Cortesía de @emilyratajkowski
Cortesía de @emilyratajkowski

Hay muchas formas de marcar momentos clave en nuestra vida romántica. El más evidente, por supuesto, es el anillo de compromiso, pero también están las alianzas de boda, los anillos de eternidad (que suelen regalarse para celebrar aniversarios importantes) y los llamados push presents, como el anillo de diamantes que —según se dice— recibió la Princesa de Gales (Kate Middleton) tras el nacimiento del Prince George.

Sin embargo, con un divorcio, por cada dos matrimonios en 2025, en Ecuador, la pregunta sobre qué hacer —en particular— con el anillo de compromiso cobra especial relevancia. Puedes conservarlo y usarlo en otro dedo, pasarlo a tus hijos o incluso venderlo, una opción que muchas personas eligen. Pero hay una alternativa que gana popularidad: transformarlo en un llamado “anillo de divorcio”.

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La estilista y estrella de The Real Housewives of Beverly Hills, Rachel Zoe, es la última celebridad en presentar un anillo de divorcio, tras su separación de su esposo durante más de dos décadas, Rodger Berman. Conocida por su amor por la joyería, no sorprende que, a los 54 años, decidiera transformar su imponente anillo de diamantes en algo más acorde con su nueva etapa. Trabajando junto a Ring Concierge, convirtió su anillo halo de diamante talla cojín, en una piedra central acompañada por dos gemas laterales a juego. Al compartirlo en Instagram a principios de semana, escribió: 

“Un anillo de divorcio de mis sueños… ¡me podría morir!”.

El término “anillo de divorcio” irrumpió con fuerza en la conversación pública a comienzos de 2024, cuando la modelo y escritora Emily Ratajkowski mostró sus nuevos anillos tras su divorcio. El original era un moi et toi, un diseño con dos piedras —habitualmente asociadas a los signos de nacimiento de la pareja—. Tras la separación, decidió separar las gemas y convertirlas en dos anillos nuevos. Según se informó, se inspiró en la historia de la abuela de una amiga, quien había creado uno con las distintas piedras de sus diversos matrimonios.

“Emily Ratajkowski fue realmente decisiva para alejar el divorcio del tabú y permitir que la gente se sienta libre y nada avergonzada al respecto”, explica la joyera Jessie Thomas. “La celebración de un nuevo capítulo a través del diseño es algo que muchas personas han terminado de abrazar, quizá como una forma de reivindicar el divorcio como un paso positivo”.

“Existe un cambio cultural más amplio para replantear el divorcio como un momento de autodefinición y no como un fracaso personal”, coincide Eliza Walter, fundadora de Lylie. “Si bien creamos estas piezas desde los primeros días de la marca, el lenguaje en torno a ellas evolucionó. Cuando Emily Ratajkowski compartió sus anillos y los llamó abiertamente ‘anillos de divorcio’ el año pasado, dio visibilidad a algo que muchas mujeres ya estaban haciendo en silencio. Ese replanteo público hizo que la idea se sintiera moderna, intencional e incluso celebratoria: menos ligada a la pérdida y más al crecimiento y la autonomía”.

emily ratajakowski
MEGA. Getty Images. 

De hecho, para muchas mujeres hoy el divorcio ya no es sinónimo de fracaso, sino un momento para avanzar y abrir un nuevo capítulo. Y la joyería siempre ha sido simbólica: por eso la usamos para marcar ocasiones específicas. 

“Los anillos de divorcio se sitúan en la intersección entre la practicidad y el simbolismo”, explica Walter. 

“Históricamente, rediseñar joyas siempre tuvo sentido por el valor intrínseco de los metales preciosos y las gemas, pero en este contexto adquiere una resonancia emocional más profunda”. Con las búsquedas de anillos de divorcio en aumento, tanto Walter como Thomas ven cada vez más clientes que quieren crear algo nuevo a partir de sus anillos antiguos, siendo lo más habitual reutilizar las piedras en un engaste distinto. 

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“Lo que vemos con mayor frecuencia es que los clientes toman las gemas de sus anillos de compromiso originales y las reubican en formas completamente diferentes. Hay una clara inclinación hacia diseños más audaces y escultóricos, en particular anillos robustos de inspiración etrusca que se llevan en el dedo medio”, señala Walter. También es fundamental que estas piezas no se vean ni se sientan nupciales. “La intención es crear algo decididamente no bridal, tanto en lo estético como en lo simbólico, permitiendo que el anillo exista como una declaración de estilo personal y no de estado civil”. 

“Algunas clientas convierten sus anillos de compromiso en colgantes o aretes —asegura Thomas—, lo que crea una separación clara entre lo que la pieza fue y lo que está llegando a ser. Una forma de reflejar un nuevo comienzo a través de un diseño completamente distinto”. (I)

Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Reino Unido.