El estilo latinoamericana no siempre construye su lugar en el mapa internacional desde el origen que se espera. Cristian Huygens es prueba de eso. El diseñador no encontró su lenguaje en Buenos Aires, sino en Berlín, y hoy representa a la región a través de un código visual no reconocible, sino una propuesta que compite de igual a igual a escala global.
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La capital alemana ha construido, durante años, una identidad fashion que se aleja deliberadamente del glamour tradicional — la escena que prefiere lo industrial, lo crudo y lo reconstruido antes que lo pulido. Selva, la marca de Huygens, se inserta en esa tradición con una propuesta que no esconde su origen: la de un arquitecto que abandonó los planos para construir con metal.


Este creador nacido en San Carlos de Bariloche y criado en Ingeniero Maschwitz, Buenos Aires, llegó a Berlín tras un recorrido que empezó con una visa working holiday a Dinamarca. Fue ahí, lejos de la arquitectura que estudió sin terminar, donde encontró su lenguaje: fundó Selva en 2023 bajo una premisa poco convencional: fusionar la estética brutalista con autopartes recicladas, un cruce entre lo industrial y lo escultórico que delata su formación técnica como su instinto artístico.
Esa propuesta ya validó su lugar fuera del circuito underground. Lady Gaga lució un diseño de la firma en la premiere de su película-concierto Chromatica Ball en Max, y Jared Leto lo llevó durante su gira europea. Dos señales de que el estilo de Huygens tiene tanto peso en la alfombra roja como en la pasarela, y que un latinoamericano puede liderar esa conversación sin necesidad de citar su origen en cada modelo.

Harper´s BAZAAR Ecuador tuvo acceso exclusivo al backstage de su show. Donde esa identidad se confirmó de cerca. Los diseños de Selva son atípicos y pensados para innovar: alejados de los convencionales, apuestan por una confección soberbia mezclada con el ensamblaje, la reutilización y estructuras estrepitosas que convierten cada pieza en un lenguaje de tono relevante, ruidoso y arquitectónico. Podría definirse, sin dudar, como una nueva versión del steampunk pero más brutalista — una propuesta que no guarda reparos en generar impacto y trascendencia.
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Huygens compagina su marca con trabajo de escultura en metal, en una galería berlinesa. Una dualidad que explica por qué sus atuendos se sienten menos cosidas y más ensambladas, como si se tratara de desarrollar prototipos. Es precisamente lo que ha llevado a que Selva esté en la mira de celebridades avant-garde y de la escena underground de la moda global. (I)