“¿Te refieres a Birkin, como el bolso?”, le dijeron a Jane Birkin (actriz y cantante británica) en una entrevista tras el éxito del accesorio que Hermès había bautizado con su nombre. Según contó en el programa de TV británico CBS Sunday Morning, fue ahí cuando se dio cuenta de la dimensión que había tomado el que fuera el encuentro más fortuito (y quizá rentable) de la historia de la moda.
En un vuelo a Londres, en los años ochenta, a la cantante se le desparramaron todas las pequeñas pertenencias que llevaba: su agenda, papeles… por el suelo del avión. Las recogió seguramente con esa elegancia desaliñada entre lo británico y lo afrancesado que la caracterizaba. Su compañero de asiento le sugirió llevar algo con bolsillos para que no volviera a pasarle eso, a lo que ella contestó que lo llevaría “cuando lo hiciera Hermès”.
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La serendipia obró el milagro: él era Hermès en ese momento. Se trataba de Jean-Louis Dumas, director artístico de la maison por aquel entonces. Así que tomaron la bolsa de papel para mareos del avión y juntos bocetaron una idea de bolso grande y práctico. Amplio, con una solapa frontal, dos asas y un cierre icónico. En los talleres de Hermès le dieron forma en piel y, cuando invitaron a Jane para verlo en persona, le preguntaron si podían llamarlo con su célebre apellido. Dijo que sí, claro. Y el resto es historia: había nacido el Birkin.
La cantante del flequillo perfecto llegó a tener cinco bolsos de la marca con su nombre, que adaptó a su estilo. Los adornaba con pegatinas y colgantes de metal y colores que tintineaban a su paso. Los llevaba siempre llenos de cosas porque, al fin y al cabo, para eso habían sido creados. Podría ser un Birkin, pero, para ella, quien garabateó el accesorio con el que soñaba en un vuelo París-Londres, era su bolso todoterreno, su compañero fiel. El único capaz de seguirle el ritmo a un alma libre como ella.

El prototipo, el primero que tuvo, se subastó y vendió el pasado verano por 8,6 millones de euros (aproximadamente US$ 10 millones), lo que hizo aún más alargada la sombra de la leyenda cultivada en los últimos 40 años. Hermès y la propia Jane han hecho del Birkin un cuerpo celeste sin precedentes, capaz de ensombrecer a quien se ponga en el medio. Sin embargo, la casa ha conseguido que el resto de los bolsos que ha creado antes y después de él no queden atrás, que sobrevivan al nombre y encuentren su lugar no como “los hermanos del Birkin”, sino como “los íconos de Hermès”.
La artesanía es el principal valor de la maison y la clave del éxito de cada uno de sus modelos, independientemente del apellido que lleven. Todos ellos se fabrican a mano en Francia (una sola persona realiza todo el proceso de elaboración de un bolso), lo que los convierte en prácticos accesorios y en objetos sentimentales con un valor único.
Solo así se puede hacer historia: el Bolide, por ejemplo, nació mucho antes que el Birkin, en 1923, inspirado por el universo del automóvil y se alzó como el primer bolso con cremallera hecho jamás. El Plume llegó en los sesenta, famoso por su ligereza y por la complejidad de su manufactura a pesar de su aparente sencillez estética: se cose al revés y luego se le da la vuelta. Y también íconos modernos, como el modelo Hermès Della Cavalleria, creado en 2020 en forma de práctica bandolera; o el más reciente, el Arçon, de 2023, con forma de media luna, líneas curvas y cremalleras externas que lo hacen tan rompedor como deseable.
Un savoir-faire impecable que, unido a la ironía y el espíritu juguetón de la casa, hacen de cada uno de sus bolsos una estrella independiente que brilla con luz propia. (I)
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*Créditos
Fotografía: Mirta Rojo. Estilismo: Claudia Laukamp.