¿Cómo una ciudad construye su memoria sonora? ¿Qué sonidos tocan las calles empedradas del Centro Histórico de Quito? ¿Qué melodías resuenan al entrar en una de sus iglesias patrimoniales? Durante 11 días, la capital se convierte en la casa de 38 conciertos y más de 150 artistas que buscarán representar esas notas con las que la ciudad habla a través de la vigésima cuarta edición del Festival de Música Sacra.
Nació en 2001 —como un espacio dedicado a la música religiosa y clásica— y es el festival más antiguo de la Fundación Teatro Nacional Sucre, con un gran público cautivo. Esta edición, titulada Sonidos que trascienden, propone reconocer el rito desde todas sus aristas. Para Anabel López Carvajal, coordinadora del Teatro Nacional Sucre, y Anita Méndez, productora del festival, se trata de un espacio que “te abre las puertas de la ciudad para conocer su historia a través de la música y conectar con una espiritualidad propia”.
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Ambas explican que el concepto va más allá de la idea de difuminarse: busca entender la trascendencia como algo que atraviesa gustos, formas, tradiciones, territorios y géneros. “No se trata de alejarse de lo duro y lo puro que representa la música sacra, sino más bien de encontrar la riqueza en esa mixtura de maneras de pensar y expresarse”. Una postura que se refleja en la programación.
El festival iniciará el viernes 20 de marzo en la Iglesia de la Compañía, con María Isabel Albuja y The Sudaca String Quintet, un proyecto artístico que rinde homenaje a la figura de la Virgen María a través de distintos géneros y épocas. En la mitad de la agenda, la Capilla del Hombre acogerá la presentación del Cuarteto Latinoamericano de México junto a María Augusta Jibaja, ganadores del Latin Grammy al Mejor Álbum de Música Clásica en 2016 por El Hilo Invisible. Y el cierre será el martes 31 de marzo en el Teatro Nacional Sucre con Luzmila Carpio, cantante, compositora y referente boliviana de la música ancestral andina. Conocida como la “Voz de los Andes”, su obra se caracteriza por el uso del canto de tiple, una técnica vocal que imita el sonido de los pájaros.
Además, se incluirán espacios de formación con clases magistrales y conversatorios. También, se otorgará un lugar especial a la investigación. La fundación InConcerto, que desde 2012 desarrolla proyectos vinculados con la música clásica y nuevos contextos, presentará la investigación-creación Un viaje interior. Este trabajo parte de los escritos de Sor Gertrudis de San Ildefonso, monja clarisa y escritora quiteña del periodo colonial, reconocida por su obra La Perla Mística: un manuscrito de tres tomos y más de 1.800 páginas, donde narra su vida espiritual y sus experiencias místicas.
En 2025, el Monasterio junto al Museo del Alabado hallaron dentro de estos textos las partituras de una obra inédita que InConcerto, en colaboración con investigadores y entidades, interpretará por primera vez. “Es música que nunca ha tenido vida y también un modo de reconocer a una mujer compositora del siglo XVII, lo que implica una gran responsabilidad”, explica Simón Gangotena, director de la fundación.
Para esta presentación, los músicos toman decisiones artísticas, tanto en el tema de los instrumentos como en la presentación, para que la obra dialogue con el presente. “Este proyecto reconstruye sonidos del pasado y los entrelaza con una tradición viva: la de las monjas de clausura del Monasterio de Santa Clara, quienes por siglos custodiaron y cantaron un repertorio sacro”.
Asimismo, participarán agrupaciones ecuatorianas como La Diversa, con su concierto Chonta Kainbi. En palabras de su directora y compositora, Karina Clavijo, esta es una “propuesta escénico-musical con danza que recrea mitologías y relatos de las comunidades”. El colectivo, formado por más de 22 artistas entre músicos, actores y bailarines, interpretará 13 piezas —cantos para el agua, la tierra y los vientos— con el objetivo de generar una conexión con los asistentes.
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La programación de estos días, además de tomarse espacios religiosos como iglesias, también sale de la norma y se toma lugares de Quito incluyendo plazas, museos y centros culturales. El 98 % de los eventos se realizará en espacios no convencionales, lo que implica un reto sonoro para la organización.
“Este año logramos un equilibrio que nos permite ampliar la audiencia. Aunque muchos todavía tengan un concepto rígido de sacralidad, siguen acercándose con sus familias, niños y adolescentes para conocer nuevas propuestas”, concluye Méndez. Para las representantes de la Fundación, cada concierto suma una nota a la gran melodía que representa a Quito, esa que su público nunca deja de escuchar. (I)