo viaja al destino, se sumerge en su cultura, sus colores y su ritmo cotidiano; y construye toda la narrativa visual de la colección. Este proceso se refleja tanto en las siluetas como en la paleta cromática. “Buscamos combinar el degradé, que es parte del ADN de Baobab, con los colores y las sensaciones que descubrimos en cada viaje —dice Cadena—, siempre tomando elementos del lugar que nos resultan valiosos para traducirlos de forma respetuosa”.

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Actualmente, desarrollan cuatro colecciones principales al año: Spring/Summer, High Summer, Fall/Winter y Resort, a las que se suman uno a dos lanzamientos adicionales, generalmente durante el verano o al cierre de temporada. Cada colección cuenta con entre 75 y 90 referencias. Detrás de este proceso trabajan más de 120 colaboradores, en su mayoría mujeres, que forman parte del engranaje creativo y productivo que sostiene cada lanzamiento.

Baobab está presente en 33 países alrededor del mundo, con una red que combina puntos de venta físicos y plataformas digitales como: El Corte Inglés y Revolve. Se comercializa en más de 150 boutiques, de las cuales 18 pertenecen al segmento luxury. A esto se suman seis tiendas propias, ubicadas en Bogotá, Cartagena, Miami, Nueva York, Barranquilla y Cali.

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Experiencias completas

En su tienda de Cartagena, integraron un Coco Bar, donde se sirven bebidas para los clientes. Mientras que, Bogotá dio un paso más al inaugurar Coco, un restaurante ubicado junto a su tienda principal. Bajo el concepto Comida compartida, comida colorida, comida contemporánea, el proyecto nace como una extensión natural del universo de la marca. “Siempre quisimos que la experiencia no terminara en la prenda, que comprar Baobab también fuera un momento para compartir”, indica Cadena. 

Con un concepto inspirado en la cocina mediterránea y pensado para disfrutarse en grupo, el restaurante refuerza una idea central, no se definen solo por prendas, sino por las experiencias completas que proponen. (I)