Aralia
Aralia Fotografía: Daniel Queirolo.

Vanessa Chiriboga tiene 29 años y es la fundadora de Aralia, una firma ecuatoriana de moda que se distingue por su estilo contemporáneo y sobre todo por sus prints pintados a mano. Su historia comienza fuera de nuestras fronteras, pero la decisión de regresar definió el origen de una propuesta que, en la actualidad, se exporta a distintos mercados y mantiene una producción enfocada en procesos artesanales. 

Chiriboga estudió en Rhode Island School of Design, en Providence, Estados Unidos, donde cursó una doble formación en diseño de indumentaria y pintura. Su plan inicial no era dedicarse a esta industria. “Yo me fui a la universidad queriendo estudiar solo pintura. Siempre me gustó la ropa, pero pensaba que no iba a ser tan creativa como el arte”. Durante los primeros años de la carrera descubrió que la ropa podía tener el mismo nivel de exploración artística. Eso la llevó a reorganizar su programa académico para completar ambas especialidades, lo que extendió sus estudios a cinco años. Tras graduarse, se quedó y trabajó en una marca de lujo con base en Miami. 

Aralia
Fotografía: Daniel Queirolo.

“Primero entré solo en producción, pero cuando renunció el jefe de área comencé a crear piezas y fueron las que más se vendieron en esa temporada”. 

Con 23 años asumió responsabilidades dentro del equipo creativo y llegó a liderar un grupo de aproximadamente 10 personas, quienes participaban en el desarrollo de muestras para colecciones que luego se vendían en boutiques y en tiendas especializadas. Ese periodo —que duró alrededor de dos años— fue importante para entender cómo funciona la industria desde adentro. “En la universidad aprendí mucho, pero ahí me desarrollé aún más. Tenía que coordinar con las patronistas, quienes cortan las telas, y con todo el personal para que las prendas salieran bien”. También fue una etapa de formación técnica, donde analizaba creaciones de alto nivel para entender su construcción y replicar ese tipo de ejecución.

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En 2022, decidió volver a Quito con la idea de explorar el potencial de la artesanía local. Cerca de un año recorrió diferentes zonas del país —entre ellas Cuenca, Otavalo, Cotacachi y Montecristi— en busca de artesanos que pudieran conectar con sus ideas. “Fui a muchos lugares y di la misma tarea para ver quién podía hacerlo mejor. Encontrar a las personas adecuadas me tomó casi un año”. 

Aralia
Fotografía: Daniel Queirolo.

El proyecto inicial no estaba enfocado en ropa, sino en accesorios. La casa comenzó con carteras y piezas elaboradas con paja toquilla y crochet. “Quería realizar accesorios porque hacer ropa implica manejar muchas tallas y más inversión”. Sin embargo, el rumbo cambió durante su participación en el Miami Swim Show, una feria especializada en moda resort. Chiriboga incluyó una cápsula con 10 looks. El resultado no lo imaginó. “Llevé blusas, pantalones, shorts y vestidos de lino. Pensé que lo principal iban a ser las carteras, pero la ropa fue el éxito. Los compradores la piden hasta ahora”. 

A partir de ese momento, Aralia se concentró principalmente en prendas. Hoy, la joven diseñadora estrena colecciones cada tres o cuatro meses, con 15 o 20 artículos cada una, que luego se multiplican a través de diferentes estampados y variaciones. 

“Voy sacando propuestas poco a poco y viendo cómo funcionan en la tienda. Eso también me ayuda cuando vendo afuera”. 

Uno de los elementos centrales son los estampados

Chiriboga los pinta a mano antes de convertirlos en textiles. Su inspiración proviene de la biodiversidad ecuatoriana y por esa razón su marca tiene el nombre de una planta tropical. “Me encanta trabajar con flores, sombras de hojas o elementos de la flora y la fauna del país”. 

El material predominante es el lino. Esta fibra natural se caracteriza por ser ligera y fresca, lo que permite que la piel respire incluso en climas cálidos. Al usarlo, explica, transmite una sensación de comodidad y ligereza, con una textura suave que mejora con el tiempo. Además, su caída y su apariencia ligeramente texturizada le dan a las prendas un aire elegante y natural, asociado a una estética relajada, pero sofisticada. 

Aralia
Fotografía: Daniel Queirolo.

La elección responde a un interés por procedimientos más sostenibles. Durante su formación universitaria investigó lo que denomina “moda regenerativa”, un enfoque que analiza cómo los materiales pueden descomponerse de forma natural. “El lino dura muchos años y cuando se descompone tiene un impacto positivo en la tierra”. 

Aralia se confecciona en talleres locales, que participan en diferentes etapas del proceso, como el corte y la confección. Muchos de estos espacios tienen vínculos con la fábrica de su familia. “Hay personas que estuvieron con mi papá durante años y ahora tienen sus propios talleres. Yo sigo laborando con ellos”.

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Actualmente, esta artista cuenta con un local físico en La Tejedora, en Cumbayá. El mismo que funciona como punto de venta y como un laboratorio de mercado. “Tener una tienda me permite ver qué prendas funcionan mejor y cómo las combina la gente”. Además del mercado local, Aralia mantiene presencia internacional. Desde sus primeras ventas en el exterior, la marca llega a boutiques y plataformas en Miami, Nueva York, Boston, Costa Rica, Panamá y Londres. Aunque la diseñadora reconoce que participar en ferias internacionales implica una inversión alta, su objetivo es volver a ese circuito para ampliar la red de compradores. Lo que busca es seguir con su esencia y decirle al mundo de qué está hecho Ecuador. (I)