Harper's BAZAAR

Las inseguridades afloran en la época de sol, sobre todo entre las nuevas generaciones. En verano la exposición del cuerpo se intensifica en espacios como la playa o la piscina y el miedo a no encajar entre los cánones de belleza todavía vigentes en la sociedad. También está  la comparación constante con los cuerpos -muchos de ellos editados- que ven a diario en Instagram o Tik Tok y resulta realmente complejo para los más jóvenes.

Aunque este fenómeno no es exclusivo de la adolescencia, en esta etapa puede tener un impacto especialmente significativo debido al momento de desarrollo en el que se encuentran. "Las redes sociales muestran cuerpos muy seleccionados, con luz, postura, edición o incluso completamente fabricados, pero el cerebro los recibe como referencias reales, válidos y alcanzables, incluso cuando no lo son. Cuando esa comparación se repite, la autoestima puede quedar demasiado vinculada a cumplir un estándar físico", explica Silvia Mérida Expósito, psicóloga de Blua de Sanitas.

Enseñar el cuerpo puede dejar de ser un gesto cotidiano y convertirse en una fuente de tensión. La persona no solo piensa en cómo se ve, sino en cómo cree que será observada o fotografiada,. Esto activa la vergüenza, inseguridad y una necesidad de control que acaba condicionando todo el plan.

“En muchos jóvenes, la presión no aparece únicamente por el cuerpo que tienen, sino por la distancia que perciben entre su imagen y el ideal que creen que deberían alcanzar”.

Trabajar el bienestar emocional implica ampliar la autoestima más allá de la apariencia física, reconocer las propias capacidades y construir una mirada menos punitiva hacia los cambios normales del cuerpo. "El objetivo no es obligarse a gustarse todo el tiempo, sino recuperar libertad para participar en la vida sin que la imagen corporal marque cada elección. La autoestima no puede depender solo de si el cuerpo encaja o no con un ideal que, muchas veces, ni siquiera es realista", concluye la psicóloga.

Asimismo, Mérida señala algunas pautas que pueden ser de gran ayuda como revisar las cuentas que consumimos en redes sociales, evitando que se centren en comparaciones o reglas estrictas de consumo, evitar las comprobaciones corporales continuas frente al espejo o aquellas conversaciones centradas en peso o talla. Cuando la vergüenza impide hacer planes, altera la alimentación o afecta al estado de ánimo, tal y como apunta, conviene consultar con un profesional. (I)

Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR España.