La respuesta a la pregunta que le da título a este texto se responde de manera rápida y clara: Sí, la gente con más recursos, los ricos, están consumiendo menos artículos de lujo. Esto —en revisión desde la pandemia por parte de empresas encargadas de hacer estadísticas sobre consumo— evidencia lo incuestionable: hay personas con mucho dinero que prefieren gastar su capital en otras cosas.
Y sí, la moda y los accesorios son parte de este fenómeno. Las grandes marcas siguen liderando, una prueba de que la tradición sigue siendo fuerte, pero ya no es una garantía. 10 casas de lujo, encabezadas por Louis Vuitton, Chanel, Gucci y Dior, concentran cerca del 80 % de las búsquedas globales. Aun así, el escenario es hoy mucho más complejo.
Te puede interesar: ¿Existe haute couture en Ecuador?
De acuerdo a datos recopilados el tercer trimestre de 2025, de una encuesta a 500 personas realizada por la empresa de investigación Altiant —revisados e interpretados por la consultora de lujo MAD, con sede en París—, el 25 % de las personas con alto patrimonio neto tiene la intención de gastar menos en moda de diseñadores durante 2026. Este reporte ha sido subdividido en categorías y los porcentajes reflejan una constante en la industria: en el caso de artículos de lujo hechos en cuero, solo quisieran acceder a estos productos un 30 % de los encuestados; en el terreno de las joyas, el porcentaje sube al 32 % y si se habla de relojes, esto se eleva al 44 %.
Si se comparan estos números a los de 2019, queda claro que algo está sucediendo: en seis años, la cantidad de compradores adinerados que están dejando de comprar objetos y artículos de lujo sigue en aumento. En 2019, ese porcentaje llegaba al 15 %; hoy, son 10 puntos más.
¿Hay una explicación para esto? En palabras de Veronique Le Bansais, directora de MAD, en una nota de Miles Socha para Women Wear Daily, los datos dicen que el gasto discrecional ha disminuido y que, si bien sigue existiendo interés por parte de estos consumidores con altos recursos, hay mucha más cautela y son más selectivos.
“La tendencia no va en la dirección correcta”, dijo Le Bansais.
En términos generales, las marcas de lujo han visto decaer sus niveles de compras en esta década. A fines de 2024, un informe de Bain & Company, afirmaba que 50 millones de clientes habían dejado de comprar bolsos, relojes y prendas de diseñador desde 2022. Para Marie Driscoll, analista bursátil especializada en el sector de compras de lujo, como le dijo a la revista Fortune, el problema para la industria es que no se ha reinventado en los últimos años. “Hay que hacer productos más inspiradores, crear una experiencia de compra maravillosa. Hay que acercarse a los consumidores desde un nuevo ángulo, sorprenderlos y deleitarlos”, dice Discoll.
En el estudio de Altiant queda claro que el sector de viajes de lujo es el que sale mejor puntuado en las aspiraciones de las personas adineradas. “Se confirma el cambio de los bienes de consumo al lujo experiencial”, dijo Jean Revis, cofundador de MAD, en una entrevista. En otras palabras, la inflación, el cansancio de los consumidores ante los precios y la pérdida de un sentido de exclusividad han cambiado las expectativas de los compradores.
Entender ese consumo desde Ecuador
Datos sobre cómo se consumen estos productos son complicados de obtener, pero el mercado de consumos de lujo en Ecuador existe y suele tener un espacio en tiendas especializadas en centros comerciales. Para Sergio Acosta, director de servicio al cliente en Worldpanel by Numerator, de Kantar —la compañía consultora global de análisis de datos—, ese puede ser un punto de origen para entender esta relación en el mercado ecuatoriano.
Datos de la Superintendencia de Compañías reflejan que —en 2024— las tres compañías que manejan la mayoría de las marcas de lujo que se ofertan en el país facturaron US$ 26 millones. Hay un mercado para estos productos. Sin embargo, eso viene con una particularidad y es que esta reflexión inicial no puede ser entendida tan a la ligera sin reconocer el tiempo en el que se vive y las posibilidades del comprador. “El consumidor es cada vez más crítico porque tiene más acceso a información y, obviamente, prueba algo, lo experimenta y si no le gustó, no lo va a recomprar”, dice Acosta.
Lee también: Seis tendencias que marcaron la Copenhague Fashion Week
Esta característica ya es transversal en todos los clientes, sin importar su condición socioeconómica. Lo que existe es un fenómeno que se explica a través de la “polarización”: una segmentación analítica que sirve para analizar un tipo de consumo que busca el ahorro y se enfoca en ofertas económicas de productos básicos, para luego, ocupar ese dinero que no se ha gastado en consumos premium, que es el de marcas que ofrecen productos y servicios que están muy por encima del precio promedio.
Pero para que adquirir eso premium hay que aceptar lo que Acosta ofrece como un hecho: “Las marcas de lujo o no de lujo tienen que volver a reconectar con las nuevas generaciones, porque lo que ahora quiere el usuario ya no es lo mismo de antes. Se espera que cumpla la promesa de valor, de estatus". (I)