Genaro Rivas llegó a Londres para quedarse. Desde entonces, su participación en el calendario internacional ha sido sostenida y estratégica. En la capital británica, el diseñador peruano ha construido, temporada tras temporada, una presencia constante, una declaración sostenida de identidad y método. Su trabajo evolucionó hacia una práctica que integra experimentación material, responsabilidad productiva y una narrativa que trasciende la pasarela.
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El pasado 22 de febrero, Rivas reveló su colección otoño-invierno 2026, “A Glass to Break”. Frente a más de 250 invitados, el diseñador creó una tensión interna entre la arquitectura visible y la vulnerabilidad en fuerza estructural. Todo concepto nace de un punto de quiebre. En el caso de Rivas, el detonante ocurrió en Berlín. Primero, al observar una fotografía de un vidrio marcado por el impacto de una bala. Semanas después, durante una caminata, se encontró con fragmentos de cristal dispersos en el suelo. Dos escenas aparentemente aisladas que terminaron revelándose como metáforas persistentes, la fragilidad expuesta y la violencia invisible que deja marca incluso cuando no siempre es evidente.


La fragmentación se construye desde lo interno, sin caer en lo literal. “Es más interna, más profunda. El cambio se manifiesta en siluetas deliberadamente exageradas, en la superposición de materiales y en la tensión entre texturas. La ruptura no aparece como destrucción evidente, sino como transformación estructural", explica el diseñador a Harper's BAZAAR Ecuador.
De esos quiebres emerge una narrativa de reconfiguración. La colección plantea que aquello que se rompe puede rearmarse con mayor conciencia. El resultado fueron 26 looks que articulan sastrería precisa, construcción arquitectónica, dramatismo controlado y volúmenes inesperados.



El mensaje se vuelve más evidente en ciertas chaquetas cuyos cortes evocan grietas o fisuras, como si la tela hubiera sido atravesada desde dentro. Algunas parecen compuestas por fragmentos, que luego fueron reensamblados con precisión técnica, paneles que se separan y vuelven a unirse, superficies intervenidas que revelan capas internas. La prenda no oculta la ruptura, la integra como parte de su construcción. Una de las colaboraciones más potentes de la propuesta fue el vestido de cristal desarrollado junto a Katie, artista española radicada en Londres.
Visualmente, la línea oscila entre opuestos, belleza y contundencia, delicadeza y crudeza, clasicismo y rebeldía contemporánea. El trabajo artesanal atraviesa con coherencia. Bordados a mano, aplicaciones, texturizados y procesos de intervención —que incluyen la destrucción parcial del tejido—, aportan profundidad material a cada look.
“Hay un trabajo manual constante en casi toda la colección, desde los abrigos iniciales hasta el vestido final con más de 1.000 piezas bordadas a mano”, explica Rivas.
En un calendario saturado de desfiles, la conversación ya no gira únicamente en torno al diseño, sino a la innovación que cada creador es capaz de introducir en el sistema. Más allá de la silueta, hoy importa el desarrollo material, la investigación y la capacidad de proponer nuevas formas de producir lujo. Y en ese terreno, Rivas no se queda atrás.



Esta temporada decidió expandir su lenguaje y otorgar protagonismo absoluto a los materiales, integrando biomateriales desarrollados en colaboración con empresas como: Ponda, Savian by BioFluff y Banofi. La propuesta incorpora textiles regenerativos y alternativas vegetales que desplazan la idea tradicional del lujo y la piel animal hacia territorios de ciencia aplicada y sostenibilidad avanzada.
Algunas piezas escultóricas exploran una versión vegetal del cuero que tensiona los límites entre responsabilidad ambiental y sofisticación estética. Aparece tanto en vestidos de construcción estructural como en accesorios y prendas intervenidas artesanalmente, ampliando la dimensión experimental.
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Entre las piezas más contundentes apareció un abrigo confeccionado íntegramente con fibras vegetales. La llamada plant-based fur propone volumen, textura y presencia sin recurrir a derivados animales ni a sintéticos convencionales.
En una industria que suele medir el éxito por espectáculo, Rivas propone algo más complejo, resistencia estructural. “A Glass to Break” plantea la fractura como punto de partida, no como gesto impulsivo", concluye. (I)