Ser diseñador en Ecuador es muy distinto y mucho más complejo que serlo en países como Estados Unidos o Italia. Según Andrea Valencia, diseñadora ecuatoriana de mobiliario, “crear en Ecuador está ligado al entorno y a las realidades que enfrenta el territorio, que aún carece de la infraestructura necesaria para ofrecer condiciones ideales para este oficio”. Valencia indica que los artistas locales suelen empezar con muy pocos recursos y les resulta difícil encontrar colaboradores —como artesanos o fotógrafos— dispuestos a apoyarles durante la etapa inicial.
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A estas dificultades se suma el desafío de conseguir que el talento nacional trascienda las fronteras del país. “Para que un proyecto sea sostenible a largo plazo, es necesario vender en el exterior, lo cual es sumamente difícil porque requiere de muchos recursos y conexiones”. La artista considera que ante la falta de apoyo por parte del Gobierno y las infraestructuras públicas, los diseñadores locales a menudo tienen que recurrir a la ayuda de sus propias familias para sacar adelante sus proyectos.
Por esta razón, la segunda edición de Quito Design Week genera conexiones dentro del sector y abre nuevas oportunidades para los creativos locales. El concepto de esta convocatoria es el “diseño radical”, una propuesta que expande los límites. Desde su experiencia como cofundadoras del evento, Gireth Obando, diseñadora y gestora cultural, y Ángeles Ortiz, diseñadora de productos, plantean una visión que va más allá de la creación.
Para ambas, radical significa la expansión sin límites. Es aquello que rompe con los esquemas preestablecidos, las barreras invisibles y crea conexiones. “Para mí, el diseño es permeable a todos los ámbitos. No es solamente la estética o el producto final, sino una herramienta que está al servicio de la comunidad”, considera Ortiz.
Esa perspectiva se refleja en la gran diversidad de materiales y técnicas que pueden emplear los ecuatorianos. “Vemos mucho interés por el mobiliario que incorpora fibras naturales y cómo se innova en su uso”, observa Obando. Una de estas nuevas aplicaciones es Montecristi, una banca diseñada por Andrea Valencia que combina madera y tejido de paja toquilla. La pieza, cuyo nombre hace referencia al lugar de origen de este tejido, fue trabajada con ocho artesanos locales.

Más que destacar por su aspecto estético, la banca busca llevar la atención del usuario al material y al trabajo manual. “No creo que deba ser valorada como un objeto estético, sino por su concepto y mano de obra”, dice Valencia. Su propuesta explora la materia prima en un formato distinto al tradicional, con patrones de tejido poco comunes. “Ecuador lleva siglos elaborando sombreros de paja toquilla. Es tan versátil y tenemos artesanos tan hábiles que debemos llevarlo a otras industrias”, plantea la diseñadora.
Montecristi será uno de los 14 proyectos seleccionados para este Quito Design Week.
La apuesta de este evento es proyectar a Ecuador en el escenario internacional a través de lo glocal. Según el diccionario de Oxford, este término se define como aquello que combina factores globales y locales. En esa área, el concepto implica valorar la identidad local para llegar a un alcance global. “En el futuro nos vemos como las grandes capitales. A nuestra manera. Queremos estar al mismo nivel que Nueva York o Copenhague. Tenemos todo el talento y las ganas para hacerlo posible”, cuenta Ortiz. En lugar de seguir tendencias para ganar reconocimiento, el objetivo es destacar aquello que hace único al país, como lo han hecho México y Colombia.
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Esta conexión también se traduce en oportunidades concretas para los diseñadores ecuatorianos. Las organizadoras comunican que a través de alianzas con instituciones internacionales, como el Istituto Europeo di Design (IED), Quito Design Week busca generar espacios de colaboración, visibilidad y acceso a nuevos mercados. Entre los reconocimientos de la exposición se encuentra una beca para participar en el Summer Summit del IED, una oportunidad de formación y conexión.
Para esta edición, se han sumado nuevas marcas como Colineal, Madenc e instituciones como la Alcaldía Metropolitana de Quito y el PNUD. Las organizadoras destacan la importancia de generar sinergias con estos aliados para que reconozcan el potencial del diseño y contribuyan al desarrollo del sector. “Algo distinto que vamos a tener este año es una ‘zona archivo’. Se implementará una instalación para visibilizar publicaciones, revistas y libros sobre el diseño ecuatoriano recopilados durante años por bibliotecas y colaboradores”, señala Obando.
Las fundadoras enfatizan en la intención de convertir a la ciudad en anfitriona y promover una responsabilidad compartida para que quienes visiten Quito se sientan bienvenidos y quieran regresar. La programación incluye 14 charlas gratuitas con inscripción previa —cuatro en línea y 10 presenciales— sobre innovación, cuestionamientos y nuevas prácticas. Entre los expositores nacionales están Isabel Pérez, FabLab Ecuador, Pablo Iturralde, Gisela Calderón y Claire Medina. Entre los invitados internacionales están Andrea Salvo y Stephanie Seaman, fundadoras de Hey Ruby, en Estados Unidos, y Atahualpa Badillo, diseñador mexicano. Con su participación se busca el intercambio de experiencias latinoamericanas y la oportunidad de generar networking con curadores, diseñadores y referentes. Asimismo, el evento reunirá a 45 espacios en cinco distritos de la Capital, entre ellos Coffee Relief, Shungo Studio y el Museo Casa del Alabado.
En el Centro Cultural Itchimbía, las exposiciones estarán abiertas al público los días 23, 24 y 25 de octubre de 2026. La programación completa y los detalles de cada actividad se pueden consultar en la página web oficial. (I)