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A Liz Thompson le tomó solo 24 horas terminar el audiolibro de Strangers, las exitosas memorias de divorcio de Belle Burden. Y a Strangers le tomó incluso menos tiempo hacer que se volviera paranoica con respecto a su matrimonio. A Thompson la dejó inquieta la descripción que Burden hace de una vida idílica: un matrimonio de 19 años, tres hijos bien adaptados, una tradición de veranos casi de cuento en Martha’s Vineyard. Todo se destruye de pronto cuando el ex de Burden la abandona a ella y a sus hijos sin explicación ni advertencia.

“Me hizo pensar mucho más a fondo: ‘¿Estoy pasando por alto señales de alerta? ¿Hay algo ahí afuera a lo que no le estoy prestando atención?’”. Una noche estaba viendo televisión con su esposo en la casa que comparten en San Antonio, Texas, cuando lo vio escribiendo mensajes y se inclinó para mirar la conversación. Él, se rió con un poco de su curiosidad y le recordó que ella tenía la contraseña de su celular, no estaba ocultando nada. Ella cedió, pero su mente siguió dando vueltas. ¿Las señales estaban frente a ella y simplemente no podía verlas?

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Después de un par de días, Thompson confesó lo que tenía en la cabeza. Su esposo fue comprensivo. “Parece que el ex de Burden está teniendo una crisis de mediana edad en esteroides. Lo bueno es que yo ya pasé por eso. Tú fuiste mi crisis de mediana edad”, bromeó. Cuando se casaron, él tenía alrededor de 45 años y ella 35. Thompson es solo una de muchas, muchas mujeres que terminaron Strangers sintiéndose un poco sacudidas o un poco molestas. O realmente furiosas, como fue el caso de Maegen, de 40 años. “Nunca he odiado tanto a otra persona como cuando estaba leyendo ese libro”, dice sobre el esposo de Burden.

Las memorias también la hicieron volver a pensar en una etapa difícil de su relación con su propio esposo, cuando él luchaba contra un trastorno por consumo de sustancias. Sin embargo, decidió no mencionar el libro con él, ya que ahora están mucho mejor. “Me esfuerzo mucho por dejar el pasado en el pasado. Ahora, no me malinterpreten: denme un poco de vino y quizás diga: ‘Oye, ¿recuerdas aquella vez…?’”.

Strangers debutó en el primer lugar de la lista de best sellers de The New York Times cuando llegó por primera vez a las librerías en enero. Desde entonces, se ha mantenido cerca de los primeros puestos, mientras Burden se ha convertido en una figura muy solicitada por los medios, con entrevistas en Oprah, Good Morning America y Today. Una adaptación para Netflix ya está en desarrollo, con Gwyneth Paltrow prevista como protagonista.

El anuncio de la película provocó una nueva ronda de conversación en internet. Aunque Burden decidió no involucrarse con la vida de socialité, es nieta de Babe Paley, quien en su momento fue considerada la reina de la escena neoyorquina, además de pertenecer a otros círculos de familias tradicionales y adineradas. En una frase casi al pasar, Burden cuenta a los lectores que su vestido de novia fue un Calvin Klein hecho a medida porque su madre tenía una relación cercana con el diseñador.

A estas alturas, las conversaciones sobre el ya infame sándwich de pavo de Burden —que su ex tuvo el descaro de pedir después de informarles a sus hijos sobre la separación— podrían sostener un debate propio. “Ya puedo ver a Gwyneth preparando dramáticamente el sándwich”, escribió alguien. “Yo lo prepararía y luego se lo lanzaría a la cabeza”, comentó otra persona.

Pero las conversaciones más interesantes sobre estas memorias están ocurriendo a puertas cerradas, provocadas por el potente relato de Burden sobre traición, sexismo y los peligros de manejar finanzas compartidas. En el libro, Burden cuenta cómo su esposo la convenció de modificar el acuerdo prenupcial a su favor justo antes de la boda, entre otras faltas. TW, una joven de 28 años de Sídney, Australia, estaba en plena planificación de su boda cuando vio que una amiga recomendaba Strangers en Instagram. Le preguntó: “¿Debería leer esto o no leerlo, considerando que me caso en un mes?”. Su amiga le respondió que definitivamente no lo leyera. “Y yo pensé: voy a tomar eso como un desafío”.

TW lo leyó en un día. Lo que vino después fueron “24 a 48 horas de pánico absoluto”, principalmente por el aspecto financiero de la historia de Burden. “Pensé: ‘Dios mío. ¿Necesito un acuerdo prenupcial?’. Obviamente, estoy muy enamorada, soy muy feliz y no imagino en absoluto una separación de mi pareja. Pero en esos momentos una piensa: ‘Bueno, ella tampoco lo imaginaba’”.  TW contactó a una amiga abogada, quien le envió una nota de voz tranquilizadora durante su pausa de almuerzo. “Es genial tenerla, porque si vuelvo a entrar en pánico, simplemente puedo escucharla otra vez”.

La abogada le explicó que los acuerdos prenupciales no existen en Australia como tal. Hay acuerdos similares, pero pueden firmarse en cualquier momento, antes o durante el matrimonio. Así que esa noche, mientras TW y su prometido esperaban en un bar para empezar su segunda clase de baile de boda, ella le habló de Strangers y del acuerdo financiero que podrían considerar en el futuro si sentían que era necesario. “No lo hice nada bien. Siento que, más que nada, terminé estresándolo”, dice. Afortunadamente, aunque a él le dolió un poco que ella considerara la posibilidad de una separación, fue comprensivo con sus ansiedades financieras. Con su deseo de leer Strangers, no tanto. “Él me dijo: ‘¿Por qué te estresaste así?’. Y yo le respondí: ‘No puedo evitarlo. Es como arrancarse una costra’”.

Para algunas lectoras, las crueldades financieras solo agravaron el principal daño cometido por el ex de Burden: su negativa a darle algún tipo de cierre. Desde la perspectiva de Burden, él pasa de ser un esposo y padre cariñoso y entregado a convertirse, de la noche a la mañana, en un extraño. Y ni durante la separación ni en los años posteriores le explica qué cambió. Es doloroso acompañar a Burden mientras se pregunta si hizo algo para alejarlo, si se engañó a sí misma o si él nunca la amó realmente.

Sunny Elizabeth Deakle no pudo dejar de pensar en este aspecto de la historia de Burden. Deakle, de 46 años, vive en Nueva Orleans con su pareja y su familia ensamblada. Preparó un esquema del libro para que su esposo lo revisara, completo con puntos clave de la trama y principales conclusiones. La historia de Burden no la sorprendió; en cierto modo, le recordó lo que ocurrió con sus propios padres. Recuerda vívidamente haber contestado el teléfono fijo cuando el esposo de la amante de su padre llamó para informarle a su madre sobre la infidelidad. Aun así, el libro le sirvió como una advertencia.

Deakle espera que su esquema ayude a su esposo a entender por qué es importante hablar de cualquier problema con honestidad y apertura, para que ella nunca sea tomada por sorpresa. “No quiero llegar nunca a ese punto en el que no puedes dejar de pensar: ‘¿Qué hice? ¿Qué pude haber hecho?’”. 

A primera vista, sorprende que las memorias de Burden, quien proviene de uno de los sectores más exclusivos de la sociedad estadounidense, conecten con TW, una mujer australiana que, según ella misma cuenta, no tiene “activos significativos”. Pero, en parte, eso es lo que hace que la historia de Burden sea tan impactante e interesante para mujeres de distintos contextos. Ella tenía todas las ventajas: dos fideicomisos, un título en Derecho y una madre que la hizo firmar un contrato prometiendo que tendría un acuerdo prenupcial. Y aun así, estuvo a punto de perder la mitad de su patrimonio, mientras su esposo se marchaba con una fortuna.

“Estoy desconcertada. ¿Me estás diciendo que ese tipo de mujer pudo perder su fortuna por culpa de un hombre?”, dice Dominique, de 31 años. “¿Qué dice eso del resto de nosotras? Yo, por ejemplo, soy una mujer negra en un matrimonio interracial”. Ella y su esposo hicieron un pacto antes de casarse: acordaron que, si algo llegaba a pasar, dividirían todo en partes iguales. Cuando se le pregunta por qué no sintió la necesidad de dejarlo por escrito, se ríe. “Mi respuesta inmediata es: confío en mi esposo. Pero eso fue exactamente lo que hizo esta mujer, ¿no?”.

El esposo de Dominique sabía que ella estaba leyendo Strangers por dos razones: primero, porque lo escuchaba en Audible —“Ah, otra vez esa señora”, decía él cuando aparecía la voz de Burden— y, segundo, porque ella hablaba del libro. A él no le molestaba. En todo caso, le causaba cierta gracia. “Él decía: ‘No deja de hablar de ese libro’”, bromea Dominique.

En parte, eso se debe a que está embarazada de su primer hijo y está experimentando por primera vez las expectativas distintas que la sociedad tiene para las madres y los padres, uno de los grandes hilos conductores de las memorias de Burden. Dominique está furiosa porque las guarderías hacen seguimiento con ella; en su edificio hay un chat grupal de mamás, pero no uno de papás. “Incluso ha habido momentos en los que le digo: ‘Necesito tu ayuda’. Y él me responde: ‘Bueno, no sé qué es lo que tengo que hacer’. Entonces he tenido que encontrar formas de delegar y, honestamente, de gestionarlo mejor, para que pueda ser una mejor pareja para mí”. 

@thedrewbarrymoreshow “Strangers” author Belle Burden on her decision to tell the truth about her husband’s affair and the reality of their divorce. #belleburden #drewbarrymore #booktok #divorce #marriage ♬ original sound - thedrewbarrymoreshow

A medida que las mujeres siguen recomendándose Strangers unas a otras, cada vez más parejas podrían encontrarse teniendo conversaciones importantes, aunque difíciles. “Se siente como algo sobre lo que todas las mujeres están intentando correr la voz”, dice Gabrielle, una mujer de 31 años que vive en Brooklyn. Ha hablado de Strangers con todo tipo de personas: desde “mujeres random en la calle” hasta su jefa, sus amigas y su club de lectura. En este último, apareció una copresentadora de The Prenup Podcast y se ofrecían gorras con la palabra prenup estampada, lo que llevó a las asistentes a revelar sus propias situaciones financieras.

“Algunas sí tuvieron conversaciones con sus esposos sobre sus finanzas y descubrieron cosas que les sorprendieron, o se dieron cuenta de que estaban cayendo inconscientemente en roles más domésticos”. Aunque Gabrielle no está casada, sí habló del libro con su novio de largo plazo, quien ya estuvo casado antes, sin acuerdo prenupcial. Ambos acordaron que, si llegaran a casarse, firmarían uno. Y aun así, Dominique sospecha que esto podría ser apenas el comienzo del ajuste de cuentas provocado por Strangers. Hasta ahora, el libro ha prendido con fuerza solo en la mitad de la población, pero la próxima adaptación cinematográfica tiene el potencial de cambiar eso. “Las mujeres la verán con sus esposos. Y entonces los hombres entrarán en la conversación”.

*Se usaron nombres e iniciales para preservar el anonimato.

Esta nota se publicó originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.