Para María del Carmen Vivas, la creación nunca tuvo un objetivo decorativo. Desde el inicio, su obra estuvo ligada a una necesidad vital: sobrevivir emocionalmente. Esta guayaquileña —de 41 años— perteneció a la primera generación del Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE), donde se especializó en pintura y escultura. Posteriormente, estudió Artes Liberales en Austin, Texas. Una experiencia que fortaleció su interés por la investigación filosófica y el uso de la teatralidad como herramientas conceptuales dentro de su práctica artística.
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Su formación continuó en Barcelona, España, donde participó en un taller internacional de arte contemporáneo, que reunió a estudiantes de diversas nacionalidades, lo que para Vivas se transformó en un intercambio crítico y cultural entre distintas miradas. Así, fue formándose como artista visual (pintura y escultura) y fotógrafa. En 2016, dejó atrás otros proyectos y su vida de oficina, para dar paso al dibujo. En momentos de crisis emocional, según Vivas, la pintura se convirtió en un refugio, un lugar seguro que dio origen a su proyecto: Fluffy World. Se trata de pintar desde la necesidad, desde un gesto meditado y honesto.
“Me di cuenta de que todos cargamos algo pesado en la vida y necesitamos de cierta suavidad para seguir adelante”.
De ahí surge una de las ideas centrales de su obra: la suavidad no como alivio, sino como estrategia de supervivencia. Uno de los rasgos más reconocibles de su trabajo es el gesto repetitivo de pintar “pelito por pelito”, de ahí surge el término Fluffy. Las piezas pueden tomar meses y nunca se trabajan de forma aislada, ya que requieren de “un proceso lento, minucioso y profundamente entregado”. Lejos de ser solo una técnica, se trata de una forma de cuidado hacia la obra y hacia quien la recibirá. Vivas explica que hay pausas, momentos de contemplación y frustración. “Llegar a un lugar honesto implica tocar cosas que normalmente no quieres tocar”. Por eso, pintar no siempre es un espacio de calma, sino de confrontación.


En Chill Pills, —una de sus series— la artista introduce una contradicción deliberada: lo tierno convive con lo incómodo. Pastillas que aluden a la salud mental, un tema todavía silenciado en gran parte de Latinoamérica, se presentan de forma suave, casi juguetona, obligando al espectador a detenerse para repensar su relación con el dolor, la ansiedad y el cuidado emocional.
En cambio, con Fluffy Crowns, el foco se desplazó hacia el poder, el estatus y la autoridad. Las coronas aluden, tradicionalmente, a fortaleza o dominio, pero aquí aparecen cubiertas de suavidad, evidenciando su fragilidad. Su obra cuestiona esas certezas impuestas y las devuelve al espectador en forma de contradicción visual.
“Creemos que cuando llegamos al poder lo tenemos todo, pero eso puede desaparecer en un segundo”.
Tras la muerte de su padre, con quien mantenía un vínculo profundamente cercano, aparecen imágenes de barcos de papel flotando en el agua, que se mojan, pesan y se hunden. Así nació Beyond Softness, desde un lugar más vulnerable, con una tensión entre belleza y tristeza. “Si tuviera que definirme con una sola palabra, sería ‘creadora’”, dice a Harper’s BAZAAR Ecuador. La relación que mantiene hoy con su obra es —según ella— la más honesta que ha tenido en toda su vida. No hay discursos impuestos ni ornamentos innecesarios, solo un diálogo directo entre ella y el lienzo; y eso se siente cuando alguien observa su trabajo.

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Después de exhibir en Ecuador —en AQ Quito, MAD Galería y Casas Project—, la obra empezó a circular y a generar conversaciones inesperadas, con una respuesta que llamó la atención de un galerista internacional (Angello Melo, Verse Art Gallery), quien le ofreció representación y la impulsó al circuito de ferias en Estados Unidos. Ese camino se consolidará del 7 al 11 de enero, cuando sus piezas se presenten en el LA Art Show, en Los Ángeles, y en Palm Beach (del 28 de enero al 2 de febrero), un momento clave en su carrera que también fue recogido por el medio estadounidense Los Angeles Post, que la destacó en la imagen de apertura de una nota sobre la feria, como una artista que “explora una feminidad delicada y poderosa a la vez”. Para Vivas, más que una validación externa, esta etapa confirma una convicción profunda sobre su trabajo:
“No habla de una cultura específica ni de un solo género. Habla de emociones que todos compartimos”.
Actualmente, ninguna de sus series está cerrada. Chill Pills, Fluffy Crowns y Beyond Softness siguen abiertas con nuevas piezas, aún más personales, que están en proceso. La única constante es la honestidad con la que aborda cada etapa. Mientras su universo se expande y cruza fronteras, la esencia permanece intacta: una práctica que incomoda, contiene y acompaña. Suave, pero no frágil. (I)