La marca conversó con Harper’s BAZAAR Ecuador sobre su esencia y su apuesta por piezas atemporales, hechas con cuero curtido vegetal y pensadas para durar. ¿Qué las hace distintas? Defienden el valor del tiempo, el que toma curtir el cuero de forma vegetal, el que exige perfeccionar un diseño y el que permite que cada bolso envejezca con estilo.
Detrás de la firma está Alejandra Calvache, quiteña de 36 años, gerente y cofundadora de una empresa que nació en 2016, tiempo después de que regresara de Alemania, en donde cursaba una maestría. Allí conoció el concepto del social business y se animó a emprender, pero con propósito:
“Un negocio rentable que también generara impacto”.

Sus padres son de Ambato y su abuelo fue zapatero. Creció entre historias de cuero y talleres. Recordaba también a Quisapincha, conocida por su tradición marroquinera. Decidió empezar por ahí. Buscó artesanos, tocó puertas y lanzó su primera colección. Eran cuatro productos básicos —una mochila, dos bolsos y una billetera— pensados para mujeres que valoran lo clásico y lo funcional. Para ella, en Ecuador había talento en manufactura, pero hacía falta elevar el diseño y los acabados.
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La prueba fue una feria, en diciembre de ese mismo año. El resultado confirmó su intuición. Las piezas llamaban la atención por su sobriedad y su estética. No eran accesorios de temporada. Eran objetos para quedarse. Hoy, 10 años después, Haku suma alrededor de 350 productos entre bolsos, mochilas, cinturones, billeteras, monederos y, desde hace un año, zapatos para hombre y mujer. Produce cerca de 100 piezas mensuales y trabaja con ocho talleres ubicados en Quito, Ambato, Cotacachi y Cuenca.
El sello distintivo de la marca está en el material.


El cuero curtido vegetal toma su tiempo
Mientras gran parte de la industria utiliza cuero curtido con cromo —un proceso más rápido y económico—, Calvache optó por el curtido vegetal para sus accesorios. La diferencia no es menor. El primero puede estar listo en pocas horas. El vegetal, en cambio, requiere aproximadamente una semana en tambores que giran con extractos naturales, explica Calvache. En este caso, se emplean —quebracho y mimosa—, cortezas y plantas que reemplazan químicos agresivos.
El resultado es un cuero más natural, teñido con anilinas y protegido con una capa de cera. No tiene recubrimientos plásticos ni acabados sintéticos. Por eso necesita cuidados, una gota de agua puede dejar marca. Un rasguño también. Sin embargo, esas huellas forman parte de su carácter, añade Calvache. Con el uso, el material desarrolla una pátina, un brillo propio que lo vuelve único. Cada bolso envejece de manera distinta según su dueño y su trato. Cada pieza cuenta su historia.


Además, el proceso vegetal reduce el impacto ambiental y evita posibles alergias asociadas al cromo. En el caso del calzado, la marca trabaja con cuero disponible en el mercado nacional. La línea nació por pedido de sus propios clientes, interesados en complementar sus accesorios con zapatos de la misma identidad y que sean clásicos, versátiles y bien hechos.
"No soy diseñadora, pero es mi gusto”
El proceso creativo de los accesorios comienza con bocetos hechos por la propia Alejandra. Con el tiempo aprendió a dibujar sus ideas y a trabajar de la mano con los talleres hasta lograr el producto final. Cada modelo puede tardar hasta tres meses entre pruebas y ajustes. “La relación con los artesanos se basa en la confianza”. Haku provee el cuero, los forros —muchos traídos de Brasil— y los cierres, importados desde Colombia. Los talleres aportan su experiencia en manufactura.
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No todo fue sencillo. En aquel entorno se pueden replicar modelos y se convirtió en algo común, por eso proteger la identidad se vuelve un reto. Aun así, esta emprendedora confía en que la diferencia está en los detalles, los materiales, los acabados y el control de calidad. Calvache explica que la marca no responde a tendencias efímeras. Sus clientes no buscan el accesorio del momento, esto es una inversión a largo plazo. Son hombres y mujeres de distintas edades —desde jóvenes hasta “abuelitas”— que valoran la calidad, la historia detrás del producto y el consumo responsable.

La marca se define por líneas minimalistas, colores neutros y diseños atemporales. Son piezas que funcionan tanto para la oficina como para el día a día, sin excesos ni adornos innecesarios. “Haku” significa “vamos” en quichua. Para esta empresaria, es una invitación a avanzar y a visibilizar el trabajo de la marroquinería ecuatoriana con estándares internacionales.
Lo que se viene para 2026
Este año la firma se enfocará en fortalecer su presencia local. En abril abrirá un nuevo espacio detrás del Estadio Olímpico Atahualpa, en Quito. Allí funcionará su propio taller, con un artesano de planta encargado de producción y reparaciones. La idea es que los clientes puedan ver cómo se trabaja el cuero, arreglar sus piezas (sin importar la marca) y entender el valor que hay detrás de cada una.
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El espacio también ofrecerá talleres para el público. Grupos de amigos podrán crear su propio tarjetero o billetera. Se paga el costo del producto más un valor adicional por la experiencia. Además, la marca ya realiza personalización en vivo con iniciales para eventos corporativos. En paralelo, prepara una cápsula de carteras con cuero de pelo y nuevos diseños de calzado. A mediano plazo, el objetivo es retomar la exportación. Haku ya ha enviado productos a Alemania y a Estados Unidos en sus primeros años y ahora busca dar ese paso con un proceso más estructurado. Calvache propone accesorios que acompañan, resisten y evolucionan con quien los lleva. (I)