Aunque la diseñadora Anne Klein es un referente reconocido en el mundo de la moda, ese no fue siempre su nombre. Nació en 1923 en Brooklyn como Hanna Golofsky. Hija de inmigrantes rusos, estuvo siempre cerca de la moda gracias a su madre, que era una costurera. De acuerdo con su página web, a los 15 años empezó a trabajar como dibujante en el corazón del Garment District, en Nueva York. Poco después obtuvo una beca para estudiar moda.
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Su primer empleo fue en una firma de ropa para mujeres de baja estatura. En 1948 fundó, junto con su primer esposo, el fabricante de ropa Ben Klein, Junior Sophisticates, una marca enfocada en prendas para mujeres jóvenes y de talles pequeños. Tras su divorcio, continuó su camino profesional de manera independiente: en 1965 creó Anne Klein Studio y, en 1968, cofundó Anne Klein & Company, la casa que consolidaría su nombre dentro de la moda estadounidense.

La propuesta de la diseñadora se centraba en el sportswear, un término que entonces no se refería a ropa para hacer ejercicio, sino a un sistema de prendas versátiles para el día a día. Blazers, pantalones, faldas, blusas, vestidos y suéteres concebidos para combinarse entre sí.
Su idea era dar una opción para la mujer moderna que empezaba a tener más autonomía social durante ese periodo.
Esta innovación fue conocida como “fully coordinated closet”. Es decir, en vez de vender un traje completo para una ocasión específica, ofrecía piezas intercambiables. Una mujer podía usar el mismo blazer con pantalón para trabajar, con falda para una reunión o sobre un vestido para la noche. El éxito de esa propuesta, que luego también fue adoptada por marcas y diseñadores como Ralph Lauren y Calvin Klein, también impulsó la expansión de la casa hacia joyería, accesorios y fragancias.
Klein fue miembro fundadora de la junta del Council of Fashion Designers of America (CFDA), y abrió espacio profesional para nombres que después serían fundamentales en la moda estadounidense, entre ellos Donna Karan, quien trabajó con ella antes de lanzar su propia firma. Esta diseñadora falleció en 1974 debido al cáncer de mamá.

Daniela Naime, gerente de Mercadeo para la región de Latinoamérica, explica que el core de la marca ha impulsado su crecimiento a nivel global. Su llegada a Ecuador, con una tienda en el Mall El Jardín, Quito, se posiciona como su segundo punto en Latinoamérica luego de Panamá. “Tenemos muy marcada nuestra esencia: en la colorimetría, en las colecciones y cápsulas. Siempre hay una congruencia en las siluetas, los prints y otros elementos”, comenta.
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Sobre el lanzamiento, Naime explica que las clientas ecuatorianas se relacionan estrechamente con lo que representa Anne Klein. “Las mujeres ecuatorianas son empoderadas, versátiles y levantan la economía del país. Por eso nos parecieron un mercado llamativo”. Estas características son las que buscan acompañar a través de sus prendas. Según la ejecutiva, la propuesta parte de una idea clara: “Que la ropa me permita ser yo misma, sentirme cómoda sin perder mi esencia y sintiéndome orgullosa de lo que represento”.

Sus colecciones se rigen por el calendario global de cuatro temporadas, aunque Naime indica que, en ocasiones, los lanzamientos se dividen para que siempre haya novedades en los escaparates. Entre siluetas holgadas, opciones ceñidas, estampados y otros elementos, la firma busca ofrecer distintas posibilidades de estilo.
“También queremos que nuestras clientas hagan compras informadas, que tengan siluetas base y sepan cómo elevarlas con distintos accesorios dependiendo de la ocasión”. Ese objetivo ha hecho que la marca, además de asesoría personalizada, genere conversatorios y talleres con speakers para formar una comunidad más afianzada.
Naime recalca el reto de una firma que se mantiene vigente casi seis décadas después de su fundación. “Creo que la esencia de Anne Klein se engloba en elegancia, feminidad y versatilidad” y esta gerente recuerda que, como la propia Anne Klein alguna vez dijo, “la ropa no cambiará el mundo. Las mujeres que la visten sí”. (I)