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A medida que nos acercamos al final de 2026, nos enfrentamos a un ciclo de noticias desalentador, además de las tensiones habituales de la Navidad. Es posible que muchos ya nos sintamos agotados antes de entrar en la época más ajetreada del año, lo que hace que tomar decisiones resulte más difícil que nunca. ¿Una forma de simplificar la vida y reducir las preocupaciones? Considerar la posibilidad de vestir lo mismo todos los días: podría ser beneficioso para la salud.

Vivimos en una época de sobreestimulación y microtendencias interminables, por lo que no sorprende que muchas personas estén volviendo a la sencillez de un “uniforme”. Hoy, repetir prendas no tiene que ver con el minimalismo estricto, sino con recuperar la claridad, la identidad y la comodidad en un panorama de moda que nunca se detiene. Desde los armarios cápsula hasta el lujo silencioso, vestir con un uniforme resurge como una respuesta tanto estética como emocional a la vida moderna.

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El ritmo acelerado de la moda rápida y las microtendencias dejan a muchas personas cansadas de tantas opciones y frustradas por tener armarios llenos de prendas que no terminan de combinar entre sí. Los armarios cápsula —colecciones depuradas y coherentes, construidas en torno a básicos atemporales— vuelven a cobrar protagonismo como respuesta directa a esta situación. Sin embargo, a diferencia de su auge en la década de 2010, los armarios cápsula actuales se alejan del minimalismo más austero y se centran en una sofisticación más personal.

“Reducir nuestros días, que ya están bastante ocupados, en tan solo una decisión menos puede liberar espacio mental”.

Las camisas blancas impecables, los jeans clásicos y una selección de blazers pueden constituir la base de estos armarios, pero pequeños toques personales —como un bolso distintivo, joyas llamativas o una paleta de colores recurrente— aportan carácter. Este cambio coincide con una reacción más amplia contra la cultura de lo desechable: mientras la generación Z lidera los llamados a favor de la sostenibilidad y los millennials adoptan la filosofía de “comprar menos, comprar mejor”, vestir con un uniforme es una forma discreta de protesta contra el consumo excesivo.

Vestir con un uniforme no es solo una cuestión estética. También se relaciona con la psicología de la repetición, que muchas personas describen como una experiencia liberadora. La doctora Dion Terrelonge, psicóloga especializada en moda, explica: “Para algunas personas, repetir prendas puede aliviar el estrés cuando sienten que tienen demasiadas cosas en la cabeza y están abrumadas. Vivimos en un mundo con más opciones que nunca, pero tener más opciones también implica tomar más decisiones. Así aparece la fatiga de decisión… Reducir nuestros días, que ya están bastante ocupados, en tan solo una decisión menos puede liberar espacio mental para otras cuestiones importantes”.

Esta fatiga suele manifestarse frente al armario y se intensifica con las redes sociales. “Parte del agotamiento que experimentamos surge al comparar nuestro vestuario con lo que la sociedad nos dice que deberíamos tener. Si ambos no coinciden, tomar decisiones se vuelve más difícil”, afirma Terrelonge.

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Jennifer Aniston sabe qué le favorece y se mantiene fiel a su estilo.. Gotham. Getty Images.

Sin embargo, la repetición puede ayudar a recuperar la confianza. “La ansiedad y el estrés pueden afectar enormemente nuestra seguridad, pero, en este mundo de excesos, algunas personas están recurriendo al minimalismo como antídoto”, añade. También es un acto creativo: “Las personas suelen ser más creativas cuando se sienten más auténticas. Vestir con el mismo estilo ayuda a mantener una imagen personal coherente; es una forma no verbal de comunicar: 'Esta soy yo'”.

En el entorno laboral, los uniformes se han asociado durante mucho tiempo con la productividad: eliminar las decisiones cotidianas libera espacio mental para tareas más significativas. Hoy, sin embargo, la repetición funciona como una herramienta para expresar la identidad. Así como las marcas construyen reconocimiento mediante una imagen visual coherente, las personas utilizan un uniforme personal para proyectar autoridad y autenticidad.

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Thandi Maqubela. Cortesía de Thandi Maqubela.

Thandi Maqubela, directora jurídica y creadora de contenido, ejemplifica este equilibrio. “El código de vestimenta corporativo se ha flexibilizado bastante con los años. Sin embargo, he notado que las personas con cargos más altos con las que interactúo suelen mantener una vestimenta formal. La ropa es una herramienta válida de expresión personal en el entorno laboral: aporta presencia y autoridad a una mujer que ya es competente. No necesito prendas ‘llamativas’ para destacar; a menudo, la diferencia está en los accesorios y en mi forma personal de combinar las prendas”.

También considera que vestir con un uniforme favorece la productividad. “Soy disciplinada a la hora de planificar los looks de la semana: cuanto menos tenga que decidir por las mañanas, mejor. Mis días rara vez son iguales, así que me tranquiliza saber que mi armario trabaja a mi favor y no en mi contra”.

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El resurgimiento de esta práctica está relacionado con los cambios estéticos recientes. El estilo de lujo silencioso, representado por la sastrería de The Row y adoptado por figuras como Meghan Markle, ha convertido la sobriedad en una aspiración. Lejos de ser austero, este estilo transmite seguridad a través de la discreción.

De manera similar, los clásicos del estilo preppy —como las camisetas de rugby, las faldas plisadas y los blazers estructurados— han vuelto a escena. Estas prendas evocan la tradición, pero se reinterpretan para adaptarse a la sensibilidad contemporánea. Para Maqubela, sin embargo, el estilo personal va más allá de las tendencias: “Hay prendas en mi armario que tengo desde hace 10 años y que todavía me hacen sentir espectacular. Ese es el poder de saber qué funciona para mí, tanto antes como ahora”.

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Caroline Issa. Christian Vierig. Getty Images.

La diseñadora y consultora Caroline Issa ofrece una perspectiva práctica. Reconocida por su sastrería y su uso audaz del color, admite: “Siempre me he inclinado por los trajes en tonos vibrantes. No necesariamente como un uniforme intencional, pero sí como una opción recurrente cuya paleta cambia según mi estado de ánimo”.

Sus pilares son sencillos, pero efectivos. “La silueta, la paleta de colores y la calidad de los tejidos: si inviertes en estos aspectos, tu armario se vuelve versátil, pero nunca aburrido. Encuentra marcas que te queden bien y compra básicos de calidad: me encantan las camisetas de Sunspel, las chaquetas de Bella Freud y los pantalones de cuero de Joseph. Son prendas imprescindibles”. Aunque repetir prendas ayuda a escapar del ciclo constante de las tendencias, Issa nos recuerda que no debemos perder la alegría de vestirnos: “Sal de esa rueda interminable y ponte lo que te haga sentir bien. Pero mantén el estilo fresco: los accesorios, una bufanda, un cinturón, las joyas o incluso el labial pueden transformar por completo un uniforme”.

Entonces, ¿vestir con un uniforme es simplemente otro ciclo del minimalismo? No exactamente. Mientras que el minimalismo de la década de 2010 solía exigir dejar de lado la personalidad en favor de lo esencial, el enfoque actual es más flexible y personal. Se basa en una selección consciente de prendas que reflejan no solo calidad, sino también una identidad propia.

El uniforme moderno deja espacio para jugar, ya sea con las texturas, las siluetas o algún accesorio llamativo. Se trata de construir un armario que funcione como una base fiable, sin renunciar a la individualidad. Precisamente, ese equilibrio entre claridad y creatividad explica por qué la repetición nunca había resultado tan atractiva. Pruébalo y descubre cómo funciona para ti. (I)

Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Ecuador.

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