MATERNIDAD

¿Es un desafío vestirse durante el embarazo?

Encontrar ropa que combine comodidad, funcionalidad y estilo durante el embarazo sigue siendo un reto para muchas mujeres, en medio de cambios físicos y de una oferta de moda que aún tiene mucho por crecer.

Por Doménica Sosa

Harper's — BAZAAR Ecuador

Vestir el cuerpo puede ser un acto complejo cuando estás embarazada. Ante los cambios físicos y mentales, la ropa de maternidad cobra un papel clave. No se trata solo de comodidad, sino de que verse bien siga siendo posible. Un estudio cualitativo del Journal of Consumer Culture publicado en 2013, entrevistó a 15 mujeres que esperaban a su primer hijo en Estados Unidos. Muchas buscaban seguir siendo ellas mismas y no “vestirse de mamás”. Sin embargo, la oferta en prendas de este tipo podía tanto facilitar como complicar este objetivo. 

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Para Laryssa Mello, especialista en imagen personal y diseño de modas, el estilo va más allá de lo que vestimos. “Es conocerse, sentirse cómoda en nuestra propia piel y una forma de expresión”. Para ella, muchas se desconectan de su estilo durante esta etapa. Esto se debe a los rápidos cambios físicos y a la falta de variedad de piezas de maternidad moderna en el mercado local. Según la asesora de imagen, “todas las prendas de embarazada parecen parar en los años 90 (en términos de estilo). No tienes cómo adaptarte a otras tendencias, te mete en una casilla de mamá.”

Casi cuatro meses después de dar a luz a su hijo, la profesional de moda cuenta que mantuvo su look rockero durante su embarazo. Las faldas con elástico se convirtieron en sus “mejores amigas”. En lugar de sustituir su guardarropa por uno exclusivamente maternal, adaptó las prendas que ya tenía.  “Para mí, la comodidad va a ser verte y reconocerte”. Además, menciona que es importante que el entorno de las futuras madres las acompañe sin imponerles una imagen asociada a la maternidad. 

Esto también se vió reflejado en el estudio de Estados Unidos. Varias participantes rechazaban opciones que percibían como excesivamente “tiernas”, infantiles, asexuadas o incompatibles con su vida profesional. Lazos, encajes y determinados estampados les hacían sentir que el mercado las definía por el bebé que llevaban, en lugar de reconocerlas como mujeres con gustos y roles diversos. También señalaron problemas de precio, variedad y disponibilidad local. En los testimonios predominó el deseo de mantener la identidad anterior al embarazo. Es decir, su estilo, su imagen profesional, su sensualidad y sus gustos. La ropa se elegía con mayor frecuencia en relación con “la mujer que soy habitualmente” que para ensayar una nueva identidad materna. 

No todas viven esta transición de la misma manera. Mello observa que en Ecuador, especialmente en Quito, hay una mayor inclinación hacia propuestas tradicionales, como vestidos largos, camisas amplias y prendas que permiten cubrir la barriga. En su experiencia, mostrarla descubierta como parte de un atuendo es una tendencia visible en otros países como Estados Unidos o incluso Brasil, pero todavía no es habitual en nuestro territorio. “El grupo de personas que realmente se arriesga con la moda y propone estilos inusuales es pequeño; representa aproximadamente el 20 % de la población”, dice Mello.  

Rihanna. Getty Images. Arnold Jerocki

Sin embargo, una experiencia reciente le hizo notar que esta percepción podría estar cambiando. “En Bebé Mundo vi a una chica embarazada que tenía toda su pancita afuera; vestía un pantalón de cintura baja y un cardigan solo con el botón de arriba cerrado”. La imagen le llamó la atención y le hizo pensar que algunas mujeres empiezan a sentirse más cómodas mostrando su cuerpo durante el embarazo. Este es un sentimiento que también se identificó en el análisis extranjero. Para algunas mostrar su vientre significaba celebrar el embarazo, pero otras preferían no hacerlo porque les incomodaba que las miradas se concentraran en su cuerpo. 

Entre las pocas opciones que ofrece el mercado, la diseñadora no logra verse reflejada. Para resolverlo, compra pantalones una o dos tallas más grandes y vestidos sueltos, lo cual deja en evidencia que la indumentaria premamá es todavía un terreno por explorar en el país. 

Esa carencia, sin embargo, abre una puerta. La experiencia de la quiteña Jessica Proaño, dedicada al diseño, fabricación y comercialización de ropa materna, refleja que esta necesidad también representa una oportunidad para la industria local. 

Su marca, 4 Mommy, nació en 2019, después de identificar este vacío que ella misma había experimentado años atrás, cuando fue madre a los 18 años. Ella recuerda que entonces encontró pocas alternativas para vestirse y predominaban prendas con diseños muy similares, alejadas de la moda que buscaban muchas jóvenes.

Inicialmente importaba prendas desde Colombia, pero debido a la gran acogida durante la pandemia, la fundadora empezó a confeccionar y fabricar en Ecuador, abriendo su primera tienda física en Quito. La apuesta de Proaño es “ofrecer creaciones que sean funcionales, tanto para el embarazo como para el postparto, pero que sean estéticas y estén en tendencia”. 

Hailey Bieber. Getty Images. 

Esto invita a reconsiderar la idea de que la ropa maternal debe guardarse una vez que termina la gestación. Una prenda bien elegida puede acompañar diferentes momentos. Para la profesional de moda, sin embargo, la inversión sólo tiene sentido si las prendas también se conectan con el estilo de quien la compra. 

No basta con que una prenda sea adaptable: debe gustar, sentirse bien y permitir que la mujer se reconozca en ella.

Hacer las colecciones involucra un proceso complejo para la emprendedora. “Buscamos lo que está en tendencia, colores y telas que se adapten a las necesidades de las futuras madres”, explica. En sus propuestas se destaca el diseño de pantalones con una moldería especial sin elástico en el vientre, hechos de algodón lycra, que se adaptan al crecimiento del cuerpo. Además, otra tela que usan bastante es el lino, por su versatilidad y frescura. 

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La oferta responde a distintas necesidades y contextos. Según Proaño, en Quito tienen mayor demanda los pantalones, sobre todo modelos anchos pensados para la oficina, mientras que en Guayaquil destacan los vestidos y las blusas frescas. Su marca realiza envíos a distintas regiones del país. 

De acuerdo con su lectura del mercado, las mujeres de entre 25 y 30 años son las que más se atreven a experimentar con las piezas. Para ella, la oferta local ha subestimado ese interés. “Aquí a la gente le gusta vestirse bien. Ahora también les gusta usar crop tops para mostrar su barriguita”, afirma. 

Esta apertura convive con un mercado especializado que aún tiene espacio para crecer. Un informe de la firma Technavio indicaba que el mercado global de ropa de maternidad crecerá US$ 2.950 millones entre 2025 y 2030. 

Hay una relación de apoyo constante con otras marcas del país ubicadas en Guayaquil, Ibarra, Atuntaqui y Riobamba. “La idea es complementarnos y satisfacer las necesidades de cada cliente”, dice Proaño. Sin embargo, la especialización que requiere la confección de prendas maternales sigue siendo un desafío para el sector por los distintos tipos de patronaje, moldes y textiles. (I)