Encontré la historia de Gabriela Cadena en las redes sociales. Recuerdo que el titular estaba escrito en inglés y decía que era una diseñadora que había vestido a estrellas de Hollywood. Shakira, Jennifer Lopez, Gigi Hadid, Selena Gomez, Blake Lively, Eva Longoria son mujeres que solemos mirar desde las pantallas, en una alfombra roja o en las páginas de una revista y que parecen inalcanzables. Esta guayaquileña, sin embargo, estuvo del otro lado. Fue ella quien las vistió.
En 2011, la cantante barranquillera recibió el reconocimiento de Persona del Año del Grammy Latino y llegó a la ceremonia en Las Vegas con un traje azul de chiffon de seda, con un forro verde chartreuse, diseñado por Cadena. Años después, otras de las figuras más reconocidas de la industria también llevaron sus creaciones.
Conversamos por videollamada por más de una hora. Gabriela tiene 46 años y cuenta sobre su trayectoria como quien vuelve a recorrer habitaciones que conoce bien, aunque algunas puertas no se hayan abierto por mucho tiempo. Habla rápido, se ríe, recuerda detalles y, en otras instancias, hace pausas. Su carrera tuvo momentos de vértigo, de claridad, de éxito y de un apetito por conseguir sus sueños.
Nació en Guayaquil, en una familia de raíces italianas y españolas. De su infancia recuerda especialmente los caballos. Sus padres practicaban equitación y ella y sus dos hermanos crecieron alrededor de este deporte. Desde muy pequeña compitió y participó en torneos en el país y en la región.
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Los fines de semana viajaba a Quito, donde la actividad ecuestre tenía mayor movimiento. Compitió en Venezuela, Guatemala y Nicaragua. Tenía entre 15 y 18 años cuando la equitación ocupaba una buena parte de su vida. “Crecí diferente, con una sensibilidad distinta”. Los caballos le enseñaron disciplina, aprender a ganar, perder y volver a intentarlo.
A los 20 años se convirtió en Miss Ecuador y comenzó a estudiar publicidad y marketing en la Universidad Casa Grande, pero no terminó la carrera, debido a que recibió una amenaza de secuestro que la obligó a ausentarse de clases y modificar sus horarios. Perdió varias materias justo cuando estaba por acabar su ciclo y, finalmente, no pudo continuar.
En paralelo, se desempeñaba como modelo y pasaba cada vez más tiempo en el taller del diseñador ecuatoriano Fabricio Célleri. Ahí empezó a entender que lo suyo estaba detrás de la pasarela.
“No era tanto el escenario, sino construir. Idear, estar con las telas, transformar. Amo transformar”.
Célleri fue una figura importante en ese descubrimiento. Gabriela lo reconoce como su mentor y la persona que le abrió las puertas a un universo que hasta entonces no sabía que quería hacer suyo. Es así que decidió estudiar diseño. Pasó por una carrera que recién comenzaba en Ecuador y después apostó por irse a Italia.
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En Florencia se preparó por más de tres años en el Instituto Italiano de Diseño, Arte y Moda y esa experiencia amplió su mirada. “En Italia respiras moda”. No se refería solo a los shows; eran la arquitectura, los museos, las tiendas, las personas en la calle, las conversaciones y una tradición que, para ella, estaba construida sobre generaciones.
“Se te abre la mente, tu visión, tu concepto, todo”.
Pero esos años fueron distintos por la ausencia de su hermano mayor, quien había fallecido en esa época. Gabriela dice que no tenía todavía las herramientas para entender lo que estaba viviendo. “Hoy me doy cuenta de que por muchos años después de su partida lo que hice fue sobrevivir”.
Terminó su preparación y regresó a Guayaquil. Quería estar cerca de su familia, especialmente de su madre. Y algo más, anhelaba traer al país todo lo que había aprendido.
Abrió su propio atelier y comenzó a vestir a clientes privados. Su propuesta estaba enfocada en prendas de noche, matrimonios y ocasiones especiales. Cuenta que además participó en Ecuador Fashion Week. Era una etapa en la que el sector aún buscaba espacio y, a pesar de que recién había iniciado, para ella quedarse significaba poner un límite a una ambición que comenzaba a crecer. (I)
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