De entrada, Ōgui Neko deja claro que aquí el matcha no tiene por qué saber a lo de siempre. En un espejo de acceso al local de Plaza Lagos se lee, en tono de broma: “If matcha tastes like grass, then i'm simply a cow”, acompañado por la caricatura de un gato disfrazado de vaca.
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La frase funciona como una declaración de intenciones, en donde la bebida puede ser el punto de partida para una experiencia más irreverente. Una de las formas de comprobarlo es pedir el de mango, el más solicitado por los clientes. Es una combinación de la fruta con yogur griego y capas del té verde ceremonial en una preparación fresca y cremosa, donde el carácter vegetal encuentra un contrapunto tropical.
Ōgui Neko significa “gato glotón” en japonés, y nació con una idea concreta de reunir en un mismo lugar tres elementos de esta cultura gastronómica: matcha, sando y taiyaki, para convertirlos en una propuesta de street food pensada para comer sin demasiados protocolos.

El proyecto comenzó como un formato piloto en una isla comercial en Plaza Lagos Town Center, Samborondón, a finales de 2025, y, tras ganar público, se trasladó a un local con capacidad para 45 personas en estas mismas inmediaciones. Después llegó un segundo punto en Mall del Sol, en Guayaquil.
Detrás de la propuesta está Jaime Araque, quien lidera Ōgui Neko, parte del portafolio empresarial del Grupo EighthGear Ecuador. Para él, la construcción del menú pasó por un proceso minucioso para seleccionar desde el pan hasta las proteínas y los proveedores.
La búsqueda del ingrediente principal, por ejemplo, tomó alrededor de 11 meses e incluyó pruebas con productos disponibles en Ecuador y otros mercados, antes de seleccionar un proveedor en Japón. El elegido es de Uji, una de las regiones asociadas históricamente con la producción de té.
“Es un matcha de grado ceremonial, con notas herbales y dulces. Para conservar sus características, se mantiene protegido de la luz y el aire, almacenado en frío y en empaques herméticos”, comenta Araque.
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La carta lleva ese ingrediente más allá de la preparación tradicional. La mezcla con frutas es representativa, aparecen combinaciones con fresa, banana, blueberry y honey, además de una alternativa sin azúcar.
El Matcha Latte es preparado con leche, caliente o fría. El Banana Cloud combina una base cremosa de banana y leche de avena con el té y fruta flameada, mientras que el Strawberry incorpora confite de fresa, leche y el mismo ingrediente en su calidad ceremonial.
La intención no es únicamente sumar sabores, sino encontrar combinaciones que permitan que un elemento, de perfil definido, dialogue con referencias más cercanas al paladar local, explica Araque.
Un menú diverso y un espacio aesthetic
En Japón, sando es una forma habitual de referirse a los sánduches. El shokupan (pan japonés), conocido por su miga suave y textura esponjosa, se produce en una planta propia del grupo y se destina a sus establecimientos.
Entre las opciones está el Chicken Katsu Sando, preparado con pollo empanizado, col curada en soya, lechuga y una salsa ligeramente picante dentro de shokupan. El Burger Sando, en cambio, lleva la idea hacia un terreno más familiar, a través de una hamburguesa presentada en otro formato y elaborada con el mismo pan.
La carta cuenta con seis variedades. Su desarrollo implicó probar diferentes composiciones, proteínas y materias primas hasta definir las preparaciones que finalmente llegarían a su público específico.
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El taiyaki es reconocible por su característica forma de pez y tradicionalmente puede encontrarse relleno de anko, una pasta dulce de frijol. En Ōgui Neko, ese formato se convierte en otra oportunidad para acercar la referencia oriental a sabores familiares. Una de las alternativas disponibles incorpora Nutella.
Para Araque, la propuesta no pretende convertirse en cocina nikkei, término que corresponde a la fusión peruano-japonesa, sino tomar como referencia técnicas y principios del país del sol naciente, y entregar platos que tengan sentido para el consumidor ecuatoriano.

La experiencia gastronómica incluye más opciones como ramen, pensado para ser más ligero; y los bentos, elaborados con arroz japonés y diferentes proteínas, que son una alternativa para el almuerzo.
El espacio acompaña esa diversidad. El local combina madera, luces colgantes y cuadros del artista guayaquileño Luis Morejón. Durante el día, la iluminación natural y la vista al lago aportan otra dimensión que resulta atractiva para quienes llegan en parejas, en grupos de amigos y hasta para reuniones de trabajo.
Los gatos aparecen de manera recurrente en la identidad visual y conectan el nombre del concepto con distintos elementos. Forman parte de un lenguaje que busca que la experiencia gastronómica tenga también una identidad reconocible.
Ōgui Neko funciona así entre restaurante y cafetería. Es posible llegar por un matcha, pedir un sando, acompañarlo con un taiyaki o simplemente tomar un café, de esos que incluyen un colador en el mismo envase antes de beberlo, y prolongar la visita en distintos momentos del día. (P)