Conocemos a Joe y Angela, el matrimonio protagonista de la nueva película de A24, The Invite, interpretados por Seth Rogen y Olivia Wilde, a través de un montaje de recuerdos que los muestra riendo y mirándose con cariño. Luego, una secuencia acompañada por la balada sesentera “I’m Confessin”, de Fabienne Delsol, nos traslada al presente: Joe regresa a casa tras un agotador recorrido por San Francisco en su bicicleta plegable, mientras Angela cruza la ciudad haciendo recados.
Desde el inicio queda claro que la rutina matrimonial ha apagado la chispa de su relación, algo que se subraya con un epígrafe de Oscar Wilde que aparece en pantalla:
“Uno debería estar siempre enamorado. Esa es la razón por la que nunca debería casarse".
Ahora Joe y Angela son padres. Sus vidas, antes despreocupadas, han dado paso al cansancio y a una convivencia marcada por la rutina, donde el sexo parece un recuerdo lejano. Sus conversaciones giran únicamente en torno a su hija de 12 años (que nunca aparece en pantalla porque está en una pijamada) y a los ruidosos encuentros sexuales de los excéntricos vecinos del piso superior.
Pero esa noche promete ser diferente. Angela ha invitado a cenar a Pina (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton), quienes, efectivamente, son esos peculiares vecinos de arriba. Así queda preparado el escenario para una obra de cámara de 107 minutos en la que los cuatro personajes, de temperamentos explosivos, chocan durante una cena cargada de tensión emocional.

The Invite, dirigida por Olivia Wilde y escrita por Rashida Jones y Will McCormack, está basada en la película española Sentimental (2020), escrita y dirigida por Cesc Gay, quien originalmente concibió la historia como una obra de teatro. La película encuentra una estrecha afinidad con ¿Quién teme a Virginia Woolf?, el clásico de Mike Nichols de 1966. En aquella legendaria cinta, cuatro actores de enorme talento comparten una cena y varias copas, dando lugar a una convivencia explosiva que oscila entre la intimidad y el enfrentamiento constante.
Un director menos experimentado podría haber desequilibrado la delicada fórmula que hizo de ¿Quién teme a Virginia Woolf? un referente, pero Wilde mantiene el foco en sus personajes, permitiendo que los diálogos brillen con réplicas afiladas y que el elenco disfrute de un intercambio verbal rápido e ingenioso. Como ocurre en cualquier buena cena, el verdadero termómetro de la película está en la calidad de las conversaciones.
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La actitud entre Joe y Angela impulsa con fuerza el inicio de la película. Desde el primer momento ambos se enfrentan verbalmente. Mientras Seth Rogen y Olivia Wilde disfrutan interpretando ese resentimiento contenido, Pina y Hawk, por decirlo de manera sencilla, hablan sin rodeos. Apenas llega, Hawk señala de inmediato la tensión que se respira en el ambiente e incluso intenta tranquilizar a Joe y Angela asegurándoles que a ellos “les encantan los ambientes conflictivos”.

The Invite aprovecha al máximo la tensión de su escenario cuando las dos parejas se dividen dentro de la casa: Pina acompaña a Joe a fumar un porro en su estudio, mientras Hawk recorre con Angela el apartamento, decorado con un perfeccionismo casi neurótico. Ella le explica cada detalle, desde las baldosas vintage del baño hasta los tres tonos de azul con los que quiere pintar el dormitorio, colores que Joe ni siquiera es capaz de distinguir.
La tensión se construye gracias a los diálogos ágiles de Will McCormack y Rashida Jones, la banda sonora cargada de ansiedad de Dev Hynes y el montaje que alterna rápidamente entre ambas parejas. Cada rincón de la casa parece estar impregnado de una incomodidad creciente. Pina y Hawk no tardan en sacar a la superficie el deseo sexual insatisfecho de Joe y Angela mientras recorren la vivienda. La propia casa está llena de detonantes emocionales: un piano que Joe se niega a tocar porque se considera un fracasado; un disco con una canción de amor que escribió para Angela (Hawk intenta reproducirla y Joe pierde la paciencia); y el dormitorio, aún sin pintar ni renovar, un espacio que claramente ha quedado relegado a un segundo plano.
La tensión finalmente se rompe cuando, tras varias rondas de tequila, Hawk y Pina hacen su propia invitación: tener sexo en grupo. De pronto, las interminables discusiones desaparecen. Joe y Angela se apresuran a refugiarse en el estudio para hablar a solas, compartiendo un intercambio lleno de energía en el que hablan y se ríen al mismo tiempo mientras intentan asimilar la propuesta.
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Cuando regresan a la sala, su lenguaje corporal ha cambiado por completo. Ahora existe una cercanía física evidente entre ellos, sentándose más juntos mientras Pina y Hawk relatan algunas de sus experiencias sexuales en grupo, desde los “menús sexuales” que reciben en convenciones hasta una fiesta de cumpleaños con 10 participantes. Es entonces cuando aparece el último destello de amor —y de complicidad— entre Angela y Joe, justo antes de que todo comience a desmoronarse.
Lo que distingue a The Invite de una comedia sexual convencional es la forma en que la ira y la tristeza genuinas se entrelazan delicadamente con los diálogos ingeniosos. Después de que Joe se cae y se lesiona la espalda —tras un torpe intento de encuentro íntimo con Pina—, Hawk pronuncia un monólogo sobre cómo su primera esposa murió antes de que él le permitiera abrirse emocionalmente. Es uno de los momentos más inesperados y conmovedores de la película.
Esa profundidad también explica por qué, cuando Joe y Angela finalmente enfrentan lo que Pina diagnostica como un “matrimonio muerto”, el impacto resulta tan real. Las bromas desaparecen de golpe y, por primera vez, la casa queda completamente en silencio. Los últimos y serenos minutos de The Invite nos dejan junto a Joe y Angela, contemplando cómo una sola noche caótica ha deshecho por completo la vida que habían construido juntos.
El espectador termina disfrutando del humor de la película, pero también profundamente conmovido por el peso emocional de la historia. Mientras la pareja toca el piano en silencio, resulta imposible no empatizar con estos dos amantes llenos de conflictos y desear que, aunque estén lejos de ser perfectos, logren volver a encontrar el amor, tanto el uno en el otro como en sí mismos.
Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos.