Hace unas semanas, Alo, la marca que conquistó a miles de personas con sus leggings hace una década, presentó la primera colección de verano de Atelier, su línea ready-to-wear. Para celebrarlo, organizó un lanzamiento a la altura de una firma de lujo: rentó un yate, reunió a un grupo de influencers y navegó por la costa sur de Francia. La agenda incluía baños de sonido, sesiones privadas de pilates, saunas, inmersiones en agua fría, drenajes linfáticos, cenas bajo las estrellas, visitas a clubes de playa y baños al atardecer. Desde una cena elegante hasta una sesión de entrenamiento, todas las actividades podían disfrutarse vestidas de Alo.
La experiencia reflejaba a la perfección el perfil de cliente al que la marca busca conquistar: alguien que aspira a un estilo de vida de lujo.
Hoy, nos guste o no, el estilo estadounidense suele combinar ropa deportiva con un bolso de alta gama. Mientras muchas casas de lujo han concentrado gran parte de sus beneficios en los artículos de cuero y han relegado sus colecciones ready-to-wear —cada vez más exclusivas y costosas—, Alo encontró una oportunidad. La marca apuesta por un consumidor que quiere proyectar sofisticación sin invertir en moda de lujo tradicional y que entiende el bienestar como parte de un estilo de vida aspiracional. Eso sí, hay una condición: no lo llames athleisure.
La colección Alo Summer Atelier representa la cuarta edición de la línea Atelier de la marca, una categoría que lleva la innovación de sus tejidos de alto rendimiento a diseños pensados para la vida fuera del gimnasio, pero en una versión mucho más sofisticada. Al igual que sus entregas anteriores, esta cápsula está inspirada en unas vacaciones idílicas.
Alo desarrolló un lino elástico, una reinterpretación del clásico tejido veraniego que aporta mayor comodidad, y lo transformó en un chaleco corto, shorts de sastrería con cintura elástica oculta e incluso un top tipo bustier. La propuesta se amplía con conjuntos de shorts de seda, suéteres ligeros de mezcla de cachemira y seda, e incluso piezas de noche como el vestido Summer Soirée: un diseño largo tipo maxi, con escote drapeado y espalda descubierta. La paleta cromática mantiene la estética refinada de la marca: negro, blanco, beige y un rosa suave con efecto “bañado por el sol”. La colección está pensada para acompañar todo el día, de pies a cabeza —incluyendo mules y sandalias de cuero— o, como lo define Alo: “del estudio a la calle”.
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Fundada en 2007 en Los Ángeles por Danny Harris y Marco DeGeorge, Alo —acrónimo de air, land, and ocean— nació con la intención de crear ropa deportiva de alto rendimiento para estudios de yoga. La marca rápidamente se convirtió en sinónimo de sus leggings de culto, favoritos de celebridades como Kendall Jenner y Hailey Bieber, quienes impulsaron durante la década de 2010 la tendencia de llevar conjuntos deportivos coordinados dentro y fuera del gimnasio.
“Soy una clienta fiel de Alo porque es una de las pocas marcas de ropa deportiva que combina prendas casuales con espíritu de tendencia y verdadero rendimiento deportivo”, explica Vienna Vernose, escritora freelance de 28 años radicada en Nueva York. “Es agradable llevar un conjunto con el que no te da vergüenza que te vean camino a pilates”. Además de sus conjuntos, Vernose asegura ser fan de sus zapatillas.
Pero desde entonces, la marca se ha expandido mucho más allá de su propuesta inicial. En 2017, Alo lanzó su primera colección de cachemira, que tuvo un gran éxito, y continuó alejándose de una “mentalidad centrada en los leggings” con nuevas categorías como ropa de descanso (loungewear) y prendas de abrigo (outerwear). La primera colección Atelier se presentó en 2023 con una cápsula de invierno inspirada en unas vacaciones de ensueño en Aspen.
Abby Gordon, directora de diseño y merchandising de Alo, quien ha trabajado con los fundadores de la marca durante 25 años, explica esta evolución como un proceso natural. Es un interesante caso de estudio sobre cómo el mercado de la ropa deportiva ya no tiene un único “estilo” definido. Alo fue una de las primeras marcas en convertir el activewear en una propuesta de moda, pero ahora busca alejarse de la etiqueta de marca de “athleisure”. En cambio, ha reforzado la idea de vestir “del estudio a la calle” (studio-to-street).
“No queríamos quedarnos dentro del mercado tradicional de rendimiento deportivo ni que la gente pensara en Alo únicamente como una marca de athleisure”, explica Gordon.
“Siempre nos hemos visto dentro de una categoría diferente”.
“Honestamente, creo que su línea ready-to-wear es más fuerte que su verdadera ropa deportiva”, afirma Kendall Becker, instructora de pilates y analista de tendencias de moda radicada en Chicago. Ella comenzó su carrera en la industria de la moda antes de dedicarse al fitness, y durante ese recorrido ha llevado prendas de Alo. “Solía ir a citas de prensa y después dirigirme directamente a dar dos clases por la tarde”, recuerda sobre la rutina que despertó su interés inicial por la marca. “Necesitaba prendas que pudiera combinar por capas y que funcionaran para ambas actividades”.
En esa época llevaba el pantalón Pursuit de Alo —una silueta diseñada para parecer un pantalón plisado, pero confeccionada con un tejido elástico— junto con un sujetador deportivo y un blazer: “cuando eso era tendencia”. Y esa palabra, tendencia, es clave en esta conversación. La marca está apuntando claramente a una compradora con sensibilidad hacia la moda.
“Creo que Atelier tiene una presencia fuerte dentro del espacio del lujo, pero incluso su colección principal está dirigida a una clienta muy sofisticada —añade Becker—. Las tendencias, los colores y las siluetas que eligen… tienen el equilibrio perfecto para capturar la esencia de lo que ocurre en las pasarelas y traducirlo a una propuesta de athleisure”.
Analizar qué usa su clienta —ya sea de Alo o de otras marcas— se ha convertido en un punto de partida esencial para la firma. “Nuestro director comercial tiene una frase: todas las respuestas están en la tienda”, cuenta Abby Gordon. Ella anima al equipo de diseño a salir y observar a su público objetivo en la vida real. “Volvían y decían: ‘la gente está usando prendas de lujo o tiene un bolso de lujo’. Es increíble. Tenemos una compradora de lujo que también compra en Alo”.
En 2025, Alo llevó esta estrategia un paso más allá al lanzar un bolso duffel de cuero con un precio de US$ 3.600. “Alo ha ubicado sus precios en un punto ideal: lo suficientemente aspiracional para el consumidor promedio, pero una compra evidente para el consumidor de lujo”, añade Kendall Becker, entrando en su faceta de analista de tendencias. Las piezas ready-to-wear de Atelier van desde prendas de algodón y cachemira de alrededor de US$ 100 hasta un cárdigan largo de seda y cachemira por menos de US$ 400.
Alo Summer Atelier es la colección con la que la marca continúa su evolución más allá del activewear, llevando sus tejidos de alto rendimiento a una propuesta de moda sofisticada pensada para la vida fuera del gimnasio. Inspirada en destinos vacacionales, la cápsula combina comodidad, lujo relajado y funcionalidad con piezas como conjuntos de lino elástico, chalecos estructurados, shorts de sastrería, tops tipo bustier, prendas de seda y cachemira, además de vestidos de noche. La colección tiene prendas capaces de acompañar desde una sesión de bienestar hasta una cena al atardecer, consolidando la transición de la marca hacia un territorio más cercano al lujo contemporáneo. (I)
Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos.