De los seres de cangahua. Foto: Edgar Dávila Soto
De los seres de cangahua. Foto: Edgar Dávila Soto Foto: Edgar Dávila Soto

Felipe Jácome Reyes construyó un universo que se puede tocar. El escultor ecuatoriano recibió al equipo de Harper’s BAZAAR en su hogar, ubicado en las faldas del Ilaló, donde también tiene su estudio. Su casa está llena de esculturas que, poco a poco, parecen contar las ideas y los mundos que se agitan en su mente y que luego toman forma a través de sus manos. A sus 45 años, Jácome Reyes vive, literalmente, sobre el material con el que hace su arte.

Cangahua proviene del quichua y significa “tierra dura”. Es un material volcánico endurecido y estéril que se encuentra en ciertos sectores de la sierra ecuatoriana. Es una mezcla, por así decirlo, de sedimentos y ceniza volcánica transportados por el viento o el agua y que, con el paso de los años y el peso de otras capas de suelo, se cementaron hasta volverse casi un ladrillo natural.

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El primer contacto de Jácome Reyes con este material fue cuando construyó su casa, pero descubrió sus posibilidades escultóricas jugando con su hija. Le dio un bloque de esta tierra y una herramienta para que lo tallara; y ahí entendió que esa “tierra dura” podía ser un cuerpo sensible. Cuando ingresé a su estudio, un espacio que mezcla la magia de vitrales de colores con máquinas y herramientas propias de un taller de obra pesada, encontré grandes bloques de esta tierra que ya han mutado en pequeños seres. Son las figuras que dieron vida al proyecto “Ser Cangahua”, desarrollado junto al escultor Daniel Espinoza.

De los seres de cangahua. Foto: Edgar Dávila Soto
Foto: Edgar Dávila Soto

Quiteño y nacido en el barrio La Gasca, Jácome Reyes proviene de una familia de artistas. Su padre, músico y director de proyectos orquestales, y su madre, pintora, lo mantuvieron desde niño entre instrumentos, lienzos y pigmentos. Aunque en un inicio pensó que su vida estaría ligada a la música, decidió estudiar Artes en la Universidad Central del Ecuador durante un año. Ahí se enamoró de la escultura, de la idea de dar volumen a las ideas. En 2004, viajó a Argentina para continuar sus estudios, donde permaneció cuatro años, combinando materias de escultura con talleres independientes y cursos de animación y videomapping (que hoy son su fuente de trabajo).

De los seres de cangahua. Foto: Edgar Dávila Soto
Foto: Edgar Dávila Soto

Este artista llegó al Valle de Los Chillos hace varios años, después de haber creado “El Santuario”, un taller que fundó junto a otros escultores y que buscaba ofrecer soluciones en volumen. Aquí realizan desde logos en resina para empresas hasta estructuras de luz para grandes eventos. Con el tiempo, el Ilaló —un volcán inactivo cargado de historias y espiritualidad para las comunidades de la zona— se convirtió en un eje de su obra. En el lugar, circulan leyendas sobre una puerta en la montaña que se transforma en un portal custodiado por criaturas místicas y detrás de este hay bloques de adobe que pueden convertirse en oro, según la codicia de quien los tome. 

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A partir de esos relatos y de la experiencia de vivir sobre esta tierra, junto con su colega, decidieron “inventar” una civilización: los seres que emergen de un portal en la montaña para hablar de problemáticas sociales, políticas, ecológicas y espirituales. “Queríamos que la montaña hable, por eso inventamos una arqueología especulativa de unos seres que nacen de ahí”. El resultado son 30 piezas trabajadas en este material, presentadas a finales de 2025 en una muestra que combinaba escultura, relato oral y territorio. Para darles forma, trabaja con herramientas eléctricas como la amoladora y el dremel directamente sobre los bloques de este material, que se desprende del Ilaló. 

De los seres de cangahua. Foto: Edgar Dávila Soto
Foto: Edgar Dávila Soto

Hay situaciones que marcan el proceso

Durante los primeros pasos del proyecto, su hermano Bernardo falleció en una carrera en la montaña. Esa pérdida marcó de forma profunda su trabajo y atravesó el universo de “Ser Cangahua”. Algunos de estos seres crecen, literalmente, desde el corazón, como si esa tierra dura guardara el duelo, la memoria y la posibilidad de volver, de algún modo, a la tierra. 

El trabajo de Jácome Reyes siempre ha estado vinculado —de alguna manera— con este deseo de regresar a mirar nuestra historia, la tierra, lo que somos y los rastros que dejamos. “Si nos morimos y encuentran nuestros restos arqueológicos, ¿qué contarían de nosotros?”. Su primera exposición, Petrificación, en 2020, trató de responder esa inquietud. Así creó fósiles de elementos cotidianos que habitan nuestra vida: un interruptor de luz, una herramienta, teclas de piano, todo tallado en piedra que traía de sus viajes. 

También están trabajos que sigue produciendo, como sus seres que miran las estrellas: figuras en madera reciclada que levantan la cabeza hacia el cielo, recordándonos que cuando miramos las estrellas vemos siempre el pasado y que, al fin y al cabo, estamos hechos de polvo de estos astros. En ellos, el uso de madera botada funciona como gesto contra la tala indiscriminada y como una práctica de conciencia ecológica. 

De los seres de cangahua. Foto: Edgar Dávila Soto
Foto: Edgar Dávila Soto

Hoy, luego de más de 10 años de recorrido en esta esfera, siente que los escultores tienen algunos retos en su trabajo. Entre ellos, un mundo que avanza rápido. Ahora hay impresoras 3D y herramientas que tallan la piedra más rápido que una mano humana. Él, por ejemplo, ha incluido la inteligencia artificial en su proceso creativo para generar bocetos y animaciones, pero tallar sigue siendo una forma de resistencia.

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Para cerrar la entrevista, le pregunté cuál era su material favorito, pero al momento de ver nuevamente a estos seres, cambió su respuesta a la cangahua, aunque la definición lo califique como un material estéril, para el escultor está llena de vida. “Siempre amé la piedra porque carga millones de años de historia, pero esta tierra me dio otra cosa, algo más emocional y vivo”. En su taller, da la sensación de que el tiempo se detiene. Mientras talla, el mundo parece ponerse en pausa y en ese intervalo suspendido es donde se halla su arte. (I)