Antes de recomendar una tienda, Idella Idrovo parte de un principio esencial en su práctica: comprender a las personas. Observa cómo vive una familia, cómo recibe a sus invitados, pregunta y escucha qué espacios utiliza con frecuencia y cuáles quedan en segundo plano. Solo a partir de esa lectura comienza a pensar en muebles, lámparas o accesorios.
“Lo primero es el carácter del cliente porque eso dicta todo lo demás”, explica la directora de Seika Interior Design.
Para esta diseñadora originaria de Milagro, con 30 años en Guayaquil, un lugar puede estar perfectamente resuelto desde el punto de vista técnico, pero son los detalles los que terminan de darle identidad. Por eso, evita comprar objetos únicamente porque están de moda o porque lucen bien en una exhibición. “Muchas veces, un objeto que en el local parece perfecto no dialoga en el espacio, o viceversa. Esa experiencia in situ es lo que marca la diferencia entre decorar y habitar”.
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Idrovo recuerda 2020 como un momento de despertar colectivo por el confinamiento. Sin embargo, más que una etapa para analizar los entornos, considera que fue una oportunidad para sentirlos de distinta manera. “La pandemia cambió muchas cosas, pero en el mundo del diseño interior dejó una lección vigente, que es estrechar la relación que las personas tienen con sus hogares. Durante meses, las casas dejaron de ser el lugar al que se regresaba al final del día y se convirtieron en oficina, refugio, punto de encuentro y escenario de la vida cotidiana”.
Ese redescubrimiento transformó la manera de entender la decoración. Idrovo sostiene que una buena tienda de decoración no se define por las marcas que representa o por la calidad de sus productos. Lo que realmente la distingue es su habilidad para inspirar. Con esa filosofía, esta experta construyó durante años una red de proveedores que recomienda a sus usuarios. Quienes le surten esos artículos son, en algunos casos, instituciones consolidadas, otras representan una visión más contemporánea del diseño, pero todas ofrecen piezas capaces de integrarse a una historia personal, algo que cada vez se valora más. “La sientes desde que entras, te das cuenta de que estás en un entorno diferente. Tu universo estético cambia y comienzas a ver lo que te envuelve de otra manera”.

Para Michelle Salazar, CEO de Noort Studio y diseñadora de interiores graduada de la Universidad San Francisco de Quito, un establecimiento excepcional se diferencia por la experiencia que ofrece y la capacidad de construir con personalidad. “Cada pieza tiene una intención, un significado y un lugar”, afirma Salazar, quien también es fundadora de Liven Concept, una galería especializada en decoración en Machala, El Oro. Por eso, antes de recomendar un objeto o un proveedor, analiza la forma en que vive cada persona y la función que deberá cumplir cada elemento dentro del proyecto.
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Más allá de las tendencias, considera que el interiorismo debe resolver la vida cotidiana de quienes habitan una casa. Por eso, cuando trabaja en proyectos residenciales, dedica buena parte del proceso a comprender las dinámicas familiares antes de definir materiales, mobiliario o distribución. Una de las recomendaciones que más repite es incorporar una doble cocina cuando es posible. La primera funciona como una cocina social, integrada a las áreas comunes y pensada para compartir con familiares e invitados. La segunda, más privada y operativa, concentra las tareas diarias de preparación, almacenamiento y limpieza de alimentos.
La diseñadora observa una creciente demanda de terrazas, jardines y exteriores integrados a la vivienda. Tras los cambios de hábitos que dejó el covid-19, muchas familias valoran áreas destinadas al encuentro, la relajación y el contacto con la naturaleza. En sus proyectos es frecuente incorporar vegetación viva, jardines que dialogan con la arquitectura y ambientes exteriores concebidos como una extensión natural de la casa. (I)
