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¿Por qué nos cuesta tanto repetir ropa?

El miedo a repetir ropa tiene raíces culturales, sociales y digitales. Expertas analizan cómo las redes sociales, el consumo acelerado y el “qué dirán” influyen en nuestra relación con la moda y por qué repetir outfits debería dejar de verse como algo negativo.

Por Estefanía Córdova

Harper's BAZAAR — Ecuador

Detrás de la polémica y los mitos se encuentran varias posturas. Tenemos por un lado el estigma social y el miedo a ser juzgadas. Por el otro, algunas celebridades se privan de hacerlo porque no causarían el mismo impacto que portar algo nuevo. Otras, en cambio, repiten con la finalidad de ser menos superficiales y demostrar cercanía. Hay quienes lo usan como una herramienta de memorabilidad y reconocimiento. Anna Wintour, con sus famosas gafas y cabello corto, hace poco repitió una silueta de Chanel en la MET Gala. O incluso personajes ajenos a la industria —como Mark Zuckerberg— consideran que tener un “uniforme” diario aporta eficiencia y evita la fatiga que existe detrás de estas pequeñas decisiones. 

¿Por qué no podemos repetir outfits

Esta pregunta ronda mi cabeza y seguro la de muchas de ustedes cuando desbaratamos el clóset antes de alguna reunión o evento. Es casi tan normal como la frase: “No tengo nada que ponerme”. Sucede que, desde la cultura popular, se nos impuso el concepto del “qué dirán”. Por ejemplo, recuerdo la escena en “The Lizzie McGuire Movie” de 2003 donde su némesis, Kate Sanders, se burla de que Lizzie utiliza el mismo vestido celeste del baile de primavera para el día de su ceremonia de paso de secundaria a bachillerato, humillándola ante sus compañeros. Esa pequeña escena incrustó por primera vez en mi mente, de apenas siete años, que tal vez repetir un look no era “bien visto”. 

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Tengo recuerdos de salidas de compras con mi mamá o con mis amigas antes de algún evento, donde se volvía casi un ritual encontrar algo lindo para estrenar. No siempre con el fin de sobresalir, sino para evitar que nos vean vestidas igual que en otras ocasiones. Al llegar a los tradicionales bailes de secundaria, todas las chicas teníamos un vestido nuevo. Recuerdo también el impacto de las redes sociales durante mi adolescencia, en aquella época tan nuevas y ahora tan presentes en nuestras vidas. Desde que las usamos, cualquier outfit se inmortaliza en alguna fotografía que cargamos a nuestros perfiles, incrementando así, la ansiedad y la presión social por no repetirlo tan seguido. O si lo hacemos, nos privamos de compartir nuevamente. Sin embargo, ahora me encuentro en internet con una infinidad de consejos y técnicas que demuestran cómo aprovechar las prendas del clóset y multiplicar la cantidad de combinaciones que se pueden realizar con pocas cosas.

Carolina Ospina, diseñadora de modas y asesora de imagen colombiana, con más de 15 años de experiencia en Ecuador, Colombia y México, reconoce que un factor característico y casi intrínseco a ella es que, al adquirir una nueva prenda, siempre piensa en más de una opción para combinarla. Con su estilo de vida dinámico y siempre en movimiento, aprendió a empacar lo justo, incluyendo piezas clave que representan su estilo y que pueden combinarse entre sí, sin que sus looks se vean idénticos todos los días. Ella considera que las personas se aburren de su ropa pronto o piensan que está “mal repetir” porque se ven “exactamente iguales” a ocasiones pasadas y no conocen cómo darles una nueva vida. Según Ospina, los pequeños cambios y ajustes hacen una gran diferencia: un peinado nuevo, otros accesorios o incluso un distinto estilo de maquillaje pueden darle un aspecto totalmente nuevo y refrescante. 

“Yo no le digo a mis clientas que compren más ropa, sino que vayan a su clóset y miren de qué otra manera pueden utilizar lo que ya tienen”. 

Les deja la tarea de armar cinco opciones con una misma prenda, promoviendo la creatividad y las maneras inusuales de reutilizar lo que ya tienen y salir de la monotonía. “Hace una semana, dentro de un espacio que creé en stories para dar tips a mis seguidoras, alguien me preguntó cómo combinar un pantalón animal print y les compartí cuatro fotos de cómo estilizarlo”, dice Ospina, explicando que su seguidora respondió que nunca imaginó que existían más maneras de combinarlo. Para la experta, mientras la persona conozca a mayor profundidad qué le gusta, qué le sienta bien y qué desea comunicar, es infinito lo que puedes hacer con tu propio ropero. 

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En la época de nuestros padres y abuelos, no repetir ropa era una señal de estatus económico. Tener variedad se asociaba con una mejor posición social y así nació esta idea de que repetir un look estaba mal, más por presión cultural y el “qué dirán” que por necesidad real. Según Ospina, aunque este fenómeno cultural sigue pasando de generación en generación, hoy es menos marcado. Antes era más entendible por la falta de información y herramientas. Ahora, con todo al alcance de un clic, esa idea empieza a cuestionarse más.

Cortesía de Cristina León.
Cortesía de Cristina León.

Para la diseñadora de modas y docente Cristina León, con más de 11 años de trayectoria en la industria ecuatoriana, este juicio sobre la reutilización de prendas pudo iniciar en la antigüedad, cuando existía una diferencia marcada entre clases sociales. Aquellos que tenían la capacidad adquisitiva podían innovar constantemente, mientras que la gran mayoría o el pueblo tenía que conformarse con sus pocas piezas que cuidaban o reparaban para alargar su vida útil. Para esa época, el ser repetitivo se consideraba un signo de precariedad o incluso de no estar al día con las tendencias más lujosas y distintivas. 

La moda antes cambiaba de forma gradual entre décadas, pero hoy las tendencias y las microtendencias aparecen y desaparecen en semanas por el consumo acelerado y las redes sociales. Para León, este ritmo “no es ético con nuestro entorno ni con el planeta”, por eso decidió acercarse más a su propio criterio. Además, defiende que “no debería importarnos repetir algo si eso nos hace felices”. Es mucho más valioso atesorar las prendas que con tanto esfuerzo adquirimos, explica en una entrevista con Harper's BAZAAR Ecuador. “Recuerdo cómo una clienta se emocionó cuando le sugerí que hiciéramos su vestido de grado en dos piezas, y sonrió porque se dio cuenta que podría reutilizar el top con un par de jeans”. León, a través de sus procesos de slow fashion, participa activamente desde la cita con su cliente hasta los más minuciosos detalles del diseño, patronaje y confección. Le llena de ilusión ver cómo sus prendas no se quedan perchadas en un armario, sino que se repiten y se reinventan en múltiples ocasiones. 

Cortesía de Cristina León.
Cortesía de Cristina León.

Ambas expertas coinciden en que hoy estamos expuestos a ideas de outfits todo el tiempo en redes sociales. Para ellas, estas inseguridades son producto de una presión social instalada desde hace generaciones, que incluso condiciona cómo mostramos nuestra vida en plataformas digitales. Dentro de los cambios que podríamos considerar positivos en la actualidad, está el surgimiento de propuestas que nadan a contracorriente y responden a estas preguntas y prejuicios con un toque de creatividad. Se empezaron, por ejemplo, a viralizar, compartir, guardar y pinear las mejores fórmulas para crear un clóset cápsula curado a nuestros gustos y necesidades, donde cada pieza se puede combinar entre sí, sin importar cuantas veces se reutilice. 

Este cambio de percepción se evidencia en el crecimiento de recomendaciones de bloggers e influencers. Según Ospina, si bien las plataformas son un espacio lleno de ideas y tips que nos permiten inspirarnos, a veces terminan por saturarnos de información, ya que existen tantas técnicas —el sudoku, el clóset cápsula, los cálculos…—, que terminamos en el mismo punto donde iniciamos: confundidos y sin saber qué ponernos. Por esto, además de su afinidad por la estética, siente una fuerte inclinación hacia la construcción del estilo personal.

Ospina creó un método de imagen asertiva basado en tres pasos para comprar y reutilizar ropa de forma más consciente: 

  1. Entender el propio estilo de vida y priorizar prendas útiles para las actividades diarias.
  2. Definir el estilo que se quiere proyectar para crear distintas combinaciones con la misma esencia. 
  3. Identificar qué partes del cuerpo se quieren resaltar para aprovechar mejor las siluetas y prendas que ya se tienen. 

León menciona que, si vemos más allá de tanto ruido del mundo digital y nos liberamos de esas ideas elitistas, podríamos enfocarnos en lo que de verdad importa. “Es más valioso conectar y proyectar una imagen propia que acompañe nuestras características, gustos y estilo de vida. Yo repito mis prendas las veces que quiero, porque me gustan, me hacen sentir cómoda y confiada”. 

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León recuerda una reflexión de su profesora Anabela Chávez durante sus estudios de diseño de modas: “¿Ustedes creen que a una persona del extranjero que se compra una costosa y bella bolsa Chanel le da vergüenza repetirla todos los días?” Para la docente, a diferencia de Ecuador y Latinoamérica, en otros lugares no existe tanto miedo a repetir prendas. “Aquí en lugar de invertir sabiamente en un buen producto, preferimos llenarnos de alternativas baratas para tener una amplia variedad”.

Ospina relaciona este fenómeno con el impacto ambiental de la industria. “En casos como las devoluciones es muy grave”, explica, porque muchas prendas usadas una sola vez y devueltas “casi nunca regresan a la cadena de producción ni venta”, ya que desecharlas resulta más barato para las empresas. Así terminan en montañas de ropa en perfecto estado que afectan ecosistemas enteros, como el desierto de Atacama, en Chile. 

Cortesía Carolina Ospina.
Cortesía Carolina Ospina.

La investigación Wardrobing in a digital age de Ely Emmanina, de la Universidad de California, analiza el “wardrobing”: comprar ropa para usarla una vez y devolverla con la etiqueta. En una encuesta a 141 personas, la autora encontró relación entre esta práctica y quienes evitan repetir outfits y prefieren alquilar o usar prendas temporalmente. Además, quienes admitían hacerlo eran más propensos a documentar sus looks a diario, seguir comunidades digitales de moda y renovar constantemente su clóset. Emmanina incluso plantea una posible relación con tendencias narcisistas y exhibicionistas en redes sociales.

El análisis concluye que la acumulación de fotografías y la exposición constante en plataformas digitales pueden aumentar el deseo de no repetir ropa. Sin embargo, la autora plantea que este escenario abre oportunidades para modelos más sostenibles como el second hand, el préstamo y el alquiler de prendas. 

Los expertos coinciden en que repetir ropa no solo es normal, sino positivo para el ahorro, la sostenibilidad y hasta la construcción de la imagen personal. Ospina menciona que figuras como Diana de Gales, Letizia Ortiz y Kate Middleton, quienes han repetido looks para transmitir cercanía y moderación. Otros personajes con una estética repetitiva lograron convertirla en parte de su identidad, como Karl Lagerfeld con sus gafas y su traje negro o Steve Jobs, con su suéter negro de cuello alto y jeans. León asegura que ver a figuras públicas repetir prendas “es un buen síntoma” porque impulsa conversaciones necesarias en una época marcada por el exceso de información y consumo.

Getty Images. 

Al final, ambas expertas coinciden en que repetir ropa no debería verse como algo negativo. Al contrario, puede ser una forma de consumir con más criterio, valorar la calidad sobre la cantidad y construir un estilo propio sin depender de cada tendencia fugaz que aparece en redes sociales. (I)