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Se supone que es un proceso democrático por excelencia por el cual los 9.000 miembros de la Academia de Artes y Ciencias de la Cinematografía, con sede en Los Ángeles, Estados Unidos, selecciona a películas, elenco y equipo técnico que será nominado a las varias categorías de los premios Oscar. El “se supone” no quiere decir que no sea así, pero sí que hay varias dinámicas en el medio que son desconocidas. 

Muchas veces se habla de estudios pagando dinero para favorecer nominaciones —lo que está prohibido—, o acuerdos particulares con los votantes para obtener contratos. Lo cierto es que las campañas para promover filmes para este premio son intensas entre diciembre y enero de cada año. ¿Por qué? Porque son los meses en que se realizan las votaciones: en diciembre se acorta la lista a 12 seleccionados por categoría y en enero se escogen los nominados finales. Luego vendrá la votación para escoger al ganador o ganadora.

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En todas las categorías hay cinco nominados, excepto en la de Mejor Película, que desde 2022 escoge una ganadora de entre 10 seleccionadas.

Este año hay argumentos sólidos para que estas producciones estén nominadas —e incluso ganen—. Este es un repaso a sus méritos y a sus posibilidades frente al premio más codiciado de Hollywood.

F1 (director: Joseph Kosinski)

Es probable que esta película sobre corredores de autos sea la gran sorpresa de esta edición. Pero no en un buen sentido. En realidad, no es una mala película; pero sí es un filme predecible que se ha visto decenas y decenas de veces: la expromesa alejada del campo en el que iba a desarrollar sus capacidades, regresa ya de adulto a ayudar a amigos cercanos y a ser el maestro de los más jóvenes, para demostrar que nunca es tarde para cumplir los sueños. 

Más de lo mismo, con la diferencia de que esta vez todo sucede en las pistas de las competencias de Fórmula 1 y si en algo acierta Kosinski como director es en mostrar la tensión de las carreras y ofrecer nuevos encuadres, distintos a los que se pueden ver en las transmisiones de cada uno de los grandes premios del campeonato anual de F1. De ahí, lo de siempre, hasta una traición interna que se huele a dos kilómetros de distancia y el joven impaciente que aprende que hay que esperar el momento preciso para ganar. 

Todo es preciso, desde las actuaciones —con Brad Pitt y Javier Bardem a la cabeza—, hasta la edición, pero le falta alma. Su premio es estar nominada, porque no va a conseguir nada más.

Hamnet (directora: Chloé Zhao)

Chloé Zhao es una directora impresionante que ha hecho filmes independientes y hasta tuvo una aventura en el universo de Marvel con la maravillosa e incomprendida The Eternals. Pero con Hamnet —que tiene como productor a Steven Spielberg— consigue algo más, conmover hasta trastocarlo todo. 

Esta es una película sobre los avatares de un matrimonio —el de William Shakespeare, interpretado por Paul Mescal, y su esposa Agnes, la brutal Jesse Buckley, que está nominada a Mejor Actriz— y cómo la muerte de uno de sus hijos genera un tsunami que lo destruye todo. Zhao busca descolocar al espectador, a veces encuadrando de forma extraña las cosas; otras, con un montaje no enfocado en mostrar el paso del tiempo. 

Buckley se come al mundo en una escena en particular a la mitad del filme y Zhao se decanta por una idea sublime para acabar la película: es el arte lo que nos salva, lo que nos permite seguir adelante y encontrar una respuesta a lo que no tiene ni siquiera nombre. Este es un melodrama bello que funciona a muchos niveles y se entiende su nominación y de ganar, sería un gran premio.

Bugonia (director: Yorgos Lanthimos)

En este remake de la película surcoreana Save the green planet! estamos ante una comedia negra que funciona a muchos niveles y que ofrece uno de los mejores y más desoladores finales de los últimos años. 

Dos jóvenes conspiranoicos —uno de ellos, Jesse Plemmons— secuestran a la CEO de una empresa —Emma Stone— acusándola de ser extraterrestre con el plan de destruir el mundo. Lanthimos hace lo que mejor sabe hacer: una película de excesos, extremos y con un argumento descabellado, con giros detrás de giros y que se ama o se odia. 

No, no es una película para todo el mundo, pero se entiende su nominación: a veces el cine tiene que ser ese conjunto de acciones que no parecen tener sentido y, aún así, consiguen sensibilizar al espectador.

El agente secreto (director: Kleber Mendonça Filho)

El cine brasileño hace siempre dos cosas impresionantes: que conectemos con los personajes que nos muestra y que sintamos cómo el piso se nos mueve cuando llegamos al final. Esta película no es diferente. Wagner Moura —que va a ganar el premio a Mejor Actor, no hay manera de que no lo gane— hace dos roles que se complementan muy bien en el filme. El principal, Armando, un profesor que termina por ser parte de un programa civil de reubicación de personas perseguidas por el gobierno militar de Brasil de los 70 y que mientras espera nuevos pasaportes para que él y su hijo pequeño puedan salir de Brasil, tiene que trabajar en una dependencia pública, con otro nombre. 

Pasan muchas cosas en El agente secreto, lo que termina por volverlo en un filme único, en el que, así como hay grandes momentos de humor, hay espacios de tensión y una esperanza puesta siempre en la idea de que la comunidad salva.

Quizás la lección más llevadera que Mendonça Filho intenta con su trabajo es la de entender cómo el pasado, así sea cruel y complicado, termina siendo la puerta para un mejor futuro. Y esto lo hace con una maniobra narrativa que impacta como si te golpearan en la cabeza, para luego abrazarte y darte una caricia. No muchas películas pueden hacer algo así; por lo que, si no gana el premio a Mejor Película Internacional, se llevará este.

Frankenstein (director: Guillermo del Toro)

Del Toro tiene una fascinación gigante por los monstruos, así que en esta película —hecha para Netflix— se enfoca en el más importante de todo, en ese ser creado por la joven Mary Shelley en su novela Frankenstein, publicada en 1818. Esta no es una adaptación literal al texto literario; del Toro se toma muchas libertades para crear un espectáculo que mezcla acción con drama, pero sin llegar a las reflexiones profundidades de la escritora. 

¿Es eso un problema? Sí, porque a pesar del deleite visual que puede ser la película —que es la razón por la que ha sido nominada, sin duda—, en otros niveles, no llega a la altura necesaria. Eso, a pesar de la actuación de Jacob Elordi como el monstruo, que es quizás el punto más alto de un filme, que también cuenta con Oscar Isaac como Víctor Frankenstein y Mia Goth, como Elizabeth. Los premios que se podría llevar van a estar en la categoría de efectos especiales o de dirección de arte, nada más.

Train dreams (director: Clint Bentley)

Bentley toma una novela de Denis Johnson y hace una película en la que Joel Edgerton deja en claro que es un actor impresionante y que todo lo que sucede en ese universo de contemplación se eleva solo porque él está en la pantalla.

Edgerton hace de Robert Grainier, un personaje que crece y pasa su vida en la zona boscosa de Idaho, enfocado en trabajar, mantener a su familia, sobrellevar las tragedias y entender cómo el mundo va cambiando. Bentley ha hecho una película hermosa que bebe muchísimo del cine de Terence Malick y que, si no hubiera otras películas increíbles este año, tendría alguna oportunidad. Si la quieren ver, está en Netflix y vale la pena.

Sentimental Value (director: Joachim Trier)

Esta es una de las maravillas de este año. Un filme hermoso y duro, en el que el mundo del cine tiene mucho espacio y tres personajes, un padre y sus dos hijas adultas —Stellan Skarsgård, la genial Renate Reinsve e Inga Ibsdotter Lilleaas—, deberán encontrar una forma de resolver o ajustar sus traumas para acercarse.

Un director de cine famoso regresa de su retiro para hacer una nueva película y quiere que su hija mayor, actriz, haga del personaje central. Ella no quiere; es más, no desea tener nada que ver con él, mientras su hermana menor trata de convertirse en una especie de puente entre los dos, a pesar de su dolor.

Trier deja en claro que, a pesar de que algunas personas dedicadas al arte sean seres egoístas que ignoran lo que sucede alrededor y se alejan de sus seres queridos para dedicarse a hacer proyectos, el arte es el terreno fértil para descubrir resultados necesarios. Hay escenas impresionantes y un elenco que conmueve a cada rato.

Marty Supreme (director: Josh Safdie)

No es para nada una mala película, pero sí es una en la que pasan muchas cosas, casi siempre exageradas y muy por encima de lo que se puede considerar como normal. Es como si Josh Safdie no creyera en el silencio o en las transiciones y siempre debiera pasar algo. 

Timothée Chalamet hace de un jugador de ping pong llamado Marty Mauser al que le sucede de todo y quizás esa sea la fuerza del filme: él, como actor. Porque lo hace muy bien y es lo que salva un filme extraño, que no puede parar de moverse. Chalamet es impresionante, sobre todo en el cierre; y este es quizás el primer rol en el que se lo puede ver como alguien adulto por primera vez. 

Las escenas de los partidos de ping pong son brutales y algunas interacciones entre miembros del elenco son de no creer por lo exageradas; sin embargo, la película no parece que se llevará nada. Especialmente luego de que se revelara que la ruptura de la dupla creadora de Josh Safdie con su hermano Benny se dio porque durante el rodaje de una de sus películas, una menor de edad fue expuesta a un hombre desnudo. El escándalo no le sirve a Marty Supreme.

Sinners (director: Ryan Coogler)

Una gran película de vampiros que agarra todo lo que es parte del mito clásico de estos monstruos —no pueden salir en el sol, beben sangre y no pueden entrar a ningún lado a menos que los inviten— y lo vuelve a traer al cine, en un filme en el que el director de Black Panther se mueve por el terror sobrenatural para hablar de otro tipo de terror: el racial. 

Muy bien estructurada y con una idea fantástica alrededor de la magia que produce la música, Sinners es un deleite, especialmente por lo que hace Delroy Lindo, uno de los más clásicos actores afroamericanos que interpreta de manera impresionante a un bluesero viejo, dueño de una sabiduría y de las mejores líneas de diálogo de la película.

Eso sí, para muchos es complicado que gane este premio porque estamos hablando de un filme estrictamente de terror y si algo caracteriza a la Academia es desechar este tipo de géneros.

One battle after another (director: Paul Thomas Anderson)

La última película de Paul Thomas Anderson es de las favoritas para ganar el premio —la está peleando con Hamnet— y es justificado. Él ha conseguido crear, junto a Leonardo Di Caprio, Sean Penn, Teyana Taylor, Chase Infiniti y Benicio del Toro, una fábula loquísima en la que un padre exrevolucionario, viviendo con otra identidad, debe escapar porque ha sido localizado y, al mismo tiempo, hacer todo lo que esté a su alcance para rescatar a su hija adolescente que ha sido secuestrada por la persona que lo está persiguiendo. 

Este es un grupo de personajes extraños, en una época que parece ser mezcla de los 70, 80 y la actualidad, en medio de una firme crítica al poder y a quienes creen que se han dedicado a luchar en su contra. One battle after another es una comedia perfecta para estos días, con música maravillosa —a cargo de Jonny Greenwood— y un nivel de absurdo que vale la pena. (I)