Isabel Bazzani
Isabel Bazzani Fotografía: Alyx Karlier.

París siempre ha sido sinónimo de lujo, pero gran parte de ese universo no existe en vitrinas ni en internet. Permanece oculto en showrooms privados, en piezas reservadas para clientes selectos y en archivos que nunca llegan al público. Isabel Bazzani lo sabe bien. Desde la capital francesa, trabaja como personal shopper y global sourcer, conectando a clientes de todo el mundo —muchos de ellos en América Latina— con ese territorio inaccesible de la moda.

En conversación con Harper’s BAZAAR Ecuador, revela cómo funciona este circuito invisible y por qué el verdadero lujo sigue ocurriendo fuera del radar digital.

Bazzani llegó a París para trabajar en la industria, pero la ciudad terminó redefiniendo su rol. Hoy, su trabajo consiste en encontrar lo que parece imposible de conseguir: piezas agotadas, ediciones limitadas o prendas que nunca se publicaron online. En una era dominada por el comercio digital, su experiencia confirma una realidad poco conocida: alrededor del 80 % de los productos de lujo siguen existiendo fuera de internet. Para sus clientes, “sold out” no significa el final de la búsqueda, sino el inicio de una conversación.

Contenido relacionado: ¿La música de Britney Spears vale más de US$ 200 millones?

Su jornada comienza temprano, incluso antes del primer café. A las 08:00, su bandeja de entrada ya acumula mensajes desde distintas zonas horarias, confiesa Bazzani. Un enlace, una imagen o un número de referencia son suficientes para activar el proceso. En cuestión de minutos, traza mentalmente rutas que pueden incluir una pieza de pasarela de Dior en Avenue Montaigne, un bolso Chanel en Ginebra o un look de Loewe escondido en una boutique de Nueva York.

Una parte importante de sus clientes se encuentra en América Latina, quienes compran directamente a través de WhatsApp. Sus solicitudes son precisas, inmediatas y basadas en confianza. Mientras tanto, el trabajo operativo nunca se detiene: responder mensajes, revisar contenido enviado por boutiques, rastrear pedidos y coordinar envíos. Su equipo, compuesto por más de 10 sourcers distribuidos en distintos mercados, le permite localizar piezas que solo existen en una región específica o encontrar la última talla disponible en una ciudad inesperada.

img_0268
Fotografía: Alyx Karlier. 

Gran parte de este acceso ocurre lejos de la vista pública. A media mañana, Bazzani recorre showrooms y boutiques privadas en París. En el flagship de Loewe en Montaigne, por ejemplo, puede acceder a piezas reservadas exclusivamente para clientes VIC. En Alaïa, revisa colecciones que aún no están disponibles globalmente. En Saint Laurent, descubre piezas producidas en cantidades mínimas, como tacones con plumas valorados en 12.000 euros o abrigos que nunca aparecerán online.

Estas visitas no solo le permiten encontrar productos, sino también anticipar tendencias y asegurar piezas antes de que se vuelvan inaccesibles. Para sus clientes en América Latina, este acceso representa una forma de comprar París sin estar físicamente en la ciudad. Sus recorridos diarios también incluyen archivos vintage como Majco y Jovem, donde prendas históricas de Alaïa o Jean Paul Gaultier conviven en un espacio que funciona como cápsula del tiempo. 

Estas piezas únicas, muchas veces imposibles de replicar, son especialmente valoradas por clientes que buscan exclusividad real.

Por la tarde, la oficina se convierte —de acuerdo con Bazzani— en el centro logístico de la operación. Llegan entregas, se preparan envíos y los paquetes comienzan su recorrido hacia destinos como Ciudad de México, Monterrey o Bogotá. Las solicitudes nunca paran: un estilista en Nueva York que busca una pieza discontinuada; una novia en Dubái que intenta encontrar un vestido Dior de archivo; una clienta en América Latina quiere asegurar una joya que aún no ha sido lanzada oficialmente…

Lee también: Museos en Nueva York confirman que la moda también es arte

El trabajo de Bazzani demuestra que el verdadero lujo no siempre es visible. Existe en los espacios privados, en las relaciones directas y en el conocimiento de dónde buscar cuando otros dejan de hacerlo. Desde París, cada mensaje puede convertirse en una pieza encontrada, empaquetada y enviada a cualquier parte del mundo. En ese proceso, la ciudad deja de ser solo un destino y se convierte en un punto de acceso a un lujo que, como explica Bazzani, sigue perteneciendo a quienes saben exactamente dónde buscar. (I)

*Créditos

Fotografía: Alyx Karlier. Estilismo: Palace Callas. Peinado: Andrea Reiss. Maquillaje: Clémence Helfman.