Tendencias

¿Cuál es el futuro de las casas de moda y la alta costura?

Entre recesión, rotación acelerada de directores creativos y presión corporativa, la alta costura enfrenta una transformación profunda.

Por Emilia Palacios Mosquera

web_casa moda z 2500x1500 px_ — web_casa moda z 2500x1500 px_

La última semana de enero, París volvió a colocar la palabra couture en todas las agendas. Entre los desfiles de Chanel, Dior, Schiaparelli y otras maisons, se presentaron nuevas tendencias y los debuts de varios directores creativos. Pero más que una temporada de primavera-verano 2026, lo que apareció fue una pregunta incómoda: ¿la alta costura, tal como la conocimos, está entrando en su etapa final o simplemente atraviesa una transición forzada por la economía y el algoritmo?

Entre 2019 y 2026, el sector despidió a figuras icónicas como Karl Lagerfeld, Virgil Abloh, Alber Elbaz, Giorgio Armani y Valentino Garavani, mientras las grandes casas protagonizaban lo que la industria bautizó como el “juego de las sillas”. Directores creativos entrando y saliendo a una velocidad inédita: solo en 2023 se registraron 31 cambios y en septiembre de 2025 debutaron simultáneamente 12 nuevos creativos. ¿Puede una maison sostener su identidad cuando los arquitectos de su ADN desaparecen y las decisiones creativas responden cada vez más a la supervivencia?

Contenido relacionado: ¿Se están consumiendo menos artículos de lujo en el mundo?

Para Carolina Abril, docente y diseñadora de moda ecuatoriana, la respuesta empieza por aceptar que la haute couture ya no ocupa el mismo lugar que hace 10 o 20 años. “Estamos en recesión, cambiando como humanidad y como sociedad; la moda siempre evoluciona con lo social. Todo lo que ocurre en la humanidad se refleja en la vestimenta". En ese contexto, la alta costura —según Abril— atraviesa una etapa de transición y de progresivo desvanecimiento como figura central y matriz de las demás líneas de moda.

En 2020, The Fashion Law recogía datos de la Fédération de la Haute Couture que estimaba que existían unas 4.000 compradoras de alta costura en el mundo, de las cuales alrededor de 200 eran clientas realmente regulares. Plataformas de moda estimaban que un vestido puede costar entre US$ 20.000 y US$ 30.000 para el día y superar fácilmente los US$ 100.000 en piezas de noche o de novia. 

A una escala mucho mayor, los informes de Bain & Company y Fondazione Altagamma de 2025 calculan que los bienes personales de lujo —bolsos, zapatos, prêt-à-porter, relojes, joyería y belleza— concentran alrededor de 350 millones de consumidores y generan cerca de US$ 400.000 millones al año. Mientras que diversos estudios de mercado estiman que, frente a esto, la alta costura apenas factura alrededor de US$ 1.000 millones anuales. Una cifra que confirma su condición paradójica: 

Un negocio diminuto en volumen, pero enorme en influencia simbólica.

Harper's BAZAAR Hong Kong. Getty Images.

A Abril le preocupa observar cómo las últimas colecciones de Dior y Chanel se deslizan visualmente hacia registros más cercanos al prêt-à-porter, incluso cuando el trabajo artesanal sigue siendo elevado. La diseñadora ambateña señala que la teatralidad, los volúmenes extremos y la espectacularidad que definían a la alta costura están apareciendo cada vez más en desfiles de líneas comerciales. Si esta tendencia se consolida, advierte, la costura quedará confinada al terreno de la “obra de arte”, mientras el prêt-à-porter asumirá el rol del nuevo lujo, de la nueva alta costura.

Larissa Melo, diseñadora y stylist, coincide en que la categoría atraviesa una reconfiguración profunda. Para ella, lo que está en juego es la propia estructura del “poder creativo” de la moda, históricamente sostenido en la herencia, la autoría y el tiempo largo necesario para construir universos visuales. Ese pacto —sostiene— se está rompiendo. La recesión del lujo en 2024-2025, la presión de los conglomerados y la aceleración digital han convertido a la alta costura en un laboratorio cada vez más instrumental.

Según el último informe Bain-Altagamma, el mercado global del lujo personal vivió en 2024 su primer gran frenazo en 15 años (excluida la pandemia), con un crecimiento que osciló aproximadamente entre −1 % y +1 %, además de los primeros signos de contracción real en varios segmentos. La base global de clientes de lujo se redujo de unos 400 millones en 2022 a alrededor de 350 millones en 2024. Un estudio citado por Forbes hablaba incluso de una “luxury lethargy”: precios percibidos como desproporcionados y cansancio ante narrativas repetidas.

Contenido relacionado: ¿Existe haute couture en Ecuador?

En este escenario, Melo interpreta los cambios en la alta costura menos como una “renovación genuina” y más como una reacción defensiva. “Antes se hablaba de tradición y herencia. Hoy muchos de estos movimientos no parecen tan auténticos, sino empujados por razones corporativas”. La haute couture, concebida históricamente para clientas privadas, hoy también se diseña para viralizarse: cómo funcionará en video corto, qué impacto tendrá en las líneas comerciales, cuánto tráfico generará en redes… Esa doble condición —laboratorio creativo y herramienta de marketing— define, según ella, el presente del formato.

¿Renovación o juego de pánico?

La pregunta inevitable es si la rotación constante de directores creativos es señal de vitalidad o de pánico. Para Abril, no se trata únicamente de una reacción desesperada para conectar con nuevas generaciones, sino una conexión que se tenía que entablar. 

“Chanel ya incluye mucho a influencers de todo el mundo, incluido a Latinoamérica, donde no están presentes sus casas de moda, pero hace que sea global. El que esté conectado a través de estas celebridades hace que veamos a la marca más alcanzable”.

Sin embargo, también cuestiona la velocidad del proceso de rotación. Construir un lenguaje visual coherente para una maison toma tiempo: entender su ADN, dominar sus materiales, interpretar sus códigos y límites. Un director que permanece uno o dos años alcanza, con suerte, a desarrollar cuatro o seis colecciones. “No es suficiente para llegar a la esencia de la marca”, señala.

Melo coincide con el plazo de los directores. Con ciclos tan cortos, resulta difícil generar la repetición necesaria para construir un relato sólido. “Antes las casas creaban tendencias; hoy muchas reaccionan a tendencias que nacen en redes”. Cuando se exige impacto inmediato en cada drop, la moda se expresa en gritos aislados, pero pierde la capacidad de sostener una conversación a largo plazo.

Frente a la duda de si el fin de la era Lagerfeld-Armani-Valentino abre espacio para voces diversas o simplemente para una nueva generación de hombres europeos más jóvenes, Abril desplaza el foco. Más que aspirar a que un latinoamericano dirija una gran casa europea, a la diseñadora le interesa que las marcas latinoamericanas construyan sus propios imperios. Que la internacionalización llegue a través de diseñadores que ya trabajan al mismo nivel de propuesta y construcción europea, pero desde códigos propios. “No le debemos nada al diseño de afuera”. 

Por su parte, Melo coincide: el talento está listo, lo que falta es que la estructura de poder del lujo se abra lo suficiente para reconocer lo latinoamericano no solo como inspiración, sino también como dirección. (I)