Tan atemporal como su clásica hermana negra, el pequeño vestido rojo demuestra que tiene el mismo potencial para convertirse en un imprescindible del armario. Este verano, la prenda más vibrante llega para elevar cualquier look y aportar un toque de carácter, elegancia y sensualidad. Según el informe anual de Tagwalk, en 2025 se presentaron un 15 % más de outfits en tonos bermellón sobre las pasarelas en comparación con 2024.
Sin embargo, el rojo no necesitó de estas cifras —que lo sitúan como el segundo color con mayor crecimiento del último año— para consolidar su protagonismo. Su presencia ya era evidente y las colecciones para otoño-invierno 2026-2027 lo confirmaron una vez más, con propuestas de Fendi, Bottega Veneta, Chanel y Acne Studios, entre otras firmas.
Contenido relacionado: ¿Cómo volver al ejercicio después de ser mamá?
La temporada de premios también ha sido una prueba de su fuerza. Ninguna alfombra roja pareció resistirse al encanto del vestido rojo. Desde Kaia Gerber, en la fiesta posterior a los Oscar con un diseño de Givenchy, hasta Isabelle Huppert, en la alfombra roja del Festival de Cannes con un look de Gucci by Demna, esta pieza es un auténtico signo de exclamación, capaz de destacar en cualquier edad, ocasión o escenario.
El artículo Do we feel colours?, publicado en 2025 por dos investigadoras de la Universidad de Lausana y basado en el análisis de 132 estudios, concluye que el rojo está asociado tanto a emociones positivas como negativas, todas ellas de gran intensidad: felicidad, entusiasmo, pasión, pero también ira, furia, hostilidad y odio. Por sí solo, este color es una auténtica montaña rusa emocional y un antídoto frente a la saturación visual de las redes sociales y al incesante desfile de colecciones y tendencias.
Es un recurso que Christian Dior comprendió mucho antes que nadie, como recordó recientemente Jonathan Anderson. Durante el desfile Dior Cruise 2027, una colección inspirada en el cine y ambientada en Hollywood, el director creativo citó al fundador de la maison:
“Christian Dior siempre incluía un vestido rojo en el corazón de sus colecciones, simplemente para despertar al público; una idea que quise experimentar".
Tras 62 salidas, justo cuando la atención del espectador comienza a disminuir, apareció un espectacular vestido de terciopelo escarlata. En marcado contraste con la paleta cromática del resto de la colección, el diseño también desafía uno de los mayores estereotipos de la moda: la idea, alimentada por referencias como el emoji de la bailarina, Betty Boop o Jessica Rabbit, de que un vestido rojo debe ser necesariamente provocador o excesivamente sensual.
Lee más: ¿Se puede conseguir un abdomen marcado en solo seis semanas?
Aunque los diseñadores siguen recurriendo a este clásico atemporal, lo hacen desde una perspectiva mucho más contemporánea, alejándolo de sus connotaciones más evidentes. Para la colección otoño-invierno 2026-2027 de Chanel, Matthieu Blazy juega con la percepción al presentar un vestido rojo aparentemente liso que, al observarlo de cerca, revela estar completamente bordado con diminutas cuentas.
En Loewe, el vestido rojo adquiere nuevas formas: aparece confeccionado en punto con un acabado deliberadamente arrugado, como una pieza llena de imperfecciones, o se transforma en una llamativa silueta de cuero brillante, casi como la carrocería de un automóvil. Por su parte, Louise Trotter, en Bottega Veneta, explora el contraste de texturas con un vestido rojo de acabado peludo y volumen oversize, después de haber presentado para esta temporada una versión decorada con cintas.
Estas reinterpretaciones ya han trascendido las pasarelas y comienzan a verse también en colecciones más accesibles, como la colaboración entre Uniqlo y Cecilie Bahnsen, así como en propuestas de COS y H&M. La icónica Lady in red tiene competencia: el vestido rojo vuelve a dominar la temporada, pero con un lenguaje completamente renovado. (I)
Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Francia.