Talento

Cristina Salas: el arte como un juego que nunca termina

Entre los páramos andinos y Brooklyn, esta artista construye esculturas y piezas con fibras, semillas y mosaicos que conectan naturaleza, maternidad y vida cotidiana.

Por Emilia Palacios Mosquera

Harper´s BAZAAR — Ecuador

Más que un proceso complicado y arduo, Cristina Salas juega a través de su arte. Cada obra la devuelve a esa niña que, en los tiempos de espera, le pedía a su madre un lápiz y papel para crear. Hoy juega con telas, a veces con baldosas, con tierra o con semillas. Dibujo, fibras, mosaico, cerámica, pintura, objetos encontrados: las posibilidades son infinitas cuando se trata de crear. Para ella, el mixed media le da la libertad que necesita, la posibilidad de adaptarse a lo que vive y a las oportunidades que se le presentan.

Tapires jardineras. Foto: Pedro Wainer

Nos conectamos a través de una videollamada. Detrás de esta artista quiteña aparece en la la pantalla una de sus obras, la que hoy —reflexiona— más la representa. “Tapires jardineras” es una pieza de acrílico y fibras recicladas sobre lienzo donde vemos a una mamá tapir con su hija. “Son una especie de los Andes. Para mí habla de esa preocupación porque están en peligro de extinción y del futuro del medio ambiente. Pero también de mirar esta vida que existe en las montañas, y las conversaciones que pueden existir entre una mamá y su hija”.

Sus creaciones son profundamente lúdicas. “Juego con los materiales, me gusta utilizar mis manos y desarrollar personajes con los que la audiencia se pueda conectar y aprender cosas nuevas sobre la naturaleza”.

Nació en Quito, hija de padres veterinarios, todos sus recuerdos de infancia están en Puembo. “Crecimos en el campo, rodeados de animales y con mucho acceso a la naturaleza. Creo que ahí nació mi conexión con el entorno y mi necesidad de estar siempre cerca de él”. Cuando terminó la secundaria, viajó a Italia en 2004, donde permaneció tres años en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Luego se mudó a París por un año para estudiar dibujo en los Ateliers Beaux Arts de Glacière y completó una maestría en Producción Artística en España. En 2010, después de seis años en Europa, regresó a Ecuador.

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Su vida está marcada por el movimiento: residencias artísticas en México, Puerto Rico y Francia, más temporadas de estudio en diversos países. Salas se ha dejado llevar por sus pasiones. En esa ocasión volvió al país con la idea de desarrollar su proyecto de muñecos ecológicos rellenos de tierra y semillas, una propuesta que ensayó en España pero que en su tierra natal encontraría mejores condiciones climáticas.

Dancing muñeca. Fotografía: Josi Friedrich.

Instalada nuevamente con sus padres en Puembo, diseñó en su hogar mosaicos inspirados en Gaudí (famoso arquitecto español) y Rávena (ciudad en Italia) para una pared familiar. El proyecto creció hasta incluir esculturas y una exposición en el jardín que le permitió vender y conectar con la comunidad artística local. En esa etapa consolidó su carrera en el país. Realizó murales colaborativos con materiales reciclados en el Liceo Internacional, y dictó clases de cerámica y dibujo en la Universidad San Francisco de Quito.

Con el tiempo se sintió estancada. Viajó a Estados Unidos, en principio para una maestría en paisajismo, pero fue en la arquitectura donde encontró lo que necesitaba: jugar con el material y dejar que las manos la guiaran. Terminó sus estudios y consiguió trabajo en Nueva York, en Dameron Architecture, donde colaboró con clientes en instalaciones de mosaico, entre ellas Carroll Hall, un espacio de eventos en Bushwick, un barrio de Brooklyn. 

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Durante la pandemia perdió su trabajo, se casó y tuvo a su primera hija. En 2022, presentó su primera muestra individual en Manhattan. Un año después recibió el Dancing Tree Award del Folly Tree Arboretum y creó Dancing Muñeca, un jardín de polinizadores en sus terrenos. En marzo de 2024 instaló Muñeca del Mar, otro jardín comisionado por Arte Fits en Dorado, Puerto Rico. En septiembre de ese año, la comunidad de Clearwater, Florida, la eligió para crear una instalación.

Mosaico realizado por Salas. 

Así nació People Shining, un proyecto de mosaicos y murales que le tomó cerca de dos años desde su conceptualización hasta su ejecución, con la ayuda de su madre y su familia para coordinar las labores. Sus padres siempre le han brindado su apoyo, cuenta, desde sus conocimientos de animales hasta estar presentes cuando los necesitaba.

La artista utiliza principalmente telas recicladas y lanas mixtas, además de hilos, que combina mediante técnicas de crochet para dar forma a esculturas blandas e instalaciones. En enero de 2026 presentó su muestra individual Jardín de Nubes en la Galería N24, en Quito. En esta se encuentra la serie de tapires que abre esta historia y conforma una instalación inspirada en las enredadas e interdependientes historias ecológicas de los páramos andinos. 

“Los últimos cinco años han sido muy divertidos. Estoy muy agradecida porque hemos podido viajar bastante, movernos, pero creo que también ya llegó otra etapa más tranquila y eso también me alegra. Me gusta mucho Nueva York, me encanta la comunidad que hemos creado aquí con nuestras hijas en Brooklyn”. Ahora se prepara para iniciar una fellowship con More Art, una organización sin fines de lucro de arte público en la Gran Manzana.

Cosmic Plants. Cortesía

Durante la conversación admite que busca llegar a más personas a través de sus creaciones. “A veces los artistas estamos muy aislados en nuestros estudios y vivimos muy solitarios. Y aunque es importante un poco de soledad, creo que debe haber un equilibrio”. Por eso busca hablar con biólogos, leer libros de divulgación científica y entender más sobre lo que la rodea. 

“Hay mucha angustia ahora, y creo que el arte puede aliviarla. Cuando estamos un poco más tranquilos, nuestra mente se despeja”.

Le sobran ideas. “Siento que soy como una explosión de creatividad, de ganas de hacer más cosas”. Entre sus próximos proyectos imagina esculturas con plantas que van cambiando, con agua, con más partes del ecosistema integradas: esculturas vivas. También sueña con hacer más instalaciones públicas. 

En sus propias palabras, su arte es, ante todo, juego, artesanía y mitología propia. Y en el centro, como el hilo que sostiene cada pieza, está el tema de ser mamá, y todo lo que esa palabra ha ido tejiendo en su obra. Salas reflexiona incluso acerca de cómo las fibras y textiles que utiliza responden a esa parte de su vida. “Me di cuenta porque las mujeres hemos trabajado tantos años con las telas. Realmente son apropiadas para el día a día dinámico que tienes como mamá. Mientras ellos duermen, puedes hacer un poco. La pintura necesita de un espacio mucho más controlado”. Los textiles, en cambio, respiran al ritmo de sus hijas. (I)