La temporada de graduaciones está a la vuelta de la esquina. Entre junio, julio y agosto, los calendarios se llenan de investiduras, cenas y fiestas de gala. A pesar de que toda la atención se centra en el vestido de la graduada, la pregunta es: ¿qué deben usar las invitadas? Mamás, hermanas, tías y abuelas también forman parte de esta noche importante. Son quienes acompañaron el proceso, estuvieron detrás de cada desvelo y ahora quieren verse igual de elegantes, cómodas y actuales.
Jennifer López nos dio una lección de estilo veraniego para una ocasión así de especial. La cantante neoyorquina apareció el pasado miércoles en la graduación de su hijo Max, con un look fresco, favorecedor y refinado, que funciona como inspiración para madres y acompañantes de este tipo de eventos. En Ecuador, esta gala todavía conserva ciertos códigos tradicionales. Los modelos largos son protagonistas y muchas familias prefieren apuestas clásicas antes que looks demasiado arriesgados. Sin embargo, las tendencias cambian y hay opciones para eventos de día (como el de JLo) y la noche. Lo cierto es que la elegancia se mueve hacia líneas más limpias, tejidos fluidos y diseños que nos dan comodidad.
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Harper’s BAZAAR Ecuador conversó con NATIGU, en Cuenca; Luca + Lola, en Quito; y Magnolia, en Ambato. Tres propuestas distintas que están de acuerdo en apuntar a opciones con menos estructura y más autenticidad.
“Las invitadas deberían verse acorde al evento”, explica Yessica Guamán, fundadora de NATIGU. Tiene 36 años, es ingeniera en sistemas y desde hace ocho años dirige este negocio de alquiler y venta de vestidos en el Azuay. La marca maneja más de 1.500 opciones entre vestidos y trajes, bajo un enfoque de moda sostenible. Para Guamán, uno de los errores más comunes es pensar que la mamá de la graduada debe verse demasiado sencilla. “Muchas veces creen que basta con un pantalón y una blusa, pero ellas son coprotagonistas”. Sobre las telas, las satinadas son las favoritas para las asistentes. Trabaja con crepé, plisados sutiles y tejidos con un brillo discreto. Los colores más pedidos este año son los azules, vinos, morados y verdes elegantes, aunque los tonos pastel ganan fuerza, especialmente el amarillo mantequilla, el rosado suave y el celeste.

En cuanto a cortes, la tendencia se va por las siluetas que estilizan y no restringen el movimiento. Los vestidos tipo A funcionan para casi todos los cuerpos y son una elección segura. Además, aparecen espaldas descubiertas, escotes discretos y algunos cortes sirena para quienes quieren marcar más la figura. “La gente ya no quiere algo incómodo que no te permite caminar”, dice Estefanía Loaiza, fundadora de Luca + Lola. Tiene 42 años y creó la marca hace aproximadamente 10 años, con la idea de traer a Ecuador propuestas distintas y poco masivas para eventos especiales.

La boutique trabaja con piezas importadas desde Estados Unidos y España y, actualmente, se enfoca en una estética minimalista. “Menos es más. La sofisticación ahora está en el corte, en la caída del material y en cómo se mueve la prenda”. En la marca predominan los diseños sobrios, sin exceso de pedrería ni adornos. Los acabados favoritos son el satín mate, el chiffón y los tejidos fluidos. Asimismo, regresan con fuerza los flecos, los drapeados y los escotes (diagonales, de un solo hombro).

Para las mamás, Loaiza recomienda el verde petróleo, azul marino, burgundy y oliva. Son colores pulidos que funcionan especialmente bien en eventos nocturnos y permiten verse sofisticadas. El secreto, insiste, está en no sentirse disfrazada.
“No hace falta llenarse de piedras ni de vuelos para verse elegante”.
En Ambato, la diseñadora Daniela Mayorga, fundadora de Magnolia, coincide con esa idea. Tiene 38 años, estudió diseño industrial y desde hace cuatro años dirige oficialmente su atelier. La marca trabaja principalmente bajo diseño personalizado. Cada clienta tiene acceso a una asesoría donde se analiza el protocolo del evento, la hora, el lugar y hasta la colorimetría de la persona. “Lo primero es entender qué colores te favorecen realmente”. Frente al espejo, prueba distintos tonos sobre la piel para identificar cuáles iluminan el rostro y cuáles endurecen las facciones. Después llegan los bocetos y las pruebas de silueta.
En esta ciudad, las corrientes todavía se inclinan un poco más hacia lo clásico. Los modelos largos son prácticamente obligatorios para familiares directos de los graduados, aunque ahora aparecen detalles más modernos como cortes high low (cortos adelante y cola larga), mangas, estilo backless y telas con balance. Entre las tendencias que más se trabajan este 2026 están los inspirados en los años noventa, los cortes de cintura baja, las transparencias delicadas y los estilos grecorromanos. De igual forma, se destacan las mangas abullonadas, los vuelos controlados y los trajes sastres femeninos.

Para quienes no quieren usar vestidos, las tres marcas coinciden en que existen alternativas distinguidas. Enterizos, trajes de pantalón y conjuntos de falda con chaqueta pueden funcionar perfectamente para una ceremonia, siempre que los textiles mantengan la formalidad. La clave está en el material.
“No es la prenda. La tela es la que convierte algo informal en una pieza de gala”, resume Mayorga.
Ahora, si hablamos de estas tres ciudades, el clima sí influye. Muchas invitadas buscan vestidos con mangas pensando en el frío, aunque las expertas coinciden en que eso no siempre estiliza. La mejor solución suele ser complementar el look con capas ligeras, estolas o abrigos elegantes.
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Todas las diseñadoras llegan a la misma conclusión. La invitada ideal es la que se siente segura, cómoda y fiel a su estilo. Las graduaciones han cambiado y el estilo ya no se mide por la cantidad de pedrería o volumen. En realidad, es la naturalidad con la que alguien lleva una prenda. (I)