Isla

La isla en Croacia que todavía se siente como un secreto

Hay destinos que, a pesar de tener todos los elementos para convertirse en protagonistas del verano europeo, todavía se sienten como una joya escondida. Korčula es uno de ellos.

Por María Lorena Ortega

Harper's BAZAAR — Ecuador

Situada en la costa dálmata, Korčula es una isla de 276 kilómetros cuadrados, rodeada de playas de aguas cristalinas, pequeñas calas, paisajes naturales, un casco antiguo medieval frente al mar, olivares y viñedos. A pesar de encontrarse relativamente cerca de Dubrovnik y Hvar, dos de los destinos más conocidos del país, la isla todavía recibe mucha menos atención que otras islas del Adriático.Y quizás sea precisamente eso lo que la hace tan especial: aquí el verano se vive a otro ritmo, entre playas tranquilas y paisajes que todavía conservan su belleza natural.

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 Cueva en la isla de Kočula. Boris Kačan. 

Su historia también está muy presente, especialmente en el casco antiguo del lugar, uno de los pueblos medievales mejor conservados del Adriático. Es una ciudad amurallada de calles de piedra que se abre directamente al mar, conocida como el “mini Dubrovnik” por su semejanza visual y arquitectónica con la ciudad, aunque en una escala mucho más pequeña e íntima.

Fue aquí donde decidimos quedarnos durante un fin de semana. Y aunque nuestra visita se concentró principalmente en el centro histórico y sus alrededores, fue suficiente para descubrir el encanto de esta isla.

 Casco Antiguo de Korčula. Boris Kačan.

Al llegar me sorprendió descubrir que, a pesar de ser una isla poco conocida, tenía una oferta tan completa: una escena gastronómica sofisticada, hoteles boutique, pequeñas tiendas de artesanía, terrazas frente al mar, playas y una vida local que todavía se siente muy presente.

El lugar es pequeño y fácil de recorrer a pie, con calles estrechas de piedra que se extienden entre antiguas casas, pequeñas plazas y escaleras que dan al mar. En el centro se encuentra la Catedral de San Marcos, construida en el siglo XV en estilo gótico-renacentista donde puedes subir a su campanario para ver el casco antiugo desde arriba. Muy cerca también está la casa del famoso explorador Marco Polo, ya que Korčula es tradicionalmente reconocida como su lugar de nacimiento.

Para una primera visita, este punto de la ciudad es una de las mejores zonas para quedarse. Aminess Korčula Heritage Hotel fue construido en 1912 y es considerado el primer hotel de la ciudad. Ubicado frente al mar, conserva el carácter de un edificio histórico, renovado con interiores contemporáneos. Otra opción es Lešić Dimitri Palace, un hotel boutique ubicado en un antiguo palacio. Su propuesta combina la arquitectura patrimonial con interiores contemporáneos y ofrece una experiencia más íntima.

 Korčula. Boris Kačan.

A pocos pasos de ambos lugares, a lo largo del borde de las murallas se extiende un paseo peatonal frente al mar, rodeado de árboles y terrazas con restaurantes. Es uno de los rincones más encantadores, especialmente al final de la tarde, cuando las mesas empiezan a llenarse y las calles empiezan a tomar otro ritmo.

Allí se encuentra gran parte de la escena gastronómica, con restaurantes y tabernas familiares donde las recetas y la cocina local han pasado de generación en generación. Y si hay algo que no puedes dejar de probar durante tu visita, son los vinos locales, especialmente el Pošip, una de las variedades más representativas de la isla.

Para una cena especial, LD Restaurant, reconocido con una estrella Michelin, tiene una propuesta basada en ingredientes del lugar y de temporada que da luz a una carta que refleja los sabores del Adriático. Con un proyecto gastronómica similar, dentro de Lešić Dimitri Palace, se encuentra Filippi, un restaurante recomendado por la Guía Michelin. En ambos, recomiendo reservar una mesa frente al mar para disfrutar del paisaje

Cortesía de LD Restaurant. LD Restaurant por el día

Cortesía de Filippi. Platos Restaurante Filippi

Para una experiencia más tradicional, Adio Mare es una taberna familiar que lleva desde 1974 sirviendo cocina local, con pescados y carnes preparados a la parrilla. Y para algo más casual, Cupido es una buena alternativa para disfrutar mariscos y comida típica de la zona con vistas al mar.

Además de sus restaurantes, entre las calles de piedra se encuentran pequeñas tiendas de artesanía, especialmente de joyería elaborada con coral rojo del Adriático, una tradición que todavía forma parte de la identidad artesanal. Luego de este recorrido, Massimo Bar es una buena parada para terminar la tarde. Ubicado en una antigua torre del siglo XV, cuenta con una pequeña terraza en la parte superior, a la que se llega por una escalera. La mejor hora para visitarlo es al atardecer, para ver la caída del sol en el mar.

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Aunque Korčula está rodeada de playas y calas, no hace falta alejarse demasiado del centro histórico para acceder a ellas. Bordeando las murallas encontrarás pequeñas bajadas donde es posible entrar directamente al mar y disfrutar de sus aguas cristalinas.

Para un día de playa, La Banya Beach Club es la mejor alternativa. Se encuentra aproximadamente a 15 minutos en taxi desde el casco antiguo y está rodeada de vegetación. Cuenta con vistas al Adriático, ofreciendo la comodidad de contar con servicios de ocio, descanso y gastronomía mientras disfrutas del mar. Si buscas un ambiente más tranquilo, puedes llegar temprano por la mañana.

La Banya Beach Club. Cortesía.

Si tienes más tiempo, vale la pena salir de este punto de la ciudad y explorar la isla. Puedes visitar algunos de sus viñedos, conocer sobre la producción de estas bebidas y descubrir el paisaje mediterráneo que los rodea. También está el recorrido en bote  de las pequeñas islas que rodean Korčula y descubrir calas a las que solo se puede llegar desde el mar.Hay algo particularmente especial en descubrir un destino que todavía se siente como un secreto secreto guardado. Quizás porque, en una época en la que parece que ya todo ha sido descubierto, Korčula demuestra que todavía quedan lugares capaces de sorprendernos. (I)