PORTADA FERNANDO ECHEVERRÍA.

El estudio del diseñador Fernando Echeverría se encuentra en el corazón de Praga, a orillas del río Moldava. Cerca del Teatro Nacional, en un histórico edificio, se aloja SmetanaQ, un proyecto de diseñadores que busca combinar arte, diseño contemporáneo y gastronomía desde 2017. 

Aunque la entrevista la realizamos de forma virtual, la imagen me permite ver un poco de su atelier, ubicado en el primer piso del lugar. El espacio, completamente abierto y bañado por la luz que se filtra a través de una gran ventana, muestra el río Moldava, el Castillo de Praga y la Torre Petřín. Este lugar está lleno de pequeñas piezas que hablan por sí solas. Zapatos escultóricos colgados en la pared, modelos de madera de pies, miles de retazos de cuero y una mesa donde Fernando deja que su creatividad fluya. Cuando conversamos, lleva puesto su delantal, como si estuviera listo para crear esas piezas que cruzan la línea entre arte y moda.

En sus manos viaja una tradición familiar de más de tres generaciones. Sus dos abuelos eran de Cotacachi, una ciudad andina reconocida como la “Capital del cuero” de Ecuador. Allí, donde la economía y la cultura giran en torno a la marroquinería y la talabartería, su abuelo Elio Ruiz fue un pionero en nuevas técnicas para el manejo de este material.

FERNANDO ECHEVERRÍA  - ATELIER
Fernando Echeverría en su atelier. Foto: cortesía. 

Ruiz falleció cuando Fernando tenía cinco años, pero aun así conserva memorias de su taller. Fue ahí donde nació su obsesión por esta labor. “Recuerdo pasar temporadas allá, ver los atardeceres, los locales, escuchar las conversaciones de los mayores hablando de productos y carteras. Cuando él falleció, se perdió todo su know-how. Mi mamá nunca pensó que alguien seguiría esa rama”. En esa época, la mayoría de familias de la comunidad buscaban que sus hijos siguieran otras profesiones.

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Hijo menor de tres hermanos, Fernando ríe mientras recuerda su decisión de estudiar diseño de productos en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). “Fui la oveja negra de mi familia. La carrera era demasiado abierta, uno terminaba siendo todólogo de nada, así que quise especializarme”. Gracias a un amigo checo que conoció en la universidad, decidió a los 24 años viajar a este país europeo y fue aceptado en la Academia de Artes, Arquitectura y Diseño de Praga para estudiar una maestría.

Ahí se especializó en footwear and fashion design y reencontró su conexión con el cuero. Para él, es un material noble que ha acompañado al ser humano desde sus orígenes. “Nos ayudó a caminar, a mantenernos calientes, a protegernos del clima. Es extremadamente flexible y se le pueden aplicar infinidad de técnicas. Es irremplazable”. Durante sus prácticas, con un maestro zapatero de lujo, comprendió la precisión y el respeto que exige este oficio.

FERNANDO ECHEVERRÍA  -axeabag
Bolso Axea. Foto: cortesía. 

A pesar de las dificultades del idioma y la distancia, Echeverría hizo de Praga su hogar. Mientras estudiaba, enseñaba español y, para culminar su carrera, presentó una colección de zapatos y vestidos inspirada en los Andes, con el apoyo de artesanos otavaleños. La colección formó parte de la Mercedes-Benz Fashion Week Budapest en 2015. Desde entonces, sus creaciones han sido reconocidas internacionalmente y exhibidas en plataformas de élite como Designblok, la Bienal Iberoamericana de Diseño en Madrid y las semanas de la moda de Praga, Berlín y Budapest. Ha recibido la medalla de plata en los A’ Design Awards de Italia y sus diseños fueron publicados en el calendario internacional Shoes Page-A-Day de Workman Publishing de Estados Unidos. 

Cuando hablamos sobre su estilo, Fernando asegura que es algo que se debe ver más que explicar. “Mi trabajo habla por sí solo. Tengo un estilo atemporal y mis creaciones no siguen tendencias; se mueven entre el arte y la moda. No siento que mi trabajo sea ecuatoriano o checo: soy yo”. Aunque en un inicio el 80 % de sus piezas eran zapatos, la pandemia lo llevó a expandirse hacia bolsos, maletas, accesorios y joyería. Trabaja con cuero proveniente de Italia y Europa que pasa por una curtiembre de origen vegetal. Este proceso utiliza taninos —ingredientes activos de árboles y plantas— para transformar la piel en un material resistente, duradero y biodegradable.

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Zapatos Mosaico de Fernando Echeverría. Foto: cortesía. 

Entre sus piezas destacan el bolso Fragaria, reconocido por su complejidad técnica al crear su propio plisado de cuero, y los zapatos Mosaico, elaborados con más de 50 tiras de cuero de colores. Su proceso creativo, mucho más intuitivo, se aleja del clásico uso de moodboards que se asocia a los diseñadores en la moda. “Depende mucho de lo que diga mi intuición. Las mejores ideas vienen cuando camino o voy en el tranvía. Las imágenes que llegan son construcciones del subconsciente”. Sus zapatos Kubista, inspirados en Praga y su arquitectura, son ejemplo de ello.

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Los precios de sus piezas varían desde los US$ 75 por un charm hasta US$ 1.300 por un bolso. Cada diseño se realiza completamente a mano y, en el caso de los zapatos según el modelo, puede requerir un mínimo de 40 horas de trabajo meticuloso. La geometría y los patrones, explica, le permiten conectar con ese lado andino que late en sus manos. 

Echeverría trabajaba en minicolecciones de piezas únicas y limitadas. En temporada alta —de mayo a diciembre— cuenta con dos asistentes, aunque prefiere trabajar solo. Durante los meses restantes, abre su taller al público, invitando a las personas a conocer su proceso e incluso a aprender a crear sus propios zapatos. Sus clientes son en su mayoría extranjeros: alemanes, ingleses, franceses y también ecuatorianos. Mientras conversamos me comenta que acaba de enviar unos zapatos a Australia y China. 

FERNANDO ECHEVERRÍA - mercedes benz fashion week budapest
Fernando Echeverría en el Mercedes Benz Fashion Week Budapest. Foto: cortesía. 

Viaja dos veces al año a Ecuador y su parada obligatoria es Cotacachi. Su madre, que nunca imaginó que alguien continuaría el oficio familiar, donó las herramientas y troqueles de su abuelo al Museo de las Culturas de la ciudad. Echeverría conserva algunas que, de acuerdo con sus palabras, las utiliza como un recuerdo, un amuleto que lo guía en sus creaciones. 

“Yo pienso mucho en la epigenética. Creo que llevamos una memoria genética y emocional de lo que nuestros antepasados han vivido. Estoy seguro de que tengo algo de mi abuelo. Cuando tengo una duda técnica, creativa o existencial, en silencio le pregunto cómo lo resolvería… Puede sonar un poco esotérico —dice entre risas—, pero siempre llega una respuesta”. (I)