En 2025, hubo un hilo conductor que unió a los mejores álbumes del año: la idea de hogar.
Eso podía significar que un artista regresara a los sonidos que marcaron su infancia en Puerto Rico, o que revisara los géneros que definieron sus primeros éxitos para mirarlos desde una perspectiva renovada. También podía traducirse en noches sin dormir en casa, atravesando la vida como padre primerizo, o en madrugadas dedicadas a pensar en un matrimonio que no resultó como se esperaba. Para algunos de los músicos destacados en esta lista, en cambio, lo que más se parecía a un hogar podía ser la pista de baile, el club o incluso la guía de ancestros espirituales.
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A medida que los artistas exploraron estos temas a lo largo del año, jugaron con una amplia variedad de géneros: desde art rock experimental hasta reggaetón, pasando por pop orquestal de tintes artísticos y neo soul. Fue un año electrizante para la música, con lanzamientos que marcaron lo mejor de la carrera de auténticos pesados de la industria, junto a propuestas notables de estrellas emergentes.
A continuación, te presentamos nuestra selección de los álbumes favoritos de 2025, con lanzamientos de Bad Bunny, Rosalía, Addison Rae, FKA Twigs y más.
Debí tirar más fotos, Bad Bunny

2025 fue el año de Bad Bunny. No solo fue anunciado como el próximo artista del show de medio tiempo del Super Bowl y se consolidó, por cuarta vez, como el artista más escuchado del mundo en Spotify, sino que lanzó la que hasta ahora es su declaración artística más contundente.
Debí tirar más fotos es una carta de amor a Puerto Rico, en la que el artista nacido como Benito Antonio Martínez Ocasio vuelve a sus raíces. Desde la salsa teñida de sepia que se transforma en un reggaetón contundente en “NuevaYoL”, hasta el desamor silencioso que recorre la guitarra punteada de “Turista”.
DtMF es una experiencia de escucha deslumbrante y profundamente personal. Benito toma los sonidos de su tierra natal y los moldea a su antojo, superponiéndolos con sus habituales rimas ingeniosas y su canto melódico, al tiempo que se sumerge en su propio pasado. El resultado es un quiebre sonoro, una revolución política y un regreso íntimo al hogar: el sonido de uno de los artistas más grandes del mundo en el punto más alto de su carrera.
Lux, Rosalía

Escuchar Lux es una experiencia sagrada, tanto literal como figurativamente. Para su cuarto álbum de estudio, Rosalía se inspiró en las historias de santas a lo largo de la historia y emprendió un viaje personal para diseccionar su espiritualidad a través de figuras canonizadas como Juana de Arco y Rabia Al-Adawiya.
El resultado es el trabajo más ambicioso de la cantante española hasta la fecha. Canta en 14 idiomas distintos, colabora con leyendas como Björk y Estrella Morente; y aporta una sensibilidad clásica al Top 40 con la ayuda de la London Symphony Orchestra, que firma la instrumentación en cada una de las canciones.
Desde su deliciosamente feroz ajuste de cuentas con un ex en “La Perla” hasta su sobrecogedora interpretación operística en “Mio Cristo Piange Diamanti”, Rosalía sigue manteniéndonos al filo del asiento y elevando el estándar para todos los álbumes pop que vendrán.
Baby, Dijon

El tema que ocupa la mente de Dijon está explícito desde el título de su segundo álbum de estudio, Baby. Después de que él y su esposa, la estilista Joanie Del Santo, dieran la bienvenida a su primer hijo —un niño—, el productor y multiinstrumentista comenzó a explorar qué significa ser padre.
El disco se abre como una carta dirigida a su hijo, en la que Dijon relata cómo él y Del Santo se enamoraron. Pero pronto se transforma en una oda expansiva y experimental dedicada a su esposa, donde canta sobre verla quedar embarazada y dar a luz, alternando declaraciones ardientes con la sugerencia de tener otro hijo más adelante.
A lo largo de sus 12 canciones, el crooner de R&B cuestiona sus propias carencias y duda de su capacidad como padre, pero encuentra una calma reconfortante al saber que tendrá a su esposa a su lado. Baby no solo es uno de los mensajes más singulares de la música contemporánea —tanto en lo lírico como en lo sonoro— sobre la paternidad temprana, sino también una de las cartas de amor más bellas jamás dedicadas a una pareja.
West end girl, Lily Allen

En su quinto álbum de estudio, la cantautora inglesa presenta su primera colección de canciones en más de siete años y tiene mucho que decir. Construido como una especie de flujo de conciencia, Allen narra la disolución de su matrimonio con el actor de Stranger Things David Harbour, difuminando las fronteras entre realidad y ficción, pero sin escatimar en detalles afilados.
Todo comienza con una relación abierta que acaba derivando en mentiras, discusiones y bolsas de supermercado repletas de juguetes sexuales descubiertas por accidente. A lo largo del disco, Allen despliega un abanico de emociones complejas con una franqueza refrescante. Aquí vemos a una mujer enojada, herida, confundida y en proceso de seguir adelante, pero aún capaz de encontrar destellos de humor y luz. Es un álbum de divorcio destinado a perdurar.
Getting killed, Geese

Getting Killed no busca ser comprendido con facilidad. Es una obra de rock experimental que, a menudo, desconcierta y exige mucho de quien la escucha. Pero cuando se le da tiempo, la recompensa es inmensa. El cuarto álbum de estudio de la banda estadounidense marca su primer lanzamiento tras la salida del guitarrista Foster Hudson. Aun así, como cuarteto, Geese demuestra que la química sigue intacta y en abundancia.
Cada canción avanza por un camino distinto: desde el coro arrollador de apertura en Trinidad —donde el vocalista Cameron Winter grita “There’s a bomb in my car!”— hasta el frenesí creciente del cierre “Long Island City Here I Come”. El disco desafía los géneros, resulta enigmático y majestuoso, y aunque puedan aparecer ecos del rock del pasado, la verdadera grandeza de Geese radica en que su sonido es absolutamente singular.
Essex honey, Blood Orange

Bajo el nombre artístico de Blood Orange, Dev Hynes lleva años creando un R&B cinematográfico y su producción etérea se despliega como la banda sonora de su juventud en su quinto álbum de estudio, Essex Honey. En un intento por procesar el duelo tras la muerte de su madre, Hynes vuelve la mirada hacia su crianza en el condado inglés que da título al disco, dando forma a un proyecto que salta entre tiempos y paisajes sonoros.
A lo largo del recorrido convoca a varios amigos célebres —Lorde, Caroline Polachek, Mustafa y Daniel Caesar— para participar en algunas canciones, aunque la historia es inequívocamente suya. Estas viñetas muestran al compositor y productor cuestionando su existencia, buscando sentido y enfrentándose a una pérdida profunda. Aun así, pese a la melancolía del tema central, también es un álbum sobre cómo se crece a partir del dolor y contiene algunas de las obras más cautivadoras de Hynes hasta la fecha.
Addison, Addison Rae

Pocos habrían imaginado que Addison Rae se convertiría en la gran revelación indie pop de 2025. Hasta que lanzó “Diet Pepsi”. Con sus sintetizadores atmosféricos, capas de falsete casi susurrado y una referencia a las bebidas gaseosas que habría hecho sonreír a Lana Del Rey, la canción dejó claro que la estrella nacida en TikTok iba muy en serio.
Antes de que alguien pudiera descartarla como una casualidad, Rae presentó la ensoñadora “Aquamarine”, la entrecortada “High Fashion” y la irresistible “Headphones On”. Con la ayuda de sus productores, Elvira Anderfjärd y Luka Kloser, terminó construyendo una de las declaraciones artísticas más audaces y cohesionadas del año. En Addison, la protagonista no solo demuestra que está lista para el estatus de monónimo, sino que también libra una pelea sorprendentemente sólida por el primer puesto entre la nueva generación del pop.
Moisturizer, Wet Leg

Cuando Wet Leg debutó en 2022 se ganó rápidamente un lugar gracias a su escritura excéntrica, su humor sardónico y un sonido áspero inspirado en los noventa, lo que las posicionó como uno de los proyectos más estimulantes del indie rock contemporáneo. Ahora, con el lanzamiento de un segundo álbum de estudio expansivo y la incorporación de Josh Mobaraki, Henry Holmes y Ellis Durand como miembros oficiales, la banda resulta aún más embriagadora.
Cada aspecto de Moisturizer atrapa desde el primer momento, desde su inquietante arte de portada —nominado al Grammy— hasta sus paisajes musicales desbordantes. Sin embargo, quizá su mayor acierto sea que, bajo estos sonidos listos para estadios, se esconden letras que exploran con sutileza el amor queer, desde la picardía de “Pillow talk” hasta la belleza de “11:21.” Es imposible no divertirse escuchándolo, pero estas canciones también abrazan una dosis de sentimentalismo, desafiando con audacia los límites del rock.
Eusexua, FKA Twigs

El concepto detrás del tercer álbum de estudio de FKA Twigs era tan singular que la artista tuvo que inventar una palabra para capturarlo. Eusexua —que Twigs compara con el instante previo al orgasmo— continúa ampliando una discografía sencillamente deslumbrante. El álbum parece hecho a la medida del club, ese espacio donde, por un momento, lo único que importa es bailar hasta olvidar los problemas y conectar con un desconocido perfecto.
Escucharlo se siente como un estado de euforia constante, gracias a las voces angelicales de la cantante británica y a su devoción inagotable por retorcer, estirar y fragmentar cada sonido que cae en sus manos. Como toda gran noche, Eusexua termina demasiado pronto, dejándote con el deseo inmediato de volver a alcanzar ese punto más alto.
Mayhem, Lady Gaga

En Mayhem, Lady Gaga regresa al sonido oscuro e industrial pop que marcó sus primeros álbumes, pero lo hace desde un lugar completamente distinto. Esta Gaga sí atendería el teléfono si sonara en medio de la pista de baile, probablemente porque la llamada vendría de su nuevo prometido, Michael Polansky.
A través del synth pop, rock, funk, música disco y más, vuelve a enfrentarse al tema de la fama —un eje central de su obra desde el debut—, aunque ahora navega el reflector acompañada por el gran amor de su vida. En el corazón de estas canciones sobre la muerte, la celebridad, la identidad y el deseo late una celebración rotunda del amor. Gaga nunca había sonado tan feliz y el resultado son algunos de los hits pop más afilados de toda su carrera.
The art of loving, Olivia Dean

Cuando Olivia Dean canta, parece llegada de otra época. Con su voz sedosa y su pop de raíz soul, la joven artista inglesa aporta una sensibilidad vintage al mainstream, evocando a figuras como Jorja Smith y Sade. Canciones como “Nice to Each Other” y “So Easy (To Fall in Love)” podrían encajar con la misma naturalidad en una rocola clásica que en un clip de TikTok, y por eso se ha convertido en una de las grandes revelaciones del año.
Sin embargo, lo que realmente distingue a The Art of Loving es la precocidad de Dean. Con apenas 26 años, suena sabia más allá de su edad, tanto en lo lírico como en lo vocal. Sus canciones destilan existencialismo y melancolía, emociones que persisten mucho después de que se apaga la música. Aquí, Dean traza su propio mapa de las múltiples formas del amor y, en el proceso, ofrece a sus oyentes mucho para amar.
Through the wall, Rochelle Jordan

En 2025, muchos de los mejores álbumes del año nos invitaron a bailar, pero quizá ninguno lo logró con tanta eficacia como Through the Wall de Rochelle Jordan. Con una entrega que remite al ballroom, Jordan se desliza con absoluta soltura sobre su impecable pop bailable, desde la vertiginosa “Ladida” hasta la sensual “Bite the Bait” y la glitchy “Eyes Shut”.
No se trata de que estas 17 canciones sean más intensas que cualquier otra cosa allá afuera, sino de la maestría con la que Jordan domina su oficio. Cada tema fluye hacia el siguiente sin fisuras, sin necesidad de un DJ, y tras una hora de éxitos ininterrumpidos, solo queda la urgencia de volver a sudarlos una y otra vez. Cuando Jordan cierra el álbum con la frase “I’ll be around”, es una promesa en la que resulta imposible no creer. (I)
Este artículo se publicó originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.