Para Claudía Barros, un traje de baño tiene que hacer algo más que verse bien. Debe ser cómodo, favorecer el cuerpo y hacer que quien lo lleve se sienta segura. Luego vienen los detalles que, comenta, son la diferencia entre una prenda más y una que permanece en el clóset por años. Una tela con elasticidad en cuatro direcciones, un forro de calidad y una confección que no deje señales sobre la piel son los pasos básicos a seguir.
"Lo primero es que la persona resalte su figura (…) Deberíamos dejar de usar bikinis aburridos".
Su visión y forma de ver el diseño acompañan a Claudia durante los últimos seis años en Miami, donde construye su camino de la mano del swimwear. Sus creaciones llegaron a reconocidas cadenas a través de las empresas para las que ha trabajado. En la actualidad, tiene un nuevo reto profesional con el desarrollo de su propia marca.
Desde niña, cuenta, sabía que el diseño era el lenguaje con el que quería expresarse. Creció rodeada de arte. Su abuela pintaba y también estudió diseño de modas; su madre se dedicaba a la misma profesión. "Mi abuela me hizo vestidos cuando era niña y eso me parecía fascinante. Siempre me llamaban la atención las telas, los museos y las pinturas".
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En la casa improvisaba desfiles con las prendas que confeccionaba para sus muñecas y experimentaba con retazos de tela. Estudió diseño textil e indumentaria en la Universidad del Azuay, donde descubrió que disfrutaba tanto crear sobre la computadora como pintar a mano las texturas que luego llevaría a las telas.
Mientras estudiaba realizó pasantías con el diseñador Francisco Vanegas, donde aprendió sobre “alta costura”. Además, participó en proyectos universitarios que la llevaron a usar materiales y formas poco convencionales. Uno de ellos fue la Bienal de Cuenca, para la que creó un vestido inspirado en el paisaje de Pumapungo (un museo y Parque Arqueológico en Cuenca), con texturas que imitaban a las nubes.
En otra ocasión presentó un traje inspirado en la cultura afroecuatoriana para un concurso vinculado a Miss Ecuador. Su propuesta buscaba dar visibilidad a esta cultura. El atuendo llamó la atención de la candidata Elisa Quiñónez, quien decidió usar la pieza.
"Siempre me gustó hacer cosas diferentes".
Tras graduarse en 2019 comenzó a desarrollar una pequeña línea de zapatos y ropa en Ecuador. El proyecto llevaba un par de meses cuando su vida dio un giro. A los 23 años decidió mudarse a Estados Unidos junto a su esposo. El cambio era por una decisión familiar, pero así mismo había una inquietud que llevaba tiempo creciendo y era salir del país.
De adolescente seguía “religiosamente” Project Runway. Años después, en un viaje a Nueva York, entró a la tienda Desigual (una firma española) y vio a varios diseñadores que trabajaban con las colecciones. Ese momento quedó grabado en su mente. "Pensé: así viven los diseñadores, participando en todo este mundo. Sentí que yo también quería experimentar algo diferente y dejar fluir lo que quería".
Al llegar a Miami comenzó desde abajo. Primero colaboró con una propuesta local en sesiones fotográficas, desfiles y organización de productos para Amazon. Luego, encontró una vacante en Heat Swimwear, una empresa dedicada al desarrollo de líneas de baño a gran escala. Entró como diseñadora principal y permaneció allí por tres años y ocho meses.
El ritmo era intenso. Cada temporada realizaban alrededor de 200 piezas entre bikinis, salidas de baño, shorts masculinos y líneas para niños. Los lanzamientos se distribuían en tiendas de playa, parques temáticos como Disney y SeaWorld, además de grandes cadenas como Ross, Burlington, Walmart México, Cargills.
"Aprendí muchísimo. Era una edición enorme, con varias categorías y diferentes tipos de clientes". Mientras trabajaba allí, también colaboró por nueve meses, de forma remota, con Haute y Astoria Swimwear, tiendas de la misma ciudad. A diferencia de la labor que realizaba en Heat, allí tenía libertad para desarrollar los estampados desde cero. Pintaba con acuarelas a mano que luego eran los modelos finales de los trajes de baño. "Todo nació de mis ilustraciones. Me dejaron experimentar y desarrollar las colecciones desde el inicio".
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Con el tiempo, sintió que su proceso creativo se volvió cada vez más limitado y que ya no tenía espacio para explorar las técnicas que más disfrutaba. Esa fue una de las razones que la llevaron a cerrar ese ciclo. "Como diseñadora, que ya no te dejen intervenir, te mata un poco el ingenio y la imaginación".
Hoy en día, experimenta una nueva etapa en UZZI, una empresa estadounidense conocida por desarrollar ropa para hombre y prendas con licencias de Nickelodeon. La empresa prepara el lanzamiento de su primera línea de swimwear y Barros lidera el proyecto como diseñadora técnica.
Su función incluye el desarrollo de las piezas y participa en la elaboración de fichas técnicas y del contenido visual. Paralelamente construye el proyecto que más ilusión le genera: su firma personal, “Claudia Sofía”. La primera cápsula se llama Blooming Soul.
"Pensé que tenía que hablar de florecer. No importa la etapa que estés viviendo, siempre puedes seguir creciendo”.
Las piezas están elaboradas con telas recicladas y estampados pintados a mano. El objetivo es diseñar ropa de playa que sea sostenible, cómoda y tenga una estética femenina. "Cada mujer es única. Quiero crear looks que las hagan sentir especiales”.
Su marca fue invitada a participar con un stand en la inauguración de una sede más de Eleva8tion, una cadena de gimnasios con más de 6 locales en la ciudad. Aunque trabaja dentro del negocio del wholesale, su sueño personal apunta hacia otro lugar. "Lo que hago es más exclusivo. Quiero que cada colección tenga una historia”.
Cuando habla de tendencias no se queda únicamente en la pasarela. Para la próxima temporada ve una mezcla de estilos: flores en diferentes escalas, cuadros gingham, tonos crema con negro, rayas delicadas, colores vibrantes y detalles románticos como los volantes. Insiste en que ninguna tendencia funciona si la prenda no está bien hecha.
"Un buen bikini es el que te hace sentir segura”.
Su inspiración viene de distintos lugares. Uno de ellos es de la diseñadora venezolana Sigal Cohen Wolkowiez, reconocida por sus artículos pintados a mano con acuarelas. A eso se suma la admiración que siente por las mujeres que han marcado su vida. "Cada mujer es única y siempre ha sido una inspiración para mí".
Después de este tiempo en Estados Unidos, reconoce que abrirse camino no es sencillo. Competir en una industria tan grande como la de Miami exige constancia y capacidad para adaptarse. Sin embargo, nunca ha pensado en dejarlo.
"A veces siento que solo soy una chica tratando de cumplir su sueño. Pero nunca he dejado de buscar oportunidades. En cada espacio doy mi 100 % y eso me deja tranquila, porque todo lo que hago, lo hago con el corazón”. (I)